Archivos Mensuales: julio 2011

La odiosa existencia del patriarcado

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Días pasados nuestro blog suscitó una serie de comentarios en facebook que me llevaron a escribir unas líneas que quiero compartir. Primero parto de decir que el patriarcado no se puede entender moviéndose de particularidades – la historia de una sola persona – a generalidades abstractas, sino que se comprende observando la vida diaria con lentes capaces de escudriñar las relaciones de poder en la cotidianidad. No se trata de decir que los hombres son malos per se o que son simples víctimas del patriarcado porque los construyeron machos, o que las feministas somos resentidas por experiencias negativas en el amor. Lo anterior podría decirse de un hombre que ha fracasado en el amor y/o que habla con rabia de sus relaciones pasadas. Si bien cada ser humano es particular, es bueno recordar que es hijo e hija de una época y de una educación concreta. En ese sentido es una ceguera no reconocer que los hombres reproducen los privilegios que una estructura de poder milenaria como el patriarcado les ha significado. Sin duda todos, conciente o inconcientemente, voluntaria o involuntariamente lo hacen. Desde el más “consecuente” con los debates feministas y de género, hasta el más violento es educado para tener privilegios. De esos acumulados cotidianos todos hacen uso. Las feministas no nos hemos dedicado a hacer campañas de desprestigio contra el género masculino, sino que hemos estado haciendo visible lo invisible. Ponemos a la luz pública y decimos en voz alta que algunos hombres, aun siendo avanzados intelectual y políticamente, quieren mantener la supremacía sobre las mujeres en esas esferas, controlar el tiempo de sus parejas y las decisiones que se toman en las relaciones amorosas. Hombres y mujeres somos educados de manera diferencial, inclusive para el sexo y el amor. Basta echar una mirada al paso por el colegio, a la vivencia en el hogar durante la adolescencia o al de la calle durante distintas etapas de la vida, para constatarlo. Esas experiencias diferenciales también ocurren en el trabajo, en la política, en la academia, lo cual en una sociedad patriarcal – es decir, donde los hombres tienen una supremacía de ejercicio de poder sobre las mujeres – significa que como género femenino seguimos viviendo la opresión. Hacer evidente eso no implica decir que los hombres son malos, sino que invita a mirarnos, a reinventarnos, a ser éticamente generosos dándonos cuenta de cómo hemos sido educados y educadas y hacer el intento de transformarnos. No hay peor negación a la transformación que tachar al otro de “resentido” y cerrar la posibilidad de observarse a si mismo. Nada más fácil que aliarse con quienes han sustentado el poder por siglos – los hombres en la relación hombre/mujer – y echar la responsabilidad a las últimas de lo que ocurre. Contiene un alto poder de transformación ver la cotidianidad y a nosotros y nosotras en ella con ojos autocríticos, para saber como cada quien contribuye a ese adefesio que se llama patriarcado sin olvidar la historia. En esa historia los hombres han tenido un poder real y simbólico mayor que el de las mujeres. Además de ser eso inequitativo, el problema es que usan el poder para dominar. El día que los hombres renuncien a eso y quieran construir en igualdad con las mujeres, habremos avanzado un gran paso en destruir el patriarcado.

Bellota

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Respuestas recibidas a nuestra iniciativa: En busca de un cuarto propio

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Queridas amigas de Desacato Feminista:

En primer lugar reconocemos y agradecemos los aportes que han hecho al proceso de preparación del 12 Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe que, estamos seguras, será un espacio que nos permitirá desnudar, desatar y reanudar muchos de los asuntos que nos ocupan como feministas.

En cuanto a la invitación pública que han hecho para que se busque un lugar alternativo al hotel Crown Plaza Tequendama para llevar a cabo el 12 Encuentro, queremos comentarles que, tal como lo expresamos en carta abierta de fecha 2 de julio, después de mucho reflexionar y discutir en diferentes espacios hemos decidido que el 12 Encuentro se lleve a cabo en este hotel. En esa comunicación exponemos largamente nuestras razones y los sentimientos que acompañaron la ratificación de la decisión inicial (Carta Abierta http://www.12encuentrofeminista.org)

Finalmente, quisiéramos llamar la atención sobre la convocatoria que han hecho para que la búsqueda de otra sede se haga en nombre del 12 Encuentro. Si bien el Encuentro es un espacio colectivo, abierto a todas las que quieran aportar a su construcción y en el que todas queremos y podemos trabajar de manera conjunta, no consideramos apropiado que el nombre del 12 Encuentro se utilice para gestiones de esta índole, que en un momento como este pueden generar mucha confusión, máxime sin que se haya llegado a una decisión colectiva al respecto. La Comisión Coordinadora Estratégica es el equipo de trabajo que representa a las distintas comisiones que se han conformado para la organización del 12 Encuentro y es desde allí desde donde hemos venido comunicando nuestras decisiones y realizando las gestiones del Encuentro.

Reiteramos nuestro deseo de seguir trabajando con todas las feministas en el reto y las alegrías que nos trae la realización de este 12 Encuentro en el que celebraremos treinta años de encuentros feministas y el que reanudaremos nuestro camino reconociendo los disensos y los desacuerdos pero, finalmente, construyendo un presente y un futuro feminista para el mundo.

Un abrazo sororal,

Comisión Coordinadora Estratégica

Ana Cristina González, Beatriz Quintero, María Cristina Suaza, Florence Thomas, Marina Bernal, Mónica Sánchez, Paola Salgado, Vanesa Gómez

Respuestas recibidas a nuestra iniciativa: En busca de un cuarto propio

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Querida Alejandra y demas compañeras, pares en la preparación del proximo encuentro feminista que firman este mensaje- El hotel Tequendama se separó con el debido tiempo previa la suficiente consulta realizada por Marta Tamayo , ustedes compañeras conocieron la decisión hace algunos meses, no es hora entonces que quienes estuvimos cerca de esta decisión, nos pongamos en seguir al grupo que exige cambiar de sitio (aunque claro ustedes estan en la libertad). El procedimiento que Ochy y otras hicieron, no fue el mas bonito, solidario y oportuno.

Ahora bien, quiero recordarles que en este Hotel se han realizado muchos,pero muchisimos eventos de la sociedad civil, incluyendo de las mujeres activistas de paz. Aqui muchas de nosotras estuvimos sesionando los congresos de paz y pais, alli estuvieron las mujeres de negro, alli se han hecho los eventos de Codhes, de la Asamblea permanente de la Sociedad civil, de Corporacion Nuevo Arco Iris, en fin.

No veo razon suficiente para abandonar la decision tomada por la coordinación , aunque sea de propiedad de militares jubilados, no veo cual es el problema. Me parece de verdad, como dice una compañera, Norma Villareal, que hay debates mas importantes que meternos en esto.

Alejanda, Angelica,Celenis y Diana me parece que no es muy pertinente la propuesta de ustedes en este momento!!! sigamos adelante con la preparación y que vengan mejores debates conceptuales, metodologicos etc!!

Un abrazo

Gloria Tobon

El difícil camino de la coherencia

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Ser consecuente o coherente desde mi punto de vista es tratar de que los principios y postulados éticos que una persona expresa o defiende se concreten en sus acciones, opiniones y formas de relacionarse. En este sentido tiene dimensiones subjetivas, prácticas y relacionales que lo hacen profundamente complejo. Para las feministas implica tratar de hacer que nuestras acciones en el ámbito personal, familiar, relacional y colectivo no contradigan los postulados básicos de nuestras posturas políticas.
En el feminismo, ser consecuente es difícil porque implica un ejercicio permanente y a veces agobiante de pensar cada palabra, cada opinión, cada acción. Implica tratar de develar el sesgo sexista, racista o clasista de todo, todo el tiempo. Básicamente es el intento de ser feministas en un mundo sexista, que nos construye como mujeres y por tanto deja una tremenda impronta en cada una de nosotras de la que no es fácil escaparse: los cánones de belleza, las formas de relacionarnos con los varones y con las otras mujeres, la valoración de sí mismas, entre otros, son aspectos que debemos resistir, deconstruir y reconstruir de manera cotidiana.
El intento de ser feministas en un mundo racista implica mantener de manera permanente una actitud vigilante para develar en cuáles situaciones se reproducen prejuicios, actitudes o acciones racistas y tener presente que el sexismo no nos afecta a todas por igual, que no es universal sino que se combina con otro tipo de opresiones, que como el racismo hacen que algunas mujeres vivan situaciones de injusticia que otras no, que hay que estar atentas a su palabra y a resistir cualquier intento de homogenización en un supuesto sujeto del feminismo, cuando en realidad hay múltiples sujetos, que están cruzados por opresiones, desigualdades e injusticias específicas.
El intento de ser feminista en un mundo capitalista, implica saber que no podemos conformarnos con la democracia cuando este orden político convive con la injusticia social, cuando se mantiene sobre la base de un sistema económico depredador, inhumano, militarista y corruptor. Ser coherente en este sentido, implica nada menos que resistirse a casi todo lo que existe, ya que el capitalismo ha sido hábil para construir un discurso autolegitimador basado sobre todo en la idea de que no hay una opción mejor, que no hay alternativas a este sistema económico (capitalismo) y su régimen político (la democracia liberal).
La coherencia es un asunto individual sin lugar a dudas, pero también conlleva aspectos colectivos. Trascender el nivel de resistencia personal y llegar a la posibilidad de hacer transformación social requiere la acción colectiva y depende del actuar juntas. Finalmente, la coherencia no se logra siempre y por completo todo el tiempo, se lucha y se construye de manera cotidiana en nuestras acciones, es un objetivo ético, por ello ninguna está en la posición privilegiada para juzgar la coherencia de las otras. En el feminismo, cada una es jueza de la coherencia de sí misma y de sus acciones, y se espera que la fuerza y la solidaridad colectiva ayuden en el proceso.

Bombón.