Archivos Mensuales: diciembre 2013

El ataque de procumojo a Bogótica

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En un intento desesperado por tomarse el poder,  procumojo arremete contra el alcalde de Bogótica. Las chicas súper poderosas en su actuar colectivo se hacen sentir... y es así como una vez más se defiende la dignidad y la autonomía gracias al despertar de la consciencia colectiva y el ejercicio de la ciudadanía!

En un intento desesperado por tomarse el poder, procumojo arremete contra el alcalde de Bogótica. Las chicas súper poderosas en su actuar colectivo se hacen sentir animando una vez más la defensa de la dignidad y la autonomía!

¿Siempre víctimas?

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ImageHay feminismos que sustentan su existencia en una supuesta bondad innata de las mujeres. Hay quienes defienden que dicha bondad no es una esencia sino producto de la socialización diferenciada que nos acerca más al cuidado y protección de la vida. Y unas y otras llenan los escenarios políticos con consignas que exaltan los ánimos pero reproducen una imagen estereotipada de las mujeres. Al parecer su feminismo sólo defiende a las madres, protectoras de la vida, guardianas del equilibrio vital, víctimas amordazadas, mujeres que corren como lobas, perdón, que corren con los lobos…

Pero hay que volver al tema de las consignas. Nuestras “hermanas de lucha” gritan a todo pulmón: “Si las mujeres gobernaran no habría guerras”, “Las mujeres no asesinan… sólo dan vida”, “Las mujeres no se organizan para asesinar/violar/acosar a un hombre”. Es como si su postura política sólo tuviera sentido sobre la base de un sujeto mujer subordinado, violentado, víctima, sin agencia, ni capacidad de responder a la agresión. Esos feminismos se acercan mucho a coros angélicos, que cuentan con voz quebrada, algunas veces apelando a la poesía, todos los males que aquejan a las pobres mujeres, pero yo me pregunto ¿de verdad somos todas víctimas inermes?

Existe la violencia misógina que se ejerce de manera cotidiana en cualquier espacio social. Hay ataques sexuales, opresión, explotación, racismo, crímenes de odio; pero considero que la denuncia y el activismo para erradicar estas problemáticas no requiere recrear ni reproducir los peores estereotipos patriarcales sobre las mujeres. Es claro que los porcentajes de varones agresores es aplastante, al igual que la proporción de víctimas mujeres de la violencia que se da en las parejas y exparejas, sin embargo, la conclusión lógica de esas estadísticas no puede ser la negación de que ciertas mujeres ejercemos violencia, hemos empuñado armas, hemos asesinado, torturado y destruido la vida.

Qué podrán pensar las mujeres que están en la cárcel por matar a sus parejas, como desenlace fatal de una historia de violencia machista, cuando escuchan a alguna feminista diciéndole que las mujeres no matan ¿Será entonces que ellas no son mujeres porque salieron del círculo universal de la bondad femenina? De qué sirve negar que hay mujeres haciendo la guerra, en las fuerzas militares legales, en las guerrillas, en los grupos paramilitares, en las bandas urbanas ¿No son ellas mujeres? ¿No son víctimas también del poder patriarcal contra el que supuestamente luchamos las feministas?

Reconocer en las mujeres la capacidad del mal no hace más que volvernos humanas, alejarnos de esa versión sin poder ni capacidad que ha querido hacer el patriarcado de nosotras. Reconocer que las mujeres también hemos ejercido violencia, oprimido y subyugado nos permite tener más claridad sobre cómo funciona el régimen sexista, racista y clasista que nos ha producido como mujeres. Reconocer nuestra porción del mal rompe con el estereotipo de un sujeto mujer universal, que una vez más y casualmente corresponde a la imagen y semejanza de la feminista burguesa, educada, blanca, heterosexual, madre y urbana. El trabajo político debería llevarnos a romper con cualquier estereotipo porque ninguna universalización respecto a lo que somos o hacemos las mujeres contribuye a una lucha por el cambio social. Luchamos contra estructuras de poder, contra discursos de dominación, contra regímenes políticos y no por llevarnos la corona en una competencia acerca de quiénes son las mártires.

Bombón