Archivos Mensuales: julio 2014

Resaca Postmundialista

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Me encanta el fútbol, soy afifutbol-mujerescionada desde que tengo memoria y veía los partidos del mundial con mi hermana y con mi prima. Me atrae todo lo que rodea la fiesta futbolera y en general la competencia deportiva. Pero ahora desde una postura feminista no puedo dejar pasar tanta expresión sexista que usa el mundial de fútbol como el mejor caldo de cultivo para mantener este (des)orden de género en el que vivimos. Para la muestra, muchos botones…

Una chica que no me conoce, y no conoce a mi pareja, me preguntó si en verdad me gustaba el fútbol o si sólo lo hacía para acompañarlo a él en su afición ¿Qué decir? ¿Tengo que responder? ¿Tengo que justificarme diciendo que claro, que también jugué en mi propio equipo de fútbol de mujeres en la Universidad y hasta fuimos campeonas un año? O sea si, aunque no parezca evidente, viene de mi propia historia ¡Qué pereza la pregunta y la suposición!

Fue penoso también tener que aguantarse la publicidad que intentaba vender a Brasil como el paraíso, no precisamente sus talentosos futbolistas, sino para satisfacer el deseo masculino heterocentrado ofreciendo el cuerpo de las mujeres latinas como objetos de consumo que en “tangas brasileras” y tacones 10,5 eran capaces de patear un balón de fútbol. Otra publicidad sexista que encontré fue cuando buscaba un buen sitio con una buena pantalla para ir a ver los partidos. Por Facebook recomendaban un “bar deportivo” con una imagen que bien podría usar cualquier prostíbulo: mujeres en camisetas ombligueras de diferentes equipos con senos inflados en primer plano. Les escribí en su muro preguntándoles a los dueños del bar qué producto estaban vendiendo: ¿mujeres o cerveza?… Su respuesta fue: “Es un asunto de mercado. ¡Usted si se amarga por unas cosas…!”. Tengo que justificar nuevamente por qué me indigna… por supuesto, nada obvio para su respetable clientela.

Me gocé mucho este torneo, más que otras veces, pero no deja de generar malestar ver más de esa cara fastidiosa que no me gusta. Esa cara que obliga todo el tiempo a encontrar una razón de peso cuando parece que nos salimos de lo “normal y de la norma”. Que los hombres de verdad no lloran y si lo hacen delante de las cámaras debe ser porque se le murió alguien como suponían del jugador africano Serey Die. Se convierte en un acto de honor y valentía que explican los periodistas con cara acontecida y que merece un reconocimiento especial por su carácter “excepcional” (hasta un minuto de silencio pensé que iban a proponer en homenaje al llanto de James). Ya sabemos que los hombres deben ocultar sus lágrimas como resultado de una socialización machista pero podemos avanzar un poco y superarlo ¿no?

Y qué decir del racismo y eurocentrismo que no da tregua ni en el mundo del deporte tal como mostraron las amenazas de muerte a Camilo Zúñiga luego de la lesión a Neymar y los comentarios de odio de los propios latinos contra otros latinos con la excusa de apoyar a los germanos para la final. Es el mismo racismo que sigue seleccionando a nuestros íconos-deportistas como imágenes publicitarias en su mayoría hombres y de pieles claritas (Falcao, James, Juan Pablo Montoya) y en el mejor de los casos una Mariana Pajón, por encima de una Catherine Ibargüen o un Nairo Quintana como modelos a seguir.

Finalmente, pensar que a una mujer le gusta el fútbol solo porque quiere ver traseros, torsos marcados y piernas gruesas, es otro de los clichés que nos encierra en la superficialidad de la estética. Ya basta de secciones dirigidas “a ellas” para presentarles el top de los jugadores más sexys o de consejos para salvar su matrimonio heterosexual durante la Copa Mundo. La participación de las mujeres en el deporte ya sea como aficionada o como participante, no puede seguir siendo limitada por barreras sexistas que nos definan qué admirar, qué reconocer, con quien identificarnos.

Por fortuna lo único que ha ayudado a sobrellevar esta resaca postmundialista es que lo de Yepes si fue gol!

Burbuja

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