Archivos Mensuales: diciembre 2012

Cinco consejos prácticos para racistas inconfesas.

Estándar

ImageHace unas semanas tuve una discusión desafortunada a través del Facebook con una chica que se hace llamar a sí misma Feminista. La razón fue un post que colgó en su muro, el cual decía “definitivo: no me banco a los inmigrantes que vienen a disfrutar las mieles argentas y se la pasan puteando al país… si estas peor que en tu país, volvéte; si no querés volver, quedáte pero laburá para el cambio y dejá la retórica destructiva de lado… me secan la mente…”. Debo reconocer que mi respuesta no fue amable, le dije cosas como neofascista, chauvinista, y hasta le pregunté si aún guardaba una capucha blanca, medio chamuscada, debajo de la almohada o si no creía que a su postura política le faltaban dos K. Su respuesta fue decirme intolerante (lo admito fuí intolerante con su racismo) y sacarme de su FB (una lástima porque perdí el diálogo y las respuestas de ella, que eran un compendio del más ramplón sentido común racista y xenófobo).

Sin embargo, con el paso de los días me he sentido culpable por exponerla a ella, una feminista, que pensó que yo me iba a tranquilizar cuando me explicó que no hablaba de las inmigrantes, sino de los inmigrantes.  Una feminista que no vota por fascistas como Le Pen, Rajoy o Mitt Romney, una feminista nacida en las entrañas del pueblo y educada en el “neutro” pensamiento político de izquierda. Por todas estas cosas y más, es que he decidido ayudarla; en nombre de nuestra esencia de mujeres y de nuestra camaradería de izquierda, para que siga ocultando su racismo, del cual podrá hacer gala en su casa, con familiares y amigos, ya sea en fiestas o asados.

Espero que con la ayuda de estos sencillos tips pueda presumir con la gente más progre, sin enredarse y hasta pueda pasar por políticamente correcta.

Los 5 consejos:

Consejo 1. No use palabras como Inmigrantes o esa gente; es mejor hablar de diversidades/ diferencias. Así que en lugar de decir que su barrio se llenó de inmigrantes, bolivianos o peruanos, puede sugerir que con el paso del tiempo se ha vuelto muy diverso.

Consejo 2. Evite decirle a la gente que se regrese a su país. Más bien invítela a una amable reflexión sobre los pros y contras de vivir en un país diferente al de su nacimiento. Haciendo especial énfasis en los contras.

Consejo 3. Nunca, pero nunca use expresiones como: no me banco, no soporto o me desesperan. En su lugar utilice: es difícil comprender, es complicado entender, las diferencias culturales dificultan…

Consejo 4. Hablar de inmigrantes perezosos es un cliché, evítelo siempre.  Es mejor señalar que hay mucho por hacer en el país de acogida y que si una persona se quiere “integrar  o quedar” debería aportar sus saberes y conocimientos  así sea a bajo costo (hay algo más patriótico que ser explotado por la burguesía nacional?)

Consejo 5. No hable de las riquezas de su país, no es práctico, lo único que logra es atraer más inmigrantes y eso no es lo que usted quiere.

Con todas estas indicaciones ya no pasará usted por una loca racista con capucha blanca, esvástica en brazo y lanzallamas en mano, sino que podrá seguir afirmando que es feminista, y practicar un racismo sutil, ese que se justifica en las costumbres o en el cariño a los negritos, bolitas (forma despectiva de llamar a los bolivianos/as) o cabecitas negras…

Lisa S

Anuncios

Ficciones monógamas

Estándar

Image

Instituciones sociales como el acuerdo de pareja monógamo están tan instalados en las lógicas del poder patriarcal capitalista que a veces incluso sus más acérrimas opositoras olvidamos que es producto de un acto de poder, de un régimen político de dominación sexista. Nuestras antecesoras feministas de la Segunda Ola lo pusieron en tela de juicio, lo cuestionaron pero no sólo desde sus teorías o discursos sino desde su práctica. Algunas a partir de intentos más o menos exitosos buscaron establecer relaciones abiertas y/o polígamas para romper de manera radical con los lazos sexistas del heteropatriarcado.

No quiero idealizar estas prácticas porque no se hasta qué punto les funcionaron pero si reivindico el esfuerzo político que realizaron al tratar de hacer coherente un discurso de libertad, autonomía y poder sobre si mismas con una práctica que buscaba retar, deconstruir y reconstruir otros cuerpos, otros placeres. Me aterra la reiteración acrítica de la lógica patriarcal monógama. Nosotras feministas que en teoría lo retamos todo terminamos encerradas en relaciones absolutamente tradicionales: celos, sentimientos de propiedad sobre la otra persona, vínculos amor/odio, todas lógicas al mejor estilo heteronormativo; mientras salimos a la calle a criticar al patriarcado por cosificar y subyugar a las mujeres.

Muchas dicen que “deciden” o “escogen” su monogamia, cuando lo que en realidad sucede es que no se plantean de una manera seria la posibilidad de construir otras formas de relación. Al asumir la monogamia como la única opción plausible se la convierte en un asunto aparte, apolítico, imposible de criticar o poner en cuestión y se idealiza la fidelidad. Persiste el miedo a ser feminista en el juego de pareja o se ejerce simplemente hasta el punto simpático, sin sobrepasar los límites. Aterra incluso la idea de plantear otros acuerdos y no se ejerce ningún poder en la negociación de las reglas de juego: todo se da por hecho y simplemente se reproduce la lógica tradicional.

El feminismo no es una dogma con principios últimos que todas debemos obedecer, pero si es un llamado a criticar, a cuestionar, a no tragar entero y a preguntarnos día a día qué estamos haciendo para derrotar este régimen. No creo que exista la feminista perfecta, pero creo en la feminista inquieta que a cada paso se pregunta por el valor transformador de su cotidianidad.

Huir de los patrones femeninos patriarcales es sumamente difícil y doloroso, un sacrificio que puede derivar en aislamiento y la soledad, sin embargo, vale la pena mantener una actitud vigilante y crítica sobre nuestras acciones, que permita socavar las bases que sostienen los estereotipos, las reglas y los acuerdos patriarcales acerca de la relación de pareja, “el amor” y otros inventos de ese tipo, porque de lo contrario, nuestras prácticas afectivas terminan cumpliendo la función para la que fueron creados: el control de nuestra sexualidad y de nuestros cuerpos.

Bombón