Archivos Mensuales: abril 2012

Las Otras de Thelma y Louise/ثيلما ولويز الأخريات

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No había tenido esta experiencia antes en el pasado. El encuentro con otra que es mujer, que es de un país ubicado en un lugar lejano a Colombia y a la región en la que me encuentro en el presente. Tampoco me había topado de frente, más allá de los libros y las críticas de mujeres del Oriente Medio al feminismo occidental, con una musulmana. Una doble sensación me cruza: la de lo compartido en principio por ser mujeres – en lo que nos encontramos -, y la de lo que nos diferencia por el hecho de ser producto de sociedades distintas.  Rápidamente nos dimos cuenta que lo que nos acercaba no era tanto el ser mujeres sino las realidades de nuestros países de origen y la experiencia de la violencia. Desde lo similar en lo vivido – más que en lo nacido – construimos lazos de solidaridad, de apoyo mutuo, de soporte. Pero también rápidamente nos dimos cuenta que nos une ser la Otra en un lugar de supremacía blanca. Una supremacía que se expresa no sólo en el privilegio de nacer “blanco,” sino también en la historia de dominación política y económica que se ha ejercido a nivel global por este país. Pronto comenzamos a sentir que estando juntas éramos observadas como lo Otro, lo exótico, la diferencia hecha objeto. Si, debo decirlo, como latina no soy tan exotizada como ella, pero igual sigo siendo una Otra.  Esa otredad a veces nos hace objeto de halagos, pero de igual manera de discriminaciones explícitas y de otras sutiles – incluidas en algunos piropos -. En ese proceso somos muchas veces cosificadas, reforzándose una sensación de estar fuera de lugar, de no pertenecer a este “primer mundo.” Enfrentando esta situación hemos buscado maneras para hacernos un lugar en este espacio que muchas veces nos resulta ajeno. Así hemos encarnado sin problemas y públicamente la locura que nos salva, la alegría que nos fortalece, la rabia que no callamos contra las distintas estructuras de dominación que nos cruzan, y la tristeza que nos golpea. Nuestra historia está marcada por la violencia política, por muertes, por torturas, por desapariciones, por represión … por revoluciones. Al mismo tiempo está signada por el patriarcado, el cual se expresa en nuestras cotidianidades. A veces nos sentimos Thelma y Louise, si ese par de personajes “gringos” que se juntan desde sus complicidades femeninas, pero nosotras no solo somos eso, somos el encuentro de otras complicidades que van más allá de la experiencia patriarcal y que se cruzan con una larga historia colonial e imperialista.

Bellota

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Las promesas de la Fe Feminista

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A veces pienso que para muchas, el feminismo es una religión que promete un mundo mejor que queda en el más allá (un paraíso perdido), y que esa es la causa del aplazamiento de los compromisos y las transformaciones más cotidianas. Pasan los años y se escucha a algunas diciendo que este año si van a romper con esa relación “amorosa” que las hace sufrir, que se van a sublevar frente a su jefe o jefa que las violenta, que van a vivir el amor de una forma diferente, que van a comenzar a romper esquemas y bla, bla, bla. Pero la verdad es que escuchar eso, me recuerda a los sacerdotes católicos (es el mejor ejemplo que conozco) con su discurso salvador que no aplican a sus propias vidas.

Tan parecidas son las situaciones, que se me ocurre un símil que podría funcionar así: las misas serían igual a los talleres, la tallerista sería el sacerdote, que aconseja ir a muchas misas o sea a muchos talleres. La fórmula de salvación individual y de transformación de la realidad social, es rezar y repetir la declaración de la Cedaw y que la violencia contra las mujeres es un intolerable social (todos los días, pero especialmente el 8 de marzo y el 25 de noviembre).

Vistas así las cosas, el feminismo deja de ser un proyecto ético- político para vivir el presente y se convierte en religión que promete un mañana mejor. Hasta puedo imaginarme como practicante de la fe feminista; entregando revistas y vistiendo una bata violeta. Iría de casa en casa preguntando: “hermana, ¿conoces los derechos de las mujeres?; pues en esta revista aparecen, esto es lo que te mereces. La portada tiene un título en letras grandes  y violetas: “La Atalaya Feminista”; aparecen escenas en colores vivos con un gran sol sobre una elegante casa con jardín, dentro de la casa se distingue una cocina con ventanas gigantes desde la que se puede observar a unos niños jugando en el patio con un cachorro de león (o de oso polar), también hay un hombre en la cocina que sonríe al observar a los niños mientras lava los platos y atentamente vigila la comida que hay en el horno. Ella, la feminista feliz, los puede ver a todos desde la sala, en donde está sentada frente a una mesa sobre la cual descansa un computador, los ve por encima de unos lindos anteojos, y claro también sonríe. Sobre la ilustración una frase: “Hazte feminista, divulga la palabra y serás feliz”.

Cuando critico la parsimonia para hacer cambios, muchas amigas y compañeras feministas me dicen que es difícil cambiar sus vidas, que es un proceso lento, que hay que respetar los ritmos, que hay que tener paciencia y que no se puede violentar a las mujeres. Supongo que la manera en que viven las mujeres hoy, ahora, les debe parecer poco violenta, tanto que se mira con comprensión el aplazamiento de las transformaciones, de la toma de decisiones, del dar el primer paso. No deberíamos olvidar que es este el mundo que queremos cambiar, es en esta vida en la que deberíamos estar mejor.

LISA