MEMORIAS DEL X ENCUENTRO LÉSBICO FEMINISTA DE ABYA YALA, BOGOTÁ, COLOMBIA 2014.

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logoencuentrofeministaQueridas y estimadas compañeras lesbianas feministas de Abya Yala.

Con alegría y mucha emoción les enviamos la memoria del X Encuentro Lésbico- Feminista de Abya Yala, realizado en Colombia en el año 2014, que recoge lo que fue el proceso del Encuentro, pero también antecedentes del mismo. Hemos tratado de hacer una linda e interactiva memoria, donde encontrarán textos, vídeos, audios, etc.

Les invitamos a verla y leerla, siguiendo los links. Creemos que es muy importante para la memoria y los procesos históricos del movimiento lesbo-feminista y de las luchas de la región y es un insumo importante para la continuidad de los próximos encuentros.

Invitamos a difundirla no solo en el movimiento lesbo-feminista, sino tambien en los movimientos sociales y actores en procesos de resistencia en general, ya que este es un documento que acerca las luchas de las lesbianas feministas a las diferentes luchas contra todo tipo de opresión que se llevan a cabo en el continente, actualizando nuestro compromiso con estos procesos en contra del avance del capitalismo, el militarismo, el racismo, la colonialidad y las formas actuales del (hetero)patriarcado.

 

A difundir!!!!

Equipa X Encuentro Lésbico-Feminista de Abya Yala

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Racismo en Casa Ensamble

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No podemos callar ante esta publicidad de Casa Ensamble que insiste en mantener estereotipos racistas en nombre del feminismo. De nuevo infantilizando a las mujeres negras, reproduciendo una supremacía blanca-mestiza y todo esto ¿para acabar las violencias contra las mujeres?

El feminismo será antirracista o no será.

Aquí dejamos el video original para que saquen sus propias conclusiones.

¿Si una mujer avanza, avanzamos todas?

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©BULENT KILIC/AFP/Getty Images

Cada día circulan más memes con mensajes de autoayuda, algunos de ellos publicados por mis contactos en Facebook o en Twitter y me siento inquieta. Me quedan en la cabeza sobre todo los que anuncian la sororidad feminista, el amor universal entre mujeres o el apoyo como parte de la resistencia antipatriarcal. Uno de los últimos que leí tenía la frase “Si una mujer avanza… ¡avanzamos todas!”, y algo más sobre la sororidad. Me quedé pensando en qué tan cierto es eso y lo primero que vino a mi cabeza fue el texto “Testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia”, que en uno de sus apartados dice:

“Señora, hace una semana que yo la conozco a usted. Cada mañana usted llega con un traje diferente; y sin embargo, yo no. Cada día llega usted pintada y peinada como quien tiene tiempo de pasar en una peluquería bien elegante y puede gastar buena plata en eso; y, sin embargo, yo no. Yo veo que usted tiene cada tarde un chofer en un carro esperándola a la puerta de este local para recogerla a su casa; y, sin embargo, yo no. Y para presentarse aquí como se presenta, estoy segura de que usted vive en una vivienda bien elegante, en un barrio también elegante, ¿no? Y, sin embargo, nosotras las mujeres de los mineros, tenemos solamente una pequeña vivienda prestada y cuando se muere nuestro esposo o se enferma o lo retiran de la empresa, tenemos noventa días para abandonar la vivienda y estamos en la calle. Ahora, señora, dígame: ¿tiene usted algo semejante a mi situación? ¿Tengo yo algo semejante a su situación de usted? Entonces, ¿de qué igualdad vamos a hablar entre nosotras? ¿Si usted y yo no nos parecemos, si usted y yo somos tan diferentes? Nosotras no podemos, en este momento, ser iguales, aun como mujeres, ¿no le parece?”

Leí luego noticias escritas por entusiastas periodistas que anuncian que en 2016 tres de las potencias mundiales estarán gobernadas por mujeres, lo que demostraría el avance y los logros del feminismo en el mundo. Hilary Clinton (EE.UU), Angela Merkel (Alemania) y Theresa May (Reino Unido), sin dejar de mencionar a Christine Lagarde (Directora del Fondo Monetario Internacional – FMI). Y me pregunto entonces, ¿Si una mujer avanza… avanzamos todas? ¿Quiénes son todas? ¿Las pobres de sus países, trabajadoras racializadas y explotadas? ¿Las mujeres que hacen parte de las miles de personas desplazadas hacia Europa huyendo de las guerras que EEUU, Alemania y el Reino Unido han promovido y alimentado en Afganistán, Irak, Siria, Yemen, Ghana, Nigeria y Senegal? sólo por nombrar algunos países.

La nueva primera ministra británica, Theresa May, ha asegurado que una elevada inmigración daña a la sociedad británica, y además, ha expresado que la inmigración masiva no tiene “beneficios económicos” por lo tanto es partidaria del cierre de fronteras a refugiadas/os. Clinton, eventual ganadora (y mal menor, en todo caso) ganó 3,15 millones de dólares en el 2013 ofreciendo discursos para empresas como Morgan Stanley, Goldman Sachs, Deutsche Bank y UBS, además, los medios hablan de su estrecho vínculo con los grandes bancos de Wall Street. Por otra parte, Ángela Merkel, conservadora también y Canciller de su país, luego de una inicial apertura cedió ante las presiones más conservadoras de su propio partido y de otros, para aprobar un acuerdo que endurece las condiciones para obtener el derecho al asilo. Berlín acelera cada vez más las expulsiones de inmigrantes sin estatus de refugiado y dificulta la reagrupación familiar de los refugiados.

Me pregunto de nuevo: ¿Si una mujer avanza… avanzamos todas? Y entonces me respondo con las voces de tantas mujeres racializadas, campesinas, migrantes, pobres y trabajadoras: para que el feminismo favorezca, como predica, a “todas las mujeres” debería ser antirracista y anticapitalista porque de otro modo sólo sirve a una pequeña élite de mujeres cuyos privilegios se sustentan en la explotación, en la marginación y en la exclusión de las mayorías sociales. El feminismo liberal, ese que triunfa en las oficinas del Estado y en los organismos internacionales, está cómodo en el capitalismo, pero ahí no cabemos todas, y no queremos caber.

Para el feminismo es urgente abandonar las políticas acríticas e integracionistas porque de otro modo hará parte de tantas propuestas ahogadas por la cooptación y el discurso de que no hay alternativas ni otros caminos posibles.

Bombón.

Muchas historias…las mismas caras blancas

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Foto de Sentiido.

Hace unos meses hubo un escándalo a propósito de una película sobre Stonewall, el motivo era que la cinta hacía un blanqueamiento de la historia, convertía una lucha en la que fueron protagonistas importantes gays, lesbianas y trans negras y latinas, en una muestra del poder emancipatorio de la gente gay blanca. Mientras tanto, un guión similar se escribe por aquí,  como lo muestran cuatro noticias de primera página que circularon durante el mes de junio: una entrevista a Gina Parody y a su pareja, Cecilia Álvarez; un artículo sobre el poder gay en Colombia y otra entrevista a Cecilia Álvarez. También hubo una nota similar en las Dos Orillas con las mismas protagonistas. Pero cual fue el motivo de tanto free press pro LGBT? parece que fueron los mensajes homofóbicos que recibieron en sus cuentas de twitter Claudia López y Gina Parody.

Esta amenaza se convirtió en el epitome de la homofobia en Colombia, de hecho en la entrevista de María Isabel Rueda parece que fuera tan grave como la masacre en la discoteca Pulse en Orlando. Más grave que todas las muertes de mujeres trans que van en este año o que todas las muertes de activistas LGBT. Supongo que esas vidas no son tan importantes, al final son parte de la larga lista de cuerpos racializados y pobres que se eliminan todos los días en este país. La pérdida de estas vidas no merece una entrevista en primera plana en un periódico, si acaso un editorial anodino como el del Espectador o alguna nota morbosa en la sección de judiciales.

Lo que queda claro es que la lucha LGBT es cosa de gente blanca y de élite, son los únicos que puede ser considerados protagonistas así su único mérito sea dar una entrevista con un “bonito” vestido desde la cómoda sala de su casa con seguridad privada, de hecho se pueden autonominar como activistas por dar una entrevista, lo que al parecer es más  heroico que lo que hacen muchos activistas en Bogotá y en Colombia, que todos los días luchan por transformar los prejuicios y por sobrevivir en una sociedad homofóbica.

Pero bueno así son los periódicos, medios que construyen arbitrariamente la realidad de este país de acuerdo a sus intereses. Tal vez, entonces, lo realmente triste es ver tanto activista compartiendo estas noticias por el Facebook y por Twitter, como síntoma de los nuevos tiempos de paz sin homofobia. Tal vez lo triste es que seguimos aceptando que los héroes o las heroínas son blancas y de élite, así como ha sido tradicionalmente la política de representación en Colombia, creo que es buen momento para darse cuenta que el problema no es solo de jerarquías de género y de heteronormatividad, y que el racismo y el clasismo que permea el movimiento de la diversidad sexual no es un problema menor, para un movimiento que pide igualdad de trato, igualdad de oportunidades…inclusión.

Mientras la caras blancas siguen apareciendo en la televisión y en los periódicos, el 3 de julio miles de caras no blancas salieron a marchar, a caminar por las rotas calles de la ciudad, expuestos de verdad al ataque de cualquier homofóbico/a, exigiendo que pare la violencia…la cual no les llegó vía twitter…

Lisa

 

La breve y triste historia de un grupo que pensó que era un movimiento social

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foto

Foto del muro de Juan Pablo Sutherland

Cada tanto aparece en las páginas de los periódicos nacionales alguna noticia sobre el reconocimiento de derechos para la población o sector LGBTI, que invariablemente va acompañada  por la foto de lxs mismxs dos o tres activistas de siempre de la correspondiente ONG.  Digamos que el formato noticia-foto no tiene nada de particular, sin embargo siempre tuve la sensación de que algo faltaba. Qué es lo que falta fue lo que me pregunté obsesivamente hace unos días cuando volví a poner atención a la foto que acompañaba la última noticia sobre un nuevo triunfo de la comunidad LGBTI, el registro de dos mujeres lesbianas como madres de una niña. Y entonces comprendí: lo que le faltaba a la imagen era gente, lo que extrañaba era el telón de fondo de un movimiento social acompañando la escena.

¿Dónde está?, ¿Dónde están los activistas no pagados ni por las Ongs, ni por la Alcaldía de Bogotá? ¿Cuál será la razón para esta ausencia?

Tal vez podría ser que a los activistas LGBTI les cuesta diferenciar entre el estado y la sociedad civil. “El movimiento LGBTI”  ha construido su agenda y realizado sus actividades con el apoyo y el dinero de las instituciones públicas: dinero para las marchas, refrigerios y transporte para las reuniones, y además camisetas, gorras, pasacalles, paraguas y todo el merchandising activista. Vale decir que los intentos de autonomía no existieron. Lo que si hubo y en demasía, fueron los contratistas/activistas, cuyo principal interés era lograr que el proyecto colectivo fuera en sintonía con su proyecto laboral, y eso fue un éxito. Hoy hay una burocracia LGBT que le vende al Estado no solo su fuerza de trabajo, sino también lo que queda de su alma política.

Pero el problema no es solo el Estado, sino también la presencia de las ONGs, y las ONGs no hacen, ni representan a un movimiento social sino que responden a los intereses políticos de los organismos de cooperación internacional que las financian o sencillamente a los intereses económicos de su junta directiva o de su dueño o dueña.

Ahora bien, ¿Qué ha conseguido este “movimiento”? pues los logros han sido muchos, hay políticas públicas, direcciones y subdirecciones, espacios de participación, centros comunitarios, leyes que reconocen a las parejas del mismo sexo y sus derechos, todo esto en tiempo record tratándose de movimientos sociales.

¿Y qué es lo que hay? ¿Cuál es el legado? Lo que hay son jóvenes activistas que piden más políticas públicas, para trans, lesbianas, gays, bisexuales, intersex, pansexuales, queers y hasta asexuales (¡cuánto deseo por dejar que el estado controle nuestras vidas!). Marchas de la ciudadanía LGBT cada vez más aburridas por la falta de imaginación, por la corrección política y por la superficialidad del mensaje político; espacios de participación a los que no concurren las y los representantes LGBTI, y lo peor tanta gente normalizada, ex monstruos convertidos en ciudadanxs ejemplares que refuerzan el orden social y la moral heterosexual.

Tal vez todo fue muy rápido, si lo comparamos con las respuestas que ha dado el estado a las reclamaciones que en materia de tierras hacen los pueblos indígenas y afro. Porque lo que sé encontró el “movimiento LGBTI” fue un estado más dispuesto que de costumbre a reconocer derechos; ongs con poder económico para poder hacer litigio de alto impacto y un grupito de activistas ejemplares. Pero a pesar de todo esto y de los logros legales que ocupan titulares de periódicos o noticieros de tv, lo cierto es que no hay masa rebelde, gente dispuesta, gente que se sienta interpelada…tal vez porque lo que se consiguió solo le sirve a un grupito, el resto sigue en la lucha por la sobrevivencia.

Al final, la agenda “del movimiento LGBTI” solo ha respondido a unos intereses de clase, raza y género que no logra convocar a aquellos que no solo soñaban con casarse sino con sobrevivir dignamente, es decir tener derecho a un trabajo decente, derecho a la salud o derecho a la educación. Me pregunto si algún movimiento en Colombia se puede dar el lujo de defender una agenda que ignore los graves problemas sociales que afectan a la gente y sobrevivir para contarlo.

Lisa

 

 

25 de Noviembre, entre el pintalabios y los feminicidios…

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criticar pensarComo feminista debo admitir que uno de los temas que más se me dificulta trabajar es el de la violencia contra las mujeres, y no es porque lo considere excesivamente complejo, sino porque es tal vez el tema más banalizado, el preferido por cierto sentido común feminista, ese que rebosa de frases que puede repetir desde la candidata de un partido político de derecha, sin siquiera sonrojarse, hasta algunas actrices con buenas intenciones, devenidas en feministas registradas por las marcas Avon/OnuMujeres/Acnur, qué con pintalabios o frases cursis (Ej. Alejandra Borrero) y maquillaje corporal (estilo golpiza) piensan sensibilizar al mundo patriarcal (Ej. Angelina Jolie y Emma Watson). De hecho si una hace el ejercicio de preguntarle a cualquier político o personaje famoso por cualquier tema relacionado con las mujeres es muy probable que la respuesta siempre termine en alguna frase relacionada con la violencia contra las mujeres.

Los actos conmemorativos del 25 de Noviembre son un buen ejemplo de dicha banalización, para la muestra me remito al que se ha vuelto el tema central de esta fecha desde hace algunos años: el feminicidio. No voy a cuestionar la importancia que tiene que el estado se pronuncie y establezca sanciones de tipo penal y social para los asesinos de mujeres (en adelante feminicidas) pero tampoco voy ocultar que una categoría o concepto producida por el feminismo a la medida del estado me genera sospecha, sobre todo porque esta imbuida de esa lógica estatal que simplifica y reconceptualiza los problemas sociales en aras de tener un mejor control sobre ellos.

Sé que la idea de feminicidio no surgió del estado, sino del feminismo institucional y por eso es reivindicada por muchas colectivas y redes feministas que lo consideran un gran logro del movimiento. Sin embargo no se puede negar que es una categoría problemática para aquellas cuya apuesta feminista va más allá del género y de la categoría mujer. Y es que reducir las causas del fenómeno de la violencia a una sola razón, ser mujer, suena como una terrible simplificación y descontextualización de la violencia que ocurre sobre los cuerpos de las mujeres, que además oculta que las principales víctimas son pobres y racializadas, como lo son las mujeres trabajadoras de la maquila de Juárez o las afrodescendientes e indígenas de una de las zonas donde se siente con mucha fuerza el conflicto armado en Colombia, como lo es Buenaventura. Mujeres que no son asesinadas solo por su género, sino por vivir en zonas de interés económico de las grandes multinacionales, en resguardos indígenas; por organizarse para defender sus vidas, sus territorios, o por luchar por condiciones laborales dignas.

El uso de la categoría feminicidio por parte de los movimientos sociales me parece complicado, es hablar con la traducción que hace el estado de los problemas sociales, es hacer resistencia con la interpretación del mundo que hacen las instituciones. Eso implica que el activismo feminista queda circunscripto a la delimitación del problema que propone el estado y dentro de esos límites se va a dar la lucha, y esa trampa es la misma que hoy desgasta a otros movimientos, incapaces de ver más allá.

…lo peor de todo es que eso significa reducir el tamaño de nuestros sueños, que de tan pequeños ya caben en los códigos penales…

Lisa S

No más publicidad para Soho

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imagenQuiero plantear algunas ideas acerca de por qué como activista política de izquierda y feminista me opongo a darle publicidad gratuita a medios, partidos o cualquier expresión organizativa de la derecha racista, sexista y clasista. En concreto quiero referirme a un escrito del señor José Antonio Gutiérrez que denuncia indignado el anuncio de un reportaje de la revista Soho en el que aparece una foto del tipo usual en esa revista, en el que reúne a una “ex guerrillera” y a una agente del Estado que supuestamente persiguió a la guerrilla. Primero decirle al señor que si quería profundidad o rigor en el tratamiento del tema debería haber consultado algunas de las innumerables obras de feministas pacifistas, académicas o investigadoras del tema, o al menos, algunos de los trabajos realizados por miles de ONG`s largamente financiadas por la cooperación para escribir sobre el aporte de las mujeres a la paz.

Dice el editorialista que la supuesta guerrillera de la fotografía “ha pasado más tiempo en el gimnasio haciendo zumba que en las “montañas de Colombia””… Me gustaría saber de dónde sacó el carnet de supervisor de los cuerpos apropiados para las guerrilleras. ¿Cómo se los imagina? ¿Cómo deben ser para parecer guerrilleras reales? me hizo recordar a una feminista en una reunión, hace tiempo ya, quejándose porque los hombres le decían que era muy bonita para ser feminista… Ella sonreía complacida… bonita y feminista, qué especie más escasa…

El escritor devela sus profundos prejuicios con la afirmación de que “La revista Soho muestra cuál es el rol que tienen las guerrilleras en la construcción de paz: empelotarse”. Mucho se ha escrito acerca de cómo estas mujeres son visibles como brujas, desviadas, trastornadas y para demostrar esto solamente hace falta recordar la manera en que presentaron a Karina (líder del Frente 47 de las FARC hasta el 2008) como la encarnación misma del mal, cuyos delitos llenaron durante semanas las páginas y la imaginación de numerosos y mediocres periodistas. Las guerrilleras no son cuerpo, son armas o instrumentos del mal, su agencia se tacha de maldad. Ni siquiera sus cuerpos muertos en el fragor del combate se muestran porque terminan en bolsas negras al lado de sus compañeros, arrojadas en cualquier fosa común. Señor Gutiérrez, las guerrilleras también son cuerpo, y tal vez lo de Soho lo enerva porque muestra cuerpo y piel… demasiado para una sociedad hipócrita y moralista que no quiere ver ningún gesto de humanización.

Sé que la industria de la cirugía plástica es un grave síntoma de cómo el capitalismo transforma los cuerpos en mercancía, que enriquece a una élite médica y corporativa, pero de verdad… ¿A quienes se les rechaza por practicarse cirugías plásticas, a las actrices o periodistas de los grandes medios o a las estudiantes de las universidades privadas? ¡No! a las jóvenes pobres de sectores populares que ahorran para ponerse tetas o culo… se saltan la división de clases de la estética. No todas ellas son o pueden llegar a ser “muñecas del narcotráfico, chicas pre-pago al servicio de diplomáticos gringos”, no puedo describir cuanto clasismo hay en esa frase… ¿Es el ejercicio de la prostitución sexismo por antonomasia? Ese es un debate abierto. Considero que la extendida idea de la estética narco en el cuerpo de las mujeres es profundamente clasista.

El columnista concluye que la foto pone a las mujeres (perdón el señor dice La Mujer) como “pasiva, como una fruta madura, lista para ser consumida por quien tenga la capacidad de pagar el precio”… Por supuesto o, ¿No sabe acaso de tipo de revista es esa? Afirma a continuación que “esto no sólo ocurre en Colombia: también en Turquía y Siria los medios promueven la imagen hipersexualizada de mujeres jóvenes kurdas con armas”. Publicar una foto de mujeres desnudas, prototipo del porno suave lésbico elaborado de acuerdo al gusto del público masculino, urbano/bogotano y elitista y/o arribista, que compra esa revista, no busca precisamente ofrecer elementos para analizar el desarrollo histórico del conflicto armado y sus actores, sino que simplemente obedece a la lógica de un producto para la venta. Prototipo también de aquello que molesta y moviliza a las feministas clase media, urbanas y blancas que creen que sus males aquejan a todas y que sus reclamos son los de todas.

Me aburre profundamente seguir analizando punto por punto el escrito pero quisiera terminar con dos ideas. Primera, mostrar cuerpos desnudos de mujeres no es sexismo en si mismo. Muchas corrientes y esfuerzos se resisten a hacer del feminismo un movimiento moralizante y culpabilizante del erotismo y el deseo, y buscan por ejemplo producir porno feminista…. El cuerpo, los cuerpos no deberían estar ocultos como señal de avance de la posición de las mujeres en una sociedad. Si alguien tiene problemas para ver cuerpos desnudos, la solución es no consumir ningún material de ese tipo. Segunda, si la fotografía aparece como material de divulgación de los acuerdos de paz de la Habana entonces si podría hablarse de “un show erótico trivial” como señala Gutiérrez, pero si la foto aparece en Soho mejor nos ponemos a hablar de la necesidad de combatir al capitalismo y al patriarcado que nos roba cada día y no solo cosas, sino la vida misma. Sonrió frente a la idea de un boicot, plantón o acción en CONTRA de Soho, y me niego a participar porque solo caeríamos en la estrategia de sus dueños, porque sólo es publicidad gratis, atención y visibilidad que les permite vender su revista. No gracias.

Bombón.

Artículo “La mujer, el conflicto y el mercado de la carne