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¿Si una mujer avanza, avanzamos todas?

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©BULENT KILIC/AFP/Getty Images

Cada día circulan más memes con mensajes de autoayuda, algunos de ellos publicados por mis contactos en Facebook o en Twitter y me siento inquieta. Me quedan en la cabeza sobre todo los que anuncian la sororidad feminista, el amor universal entre mujeres o el apoyo como parte de la resistencia antipatriarcal. Uno de los últimos que leí tenía la frase “Si una mujer avanza… ¡avanzamos todas!”, y algo más sobre la sororidad. Me quedé pensando en qué tan cierto es eso y lo primero que vino a mi cabeza fue el texto “Testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia”, que en uno de sus apartados dice:

“Señora, hace una semana que yo la conozco a usted. Cada mañana usted llega con un traje diferente; y sin embargo, yo no. Cada día llega usted pintada y peinada como quien tiene tiempo de pasar en una peluquería bien elegante y puede gastar buena plata en eso; y, sin embargo, yo no. Yo veo que usted tiene cada tarde un chofer en un carro esperándola a la puerta de este local para recogerla a su casa; y, sin embargo, yo no. Y para presentarse aquí como se presenta, estoy segura de que usted vive en una vivienda bien elegante, en un barrio también elegante, ¿no? Y, sin embargo, nosotras las mujeres de los mineros, tenemos solamente una pequeña vivienda prestada y cuando se muere nuestro esposo o se enferma o lo retiran de la empresa, tenemos noventa días para abandonar la vivienda y estamos en la calle. Ahora, señora, dígame: ¿tiene usted algo semejante a mi situación? ¿Tengo yo algo semejante a su situación de usted? Entonces, ¿de qué igualdad vamos a hablar entre nosotras? ¿Si usted y yo no nos parecemos, si usted y yo somos tan diferentes? Nosotras no podemos, en este momento, ser iguales, aun como mujeres, ¿no le parece?”

Leí luego noticias escritas por entusiastas periodistas que anuncian que en 2016 tres de las potencias mundiales estarán gobernadas por mujeres, lo que demostraría el avance y los logros del feminismo en el mundo. Hilary Clinton (EE.UU), Angela Merkel (Alemania) y Theresa May (Reino Unido), sin dejar de mencionar a Christine Lagarde (Directora del Fondo Monetario Internacional – FMI). Y me pregunto entonces, ¿Si una mujer avanza… avanzamos todas? ¿Quiénes son todas? ¿Las pobres de sus países, trabajadoras racializadas y explotadas? ¿Las mujeres que hacen parte de las miles de personas desplazadas hacia Europa huyendo de las guerras que EEUU, Alemania y el Reino Unido han promovido y alimentado en Afganistán, Irak, Siria, Yemen, Ghana, Nigeria y Senegal? sólo por nombrar algunos países.

La nueva primera ministra británica, Theresa May, ha asegurado que una elevada inmigración daña a la sociedad británica, y además, ha expresado que la inmigración masiva no tiene “beneficios económicos” por lo tanto es partidaria del cierre de fronteras a refugiadas/os. Clinton, eventual ganadora (y mal menor, en todo caso) ganó 3,15 millones de dólares en el 2013 ofreciendo discursos para empresas como Morgan Stanley, Goldman Sachs, Deutsche Bank y UBS, además, los medios hablan de su estrecho vínculo con los grandes bancos de Wall Street. Por otra parte, Ángela Merkel, conservadora también y Canciller de su país, luego de una inicial apertura cedió ante las presiones más conservadoras de su propio partido y de otros, para aprobar un acuerdo que endurece las condiciones para obtener el derecho al asilo. Berlín acelera cada vez más las expulsiones de inmigrantes sin estatus de refugiado y dificulta la reagrupación familiar de los refugiados.

Me pregunto de nuevo: ¿Si una mujer avanza… avanzamos todas? Y entonces me respondo con las voces de tantas mujeres racializadas, campesinas, migrantes, pobres y trabajadoras: para que el feminismo favorezca, como predica, a “todas las mujeres” debería ser antirracista y anticapitalista porque de otro modo sólo sirve a una pequeña élite de mujeres cuyos privilegios se sustentan en la explotación, en la marginación y en la exclusión de las mayorías sociales. El feminismo liberal, ese que triunfa en las oficinas del Estado y en los organismos internacionales, está cómodo en el capitalismo, pero ahí no cabemos todas, y no queremos caber.

Para el feminismo es urgente abandonar las políticas acríticas e integracionistas porque de otro modo hará parte de tantas propuestas ahogadas por la cooptación y el discurso de que no hay alternativas ni otros caminos posibles.

Bombón.

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No más publicidad para Soho

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imagenQuiero plantear algunas ideas acerca de por qué como activista política de izquierda y feminista me opongo a darle publicidad gratuita a medios, partidos o cualquier expresión organizativa de la derecha racista, sexista y clasista. En concreto quiero referirme a un escrito del señor José Antonio Gutiérrez que denuncia indignado el anuncio de un reportaje de la revista Soho en el que aparece una foto del tipo usual en esa revista, en el que reúne a una “ex guerrillera” y a una agente del Estado que supuestamente persiguió a la guerrilla. Primero decirle al señor que si quería profundidad o rigor en el tratamiento del tema debería haber consultado algunas de las innumerables obras de feministas pacifistas, académicas o investigadoras del tema, o al menos, algunos de los trabajos realizados por miles de ONG`s largamente financiadas por la cooperación para escribir sobre el aporte de las mujeres a la paz.

Dice el editorialista que la supuesta guerrillera de la fotografía “ha pasado más tiempo en el gimnasio haciendo zumba que en las “montañas de Colombia””… Me gustaría saber de dónde sacó el carnet de supervisor de los cuerpos apropiados para las guerrilleras. ¿Cómo se los imagina? ¿Cómo deben ser para parecer guerrilleras reales? me hizo recordar a una feminista en una reunión, hace tiempo ya, quejándose porque los hombres le decían que era muy bonita para ser feminista… Ella sonreía complacida… bonita y feminista, qué especie más escasa…

El escritor devela sus profundos prejuicios con la afirmación de que “La revista Soho muestra cuál es el rol que tienen las guerrilleras en la construcción de paz: empelotarse”. Mucho se ha escrito acerca de cómo estas mujeres son visibles como brujas, desviadas, trastornadas y para demostrar esto solamente hace falta recordar la manera en que presentaron a Karina (líder del Frente 47 de las FARC hasta el 2008) como la encarnación misma del mal, cuyos delitos llenaron durante semanas las páginas y la imaginación de numerosos y mediocres periodistas. Las guerrilleras no son cuerpo, son armas o instrumentos del mal, su agencia se tacha de maldad. Ni siquiera sus cuerpos muertos en el fragor del combate se muestran porque terminan en bolsas negras al lado de sus compañeros, arrojadas en cualquier fosa común. Señor Gutiérrez, las guerrilleras también son cuerpo, y tal vez lo de Soho lo enerva porque muestra cuerpo y piel… demasiado para una sociedad hipócrita y moralista que no quiere ver ningún gesto de humanización.

Sé que la industria de la cirugía plástica es un grave síntoma de cómo el capitalismo transforma los cuerpos en mercancía, que enriquece a una élite médica y corporativa, pero de verdad… ¿A quienes se les rechaza por practicarse cirugías plásticas, a las actrices o periodistas de los grandes medios o a las estudiantes de las universidades privadas? ¡No! a las jóvenes pobres de sectores populares que ahorran para ponerse tetas o culo… se saltan la división de clases de la estética. No todas ellas son o pueden llegar a ser “muñecas del narcotráfico, chicas pre-pago al servicio de diplomáticos gringos”, no puedo describir cuanto clasismo hay en esa frase… ¿Es el ejercicio de la prostitución sexismo por antonomasia? Ese es un debate abierto. Considero que la extendida idea de la estética narco en el cuerpo de las mujeres es profundamente clasista.

El columnista concluye que la foto pone a las mujeres (perdón el señor dice La Mujer) como “pasiva, como una fruta madura, lista para ser consumida por quien tenga la capacidad de pagar el precio”… Por supuesto o, ¿No sabe acaso de tipo de revista es esa? Afirma a continuación que “esto no sólo ocurre en Colombia: también en Turquía y Siria los medios promueven la imagen hipersexualizada de mujeres jóvenes kurdas con armas”. Publicar una foto de mujeres desnudas, prototipo del porno suave lésbico elaborado de acuerdo al gusto del público masculino, urbano/bogotano y elitista y/o arribista, que compra esa revista, no busca precisamente ofrecer elementos para analizar el desarrollo histórico del conflicto armado y sus actores, sino que simplemente obedece a la lógica de un producto para la venta. Prototipo también de aquello que molesta y moviliza a las feministas clase media, urbanas y blancas que creen que sus males aquejan a todas y que sus reclamos son los de todas.

Me aburre profundamente seguir analizando punto por punto el escrito pero quisiera terminar con dos ideas. Primera, mostrar cuerpos desnudos de mujeres no es sexismo en si mismo. Muchas corrientes y esfuerzos se resisten a hacer del feminismo un movimiento moralizante y culpabilizante del erotismo y el deseo, y buscan por ejemplo producir porno feminista…. El cuerpo, los cuerpos no deberían estar ocultos como señal de avance de la posición de las mujeres en una sociedad. Si alguien tiene problemas para ver cuerpos desnudos, la solución es no consumir ningún material de ese tipo. Segunda, si la fotografía aparece como material de divulgación de los acuerdos de paz de la Habana entonces si podría hablarse de “un show erótico trivial” como señala Gutiérrez, pero si la foto aparece en Soho mejor nos ponemos a hablar de la necesidad de combatir al capitalismo y al patriarcado que nos roba cada día y no solo cosas, sino la vida misma. Sonrió frente a la idea de un boicot, plantón o acción en CONTRA de Soho, y me niego a participar porque solo caeríamos en la estrategia de sus dueños, porque sólo es publicidad gratis, atención y visibilidad que les permite vender su revista. No gracias.

Bombón.

Artículo “La mujer, el conflicto y el mercado de la carne

“La camaradería entre ellas”

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Es difícil enfrentarse a la idea de que un tema que el feminismo trabajó por décadas (las mujeres y el poder político) con mucha pasión, por ser considerado muy potente y revolucionario, terminó siendo un slogan que abarca las primeras planas de la prensa, totalmente despojado de radicalidad y espíritu transgresor. Muestra de ello es el artículo: “Tres duras del Congreso desafían el machismo en la política”, encabezado por la foto de tres mujeres. Leer el texto es una pérdida de tiempo en tanto no contiene absolutamente nada distinto a los halagos y autohalagos que las tres entrevistadas se lanzan entre sí. Sin embargo lo que me motivó a escribir sobre el tema es la contradicción misma que pone de manifiesto.

El texto presenta a las congresistas como defensoras de la “equidad de género” (¿?), como la combativa resistencia al “machismo” de dicho escenario, en lo que parece una especie de paréntesis de quienes son, de sus ideas políticas e inclusos de las luchas que han dado. Se dice que son “inteligentes, preparadas, disciplinadas y muy activas en el Congreso”, tal vez porque si no lo hicieran expreso alguien podría dudarlo… Es decir, “a pesar de ser mujeres merecen estar en el congreso”.

La nota liquida el hecho de que supuestamente están en orillas ideológicas opuestas, algo que no viene al caso porque la idea es mostrar que actúan como bloque frente en el congreso. Sin embargo, me cuestiona que el frente unido contra el machismo lo integre una congresista como Paloma Valencia que ha hecho propuestas llenas de clasismo y racismo como dividir al departamento del Cauca entre mestizos e indígenas. Es la misma que ha afirmado que la región del Catatumbo es un “un laboratorio criminal que amenaza con extenderse a todo el país”, es decir ha criminalizado al campesinado que lucha y resiste desde hace décadas por su dignidad y su territorio. Alguien que finalmente dice de sí misma que es una “Uribista pura sangre a mucho honor”, es decir, que se reivindica como parte del proyecto paramilitar que históricamente se ha lucrado del despojo, la explotación y el asesinato en el país.

Las congresistas que posan a su lado, Angélica Lozano y Claudia López, sorprenden con su nuevo discurso feminista ya que no hace mucho querían tomar distancia de un tema que no consideran rentable políticamente. Asombra en todo caso que a Claudia López no le haya molestado posar con una representante de su supuesto némesis político, en tanto ella ayudó a destapar la infiltración paramilitar en la política regional y local ¿Es tanta su convicción sobre la “equidad de género” que no le parece problemático posar con Valencia? En todo caso no he visto que se hayan pronunciado contra los asesinatos de mujeres en Buenaventura (asunto que no se tuvo en cuenta dentro de la ley de Feminicidio), no escuché de ninguna de ellas una voz de solidaridad con la compañera activista lesbiana que murió hace poco (cuando se desbordaron en manifestaciones en otra situación mucho más visible en medios de comunicación).

Las mujeres en política hasta ahora no han cambiado la política porque actúan sin cuestionar sus propios privilegios. No dan muestras de solidaridad con quienes no son de su clase social, con quienes no tienen poder, ni reconocimiento, entonces es igual si el congreso está lleno de hombres o mujeres. No se si esta afirmación es feminista o no, sólo que una imagen como esa está muy lejana del feminismo que yo imaginaba o el que quería construir.

Bombón.

Link a la nota de El Tiempo (12/09/2015): “Tres duras del Congreso desafían el machismo en la política”

¿Está mal un concurso de belleza que expone a niñas en tanga?

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frase-mafalda2--644x800Mi primera reacción sobre la nota y el escándalo alrededor del concurso de niñas desfilando por una pasarela en tanga contoneando lo que en unos años serán, o no, unas caderas fue de rechazo. Pero he estado pensado en las razones del rechazo. Me aterra la línea a veces demasiado delgada entre los argumentos feministas y el moralismo conservador. ¿Está mal mostrar el cuerpo? ¿Un bikini es necesariamente sinónimo de sexo, de sexualidad, de sexualización? ¿Condenamos el concurso por las mismas razones del porno? Personalmente no cuestiono todo el porno, porque no creo que todo es sometimiento ni violencia, sino que también hay agencia y goce. Es un asunto completamente distinto.

Entonces ¿qué está mal? En otros países las niñas pequeñas van a la playa desnudas de la cintura para arriba, al igual que muchas mujeres, algo impensable aquí donde el riesgo de quitarse la parte de arriba del bikini es terminar en una estación de policía. Aquí a las niñas e incluso a las bebes les ponen vestidos de baño… un adoctrinamiento temprano acerca del deber de ocultar el cuerpo, en particular aquello que es pecaminoso a la mirada externa. Y entonces tal vez es por allí que puedo encontrar qué condenar. Por supuesto no a las niñas ni a sus cuerpos sino a todo el contexto construido a su alrededor… Un contexto que les enseña a maquillarse, a ver defectos en sus cuerpos, a desfilar, a ser lindas y agradables a la mirada externa en particular a la de los adultos varones.

Muchos se preguntan que pasa por la cabeza de mamás y papás que exponen a sus hijas a eso. Se pidió al ICBF quitarles la custodia de sus hijas. Monseñor procurador metió su mano purificadora. Yo pienso que nos son monstruos ni excepciones sino que simplemente viven un contexto sexista, cosificador de cuerpo de las mujeres, clasista, elitista y profundamente desigual en donde la única posibilidad de ascenso social si se tiene un hijo varón es que sea futbolista y si es una niña es que sea “bonita”, para que sea modelo, reina o se “case bien”. No veo un asunto moral. Veo un asunto social, de una sociedad que condena lo fácil y superficial, pero es incapaz de cuestionar las bases profundas de su desigualdad. Una sociedad donde las mujeres siguen siendo objetos para la venta y exposición como producto de un régimen capitalista, patriarcal y heterosexista que se lucra con la explotación de sus cuerpos. El asunto insisto, no es moral, sino social y económico, de las oportunidades que se les niega a las niñas cuando aprenden que su único o más importante valor es su cuerpo, su apariencia física, como las juzga la mirada externa.

El caso de estas niñas despertó la fácil, rápida y pasajera indignación de todos y todas, que sin embargo se esfumó cuando semanas después, el país celebró orgulloso los éxitos de Miss Universo, o sea de una mujer en tanga. Nadie hizo pública la relación que existe entre miss tanguita y miss universo. Las feministas deberíamos estar alerta para evitar ser parte de ciertos coros que reproducen posturas clasistas y conservadoras. Exponer en una vitrina a las mujeres como cuerpos a la venta es sexismo, incluso aunque esté rodeada del encanto propio del capitalismo gringo.

Bombom.

“La primera feminista de Colombia”

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Tomada de: http://feministasafrodiasporicas.blogspot.com/2014/11/marcha-de-los-turbantes.html

La vida está plagada de grandes ambivalencias, de contradicciones y de contingencia. La vida política por otra parte está llena de injusticias, de desigualdades y sobre todo de privilegios que son posibles por la opresión de otros, de otras. La semana pasada para mí fue una de esos momentos donde el peso de la desigualdad y el privilegio se hizo evidente de una manera cruda. De un lado, en el edificio de posgrados de ciencias humanas de la Universidad Nacional se conmemoraban los 20 años de la Escuela de Estudios de Género y Feministas, por el otro un grupo de mujeres marchaba desde algunos municipios del Norte del Cauca hacia Bogotá, intentando hacerse oír en un país en donde lo que pasa fuera de Bogotá no importa.

En la Nacional escuchamos los desarrollos de los estudios de género en Colombia en varios centros académicos del país. Mientras tanto la marcha de los turbantes, como se denominó la movilización de las mujeres negras, llegaba a esta ciudad hostil y racista. En la Nacional asistimos a un homenaje a las pioneras del feminismo académico en Bogotá, y lo que yo esperaba fuera un acto político, un merecido homenaje a académicas y activistas que han trabajado para que este tipo de estudios tenga lugar en una academia que aún no los considera “serios”, terminó siendo un acto de exaltación del privilegio en donde la palabra una vez más la tuvieron las extranjeras del grupo: Donny Meertens y Florence Thomas. A su lado estaban Yolanda Puyana, Magdalena León, María Eugenia Martínez, tres grandes investigadoras y profesoras que seguramente habrían tenido un poco más de contexto político para saber que mientras estábamos allí, afuera un grupo de mujeres negras se enfrentaba a la histórica indiferencia gubernamental y social a sus demandas. Se enfrentaban a años de racismo y explotación, ahora encarnada en un gobierno que pretende entregar a las grandes corporaciones mineras lo que tradicionalmente ha sido su sustento, contaminando sus aguas y envenenando sus tierras.

Tal vez no recuerde de manera literal las palabras de Florence Thomas, pero cuando recibió el reconocimiento, hizo notar en tono de burla que esa tarde iban a tener la palabra las dos europeas del grupo, lo cual era particular porque al parecer por estos días estaba mal visto ser europea y blanca. Que ahora siempre le decían que debía hacer una especie de renuncia, porque era algo de lo cual avergonzarse (que debía deseuropeizarse) pero que para ella en realidad lo que había que hacer era “descatolizarse” (quién sabe qué significa eso). Nadie dijo nada. Yo no dije nada. Tal vez por rabia el insulto se dejó pasar como tantas veces se ha dejado sin controvertir sus afirmaciones acerca de que ella fue la que “trajo” el feminismo a Colombia o que habla por todas las mujeres.

Ella que se ríe desde el privilegio no se dio cuenta de lo inapropiado de expresar públicamente su desprecio por la crítica realizada desde los feminismos negros, comunitarios, autónomos, precisamente en la semana en que las fuerzas de la policía, del escuadrón antidisturbios, amenazaron con agredir al grupo de mujeres caucanas que se vieron obligadas a tomarse la sede del ministerio del Interior porque nadie las escucha, porque ni sus vida ni las de sus familias y comunidades le importa a nadie porque son personas negras, pobres y de provincia. Ella se ríe de las críticas y escribe en SOHO, una revista que se jacta de no pagarle a las modelos que desfilan en sus páginas como mercancía disponible. Ella que pretende hablar por todas por, “ser la primera feminista en Colombia”, habla desde su privilegio de europea en un país servil, es incapaz de cuestionar sus prácticas políticas y por supuesto, sus privilegios. Ella que disfruta de tener una pensión puede seguir tranquila en su confortable apartamento bogotano, y por otra parte, las mujeres caucanas seguirán en el Ministerio, peleando y resistiendo hasta ser escuchadas.

Bombón.

El discreto encanto de la burguesía feminista “Latinoamericana y del Caribe”

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Tal vez si fuera más joven, si tuviera más fe, si fuera más ingenua o quizá si no hubiera estado yo misma deslumbrada por los privilegios de clase de muchas feministas colombianas, estaría más que satisfecha del manifiesto político del XIII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe.

Lo leo y me asombra su capacidad para apropiarse de conceptos, categorías y denuncias producidos y trabajados por otras, y sintetizarlos en un corto manifiesto. Han tardado mucho, eso tendrán que reconocerlo. Ya que desde los setenta las feministas negras y de color, las indígenas, las feministas comunitarias, las feministas autónomas además de las feministas de sectores populares venían denunciando lo que ahora ellas se apropian al afirmar su “compromiso de confrontar y luchar para cambiar los múltiples sistemas de dominación que impactan simultánea y diferenciadamente en todas las mujeres, en sus cuerpos desvalorizados y secuestrados”, quien sabe que hizo falta para que dieran semejante salto moral discursivo.

Sin embargo no es sólo falta de fe lo que me impide creer en su manifiesto de buenas intenciones ya que ni siquiera su capacidad de apropiación de la reflexión política de las otras las libra de seguir situadas en el mismo campo de entendimiento que supuestamente denuncian. Afirman por ejemplo que “el cuerpo —portador de derechos— de las mujeres, se ha convertido en un “territorio en disputa”. Lo tuve que leer varias veces y no por su nivel de complejidad sino porque no podía creer que van a repetir esa arenga a mujeres que han sido sometidas por los estados neoliberales, capitalistas y racistas, que han sido explotadas, vendidas, vejadas y violentadas: los cuerpos de las mujeres racializadas y empobrecidas que nunca ha sido portadores de derechos y que desde hace mucho han sido un territorio colonizado. Ese es el sentido común del privilegio que nunca han intentado cuestionar.

Según dicen, en sus “luchas por la defensa de la democracia y la ampliación de los derechos, las feministas siempre hemos dado nuestro aporte desde nuestra comprensión del cuerpo como categoría política”. De nuevo la Oda a la democracia y los derechos, una vez más situadas en el limitado espectro del discurso colonialista que tiene pereza de pensar otros modos de organización social o de gobierno, que es incapaz de fijarse en otros ejercicios de organización colectiva que pueden dar pistas para pensar otras relaciones sociales. La trasnochada noción de democracia ha funcionado hasta ahora sobre la base de la exclusión, la subordinación, la explotación y la violencia sobre esos cuerpos que tanto nombran. Podrán decir que eso no es democracia pero lo cierto es que países como Colombia han tenido elecciones, partidos, división de poderes, libertad de empresa y respeto casi sagrado a la gran propiedad privada capitalista, ingredientes necesarios de las llamadas democracias y asuntos no mencionados (ni criticados) en el manifiesto.

Lo que sigue es sincretismo político puro: interculturalidad, democracia radical, empoderamiento de las mujeres, socializar el poder, manejar los conflictos, los disensos y las visiones discrepantes… y de nuevo el estribillo: derechos, estado protector, aporte de las mujeres al cuidado … todo muy noventero y dentro de los límites a los que puede llegar la rebeldía ONGera. Así como malabaristas lanzan al aire ideas sueltas para producir un discurso acorde con la corrección política actual, muy bien financiado por la cooperación internacional (USAID a la cabeza), por la inútil pero bien pagada burocracia de las Naciones Unidas, y por cualquier estado que tenga dinero e interés de pagar por sus importantes proyectos (sus apartamentos, sus cenas, sus cócteles y sus proyectos de ley para encarcelar a varones pobres y racializados) que sólo benefician a quienes los gestionan. A estas feministas que siguen acumulando fama, dinero y éxito les recomendamos respetuosamente que ojala, a diferencia del anterior encuentro de Bogotá, esta vez sí podamos saber en qué se gastan el dinero que piden en nombre de todas.

Bombón

La gordura y la esquizofrenia capitalista

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Si no le gusta ser gorda es su problema.  Si le molesta la grasa de su panza, de sus caderas o sus piernas, haga ejercicio, haga dieta, haga algo. Si decide por alguna razón acoger y acatar el canon estético de la delgadez me parece bien, hágalo y haga algo por responder a eso. Pero ¿cuál es la razón que le lleva a querer imponer sus creencias a las demás? ¿Por qué debo escuchar recomendaciones sobre las miles de fórmulas mágicas para adelgazar? Si usted quiere envenenarse con pastillas, dejar de comer chocolate o empanadas me parece perfecto pero no crea que espero sus consejos, o que sus recomendaciones o sus apreciaciones acerca de mi cuerpo me interesan. Ese es mi problema y será mi asunto si quiero o no cambiar mi apariencia pero ¿de dónde saca que quiero escuchar cómo le funcionan de bien esas pastillas que atacan directamente la grasa localizada?

Esta sociedad misógina constituye modelos estéticos en hegemónicos y a todas las mujeres en entes que persiguen alcanzar los estándares establecidos: todas rubias, todas de cabello lacio, todas delgadas. Pero no quiero hablar del marcado rasgo eurocéntrico del estándar actual que pretende mujeres de estaturas y delgadeces bastante ajenas a las realidades de nuestros cuerpos. Yo no he estado conforme nunca con mi apariencia y siempre he tenido conflictos con el tema, pero no puedo dejar de pensar en que en parte esa sensación de inconformidad proviene un régimen que no perdona a quienes se alejan de la norma hegemónica a quienes no se pliegan al orden de delgadez. Yo he escuchado opiniones que no he pedido de mis familiares, de amigas o conocidas, pero incluso las he recibido de desconocidas o extrañas que no tienen ningún problema en asumir de partida que tengo un problema con “mi peso”, que eso me debe generar angustia y se apresuran a darme alternativas. De ese asunto anecdótico e individual sin embargo, se desprende una reflexión más estructural acerca del impacto colectivo que tiene la industria edificada sobre la base del control sobre el cuerpo de las mujeres.

La alimentación es una de las condiciones básicas de la dignidad humana y de la autonomía de los pueblos pero cada vez más es un negocio que refleja la desigualdad, en la que los privilegiados exhiben la gordura como pandemia, mientras que grandes sectores sociales padecen hambre y no tienen acceso ni al mínimo vital. Es una especie de esquizofrenia colectiva se condena lo que se promueve: se condena la gordura, pero se promueve el consumismo y se especula con el precio de los alimentos. En un actualizado régimen de poder se busca controlar, uniformar y transformar a los cuerpos en mercancía para vender o comprar. El cuerpo se cercena, se inyecta, se le da forma, recortando así los márgenes de libertad y autonomía individual y colectiva. Una apuesta feminista libertaria se opone al régimen de opresión capitalista que especula con los alimentos, los medicamentos y la cirugía plástica pero también contra la acumulación de la riqueza, la privatización de las semillas y el consumismo.

Bombón.