Archivos Mensuales: julio 2013

Autodefensa feminista: ninguna agresión sin respuesta

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Hace pocos días salí con tres amigas. Era una fiesta en una plaza pública: Música, baile, cerveza barata y amigas, pocas cosas me parecen más placenteras, pero no sólo a mí. La plaza estaba llena de gente que animada, apretaba sus cuerpos unos contra otros sin importar el calor, ya que el buen ambiente y la música creaban una complicidad que permitía obviar las incomodidades. En un momento, fijé mi atención en un hombre muy joven que en su camino se detenía frente a las mujeres y tomaba las puntas de sus camisetas o blusas y se las quitaba. En principio no tuve ninguna reacción y ni siquiera lo comenté porque de hecho a esas horas algunos chicos y algunas chicas andaban con los torsos desnudos debido al calor. En un momento pensé que estaba justo en su camino, pero no tuve los reflejos para intuir que lo intentaría conmigo. Cuando lo tuve justo en frente, me di cuenta que yo apenas llegaba a la altura de su pecho y lo siguiente que sentí fueron sus manos sujetando las puntas de mi camiseta, así que lo miré a los ojos y le dije que no. Se quedó un poco confuso al principio pero se repuso de inmediato y me dijo: “¿pero por qué? Si estás buena”. Mi cabeza se llenó de posibles insultos, de rabia, de ganas de reaccionar de alguna manera, pero me quedé allí frente a él, congelada y sin siquiera poder moverme, fueron mis amigas quienes se interpusieron y le dijeron que me dejara en paz. Me sentí muy decepcionada de mi misma, por mi falta de reflejos, por mi incapacidad de reacción, por sentirme tan vulnerable como para no poder responder de alguna manera a la agresión. Me quedé pensando en tantas veces que he defendido el discurso de resistencia y acción feminista y resultó que cuando me pasó a mí, simplemente me quedé justo como el régimen patriarcal me quiere: víctima, vulnerable, débil.

Pero como siempre mis respuestas las encuentro en el feminismo. Ni siquiera había pasado una semana y  por casualidad me contactó una compañera que hacía parte de la preparación de unas jornadas feministas para construir respuestas individuales y colectivas a las agresiones machistas. Y de nuevo mis respuestas vinieron del colectivo, del construir juntas, del compartir entre todas lo que nos pasa e intentar desactivar esos dispositivos que nos cercenan la capacidad de defendernos de las agresiones, que instalan el miedo y nos adiestran para ser siempre víctimas y vulnerables. En ese grupo de feministas me sentí fuerte y no sólo porque me hicieron recuperar la conciencia sobre la capacidad que tengo para defenderme, sino porque en ese escenario, resurgió una idea que no deberíamos olvidar: el feminismo no puede ser sólo una teoría, no puede quedarse en los libros, ni encerrado en la academia sino que es una herramienta, un arma, un instrumento que debemos instalar en nuestros cuerpos, de modo que nos devuelva el poder para salir a la calle o quedarnos en casa, seguras de que cada una puede defenderse ya sea enfrentando la amenaza o usando la habilidad para evadir y escapar a una agresión machista.

Creo que la respuesta adecuada a la situación que viví era haberle dicho que no me quería quitar la camiseta porque soy yo quien decide cuándo, dónde y con quien me quito la ropa y que el hecho de poner sus manos sobre mi cuerpo era una agresión que de no parar recibiría una respuesta. Mi tímido NO tenía que haber sido un grito, fuerte y seguro. Tenía que haberle gritado que su supuesto piropo no era más que una nueva agresión. No se cómo reaccionaré ante una situación así en el futuro, pero pienso que hay agresiones que merecen una reacción violenta proporcional a la amenaza que se enfrenta, si es que estamos entrenadas y sabemos qué hacer, pero también aprendí que mejorar nuestra capacidad de respuesta, confiar en nuestra fuerza y estar alertas para huir del peligro nos pueden proteger. La autodefensa feminista no es más que la decisión de dejar de ser las víctimas que el régimen patriarcal quiere que seamos.

Bombón

Imágen tomada de: http://setasfeministas.wordpress.com/2011/11/27/curso-de-autodefensa-femenina/

La lengua de Michael Douglas: una teoría de la conspiración

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Nunca me gustó Michael Douglas, tal vez porque la primera vez que lo vi en el cine, estaba haciendo el papel de un policía con pretensiones rudo-sexy, que intentaba seducir a Sharon Stone mientras la alejaba del sexo duro y  de las lesbianas  hasta convencerla de que el picahielos no era una buena manera de acabar con la monogamia (Bajos instintos, 1993). Después volvió loca de deseo a Glenn Close, tanto que ésta echó en una olla con agua hirviendo a un pobre conejo vivo (Atracción fatal, 1987); por último reinauguró el estereotipo de varón hipersexual bueno y responsable que entra en crisis cuando es acosado sexualmente por una mala mujer que además es su jefa, interpretada por Demi Moore (Acoso sexual, 1994).

Sin embargo, el estereotipo de macho bueno pero infiel, no gustó tanto a finales de los noventas y Douglas desapareció por un largo tiempo, no sé qué hizo en todos esos años, pero reapareció en mi vida hace unas semanas cuando su afirmación, primera plana en periódicos y revistas, El sexo oral ocasionó mi cáncer de garganta, me puso a temblar. No podía creer lo que este tipo estaba diciendo y lo primero que pensé es que se trataba de una conspiración más para acabar con la vida sexual de las lesbianas. Entonces me puse a pensar quienes podrían ser los otros conspiradores, mi exaltada imaginación me condujo a los mismos de siempre. En primer lugar la OMS que desde los tiempos de la “pandemia” de la gripa A no ha vuelto a ganar el prime time en los medios de comunicación, y claro por qué no alguna pandemia bucal con tintes porno? En segundo lugar, la farmacéutica Pfizer  que necesita vender más viagra antes de perder la patente de exclusividad; y en tercer lugar, y como para variar, el vaticano para no perder la mala costumbre misógina de controlar los cuerpos de las mujeres, y de paso, pero no menos importante, la vida sexual de sus monjas.

Mi mente en shock ante estos hechos tan evidentes recordó que este tipo de conspiraciones contra el sexo entre lesbianas es de vieja data o si no cómo explicar que durante años (y aún hoy), muchas instituciones y ongs que supuestamente luchan por la salud sexual y reproductiva de las mujeres y de la comunidad LGBT, convirtieran el sexo lésbico en una trama de terror ambientada con guantes quirúrgicos, alcohol en gel,  plástico para envolver y hasta máscaras de látex estilo Anibal Lecter (la única diferencia es que se podía sacar la lengua). Recordé los folletos, videos, cartillas y manuales que indicaban como cortar el látex o como poner el plástico para envolver. No sé cuántos orgasmos me perdí mientras me ahogaba con un pedazo de plástico atravesado en mi garganta o tratando de ajustar el cuadrito de látex…

Con esta nueva declaración íbamos a perder futuras lesbianas, las bisexuales volverían a ser hetero y las hetero se reafirmarían en el misionero. ¡Confieso que vi mi mundo lésbico derrumbarse! Se abría ante mí un escenario inundado de vulvas sometidas a la penetración (obvio cinco minutos después del viagra). Así que mi única esperanza era alguna noticia del Facebook que revelara que Michael Douglas era socio de una compañía de pastas dentales con antibióticos, o que iba a lanzar una línea de condones bucales llamada “linguo” o el video secreto de la OMS en donde aparece diciendo “Hola soy Michael Douglas, tal vez me recuerden de películas como…“ pero nada de eso ocurrió. Al parecer me equivoqué y no se trataba de una conspiración sino simplemente de otro episodio más de misoginia perpetrada por otro macho imbécil escudero del heteropatriarcado…

 Lisa