Archivos Mensuales: julio 2010

La guerra de los machos

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Que triste tener que seguir repitiendo una y otra vez la historia: varones inflados de poder que quieren demostrar quien es el más macho y juegan a la guerra… Supongo que Uribe y Chávez deben estar pensado que son los más machos… ¡pero además los más originales! sólo a ellos se les ocurre llevar a dos países al borde de una confrontación armada para demostrar quien tiene la razón!
Alguien tendría que darles la mala noticia: son simples reproductores de un orden político patriarcal que sobrepone la muerte a cualquier otro valor. Que la historia (sobre todo nuestra historia) esta plagada de machos guiados únicamente por la testosterona, que han sacrificado miles de vidas por la Patria, la Nación, la Dignidad Nacional, Dios, etc., etc. Yo no creo ni en la patria, ni en la nación, ni en la dignidad nacional, ni en Dios! Me resisto a justificar la guerra! Me declaro en desacato en un mundo guiado por los machos guerreristas (lo más peligrosos pero no los únicos de cuidado)! Ni en Gaza, ni en Afganistan, ni en Irak, ni en Colombia, ni en Corea del Norte: la guerra no se justifica!

Más independencia, menos gritos

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Hoy el país se levantó con el alboroto propio de quien festeja su cumpleaños o se ha tragado una tonelada de aire para hinchar airosamente su pecho y con ese mismo aire recorrer las calles de su ciudad. “Nos independizamos hace 200 años” -dicen por ahí-, “¿esto no es por lo de la operación jaque?” -otros aciertan a decir-, “aquí esperando que empiece el concierto” –los más animosos-. Y claro! Es que celebramos que ya nos llamamos como queríamos: COLOMBIA; que podemos decidir para donde encaminarnos y hasta nos inventamos nuestras propias leyes. Celebramos que ya no vivimos en la casa del rey y sus deseos dejaron de ser órdenes.

Sin embargo, poco a poco se me fue desinflando el pecho cuando veo que ciertamente esta independencia que gritamos hace 200 años nos sigue costando muchas vidas que soñaron un sentido de la independencia para todos (incluidos los de ruana) y para todas y eso nos incluye. Y ya me quedé sin aire, con tantos honores a la guerra sin ver que las revoluciones más profundas no han atravesado carne humana, han usado más bien preguntas para atravesar cada prejuicio que encuentran a su paso.

Me gustaría caminar o correr (pero no marchar) orgullosa cuando encuentre que podamos ser felices con nuestro nombre de mujer, de indígena, de negra, campesina. Cuando nos sintamos únicas dueñas de nuestros cuerpos. Cuando vivamos en casas que no naveguen con la lluvia. Cuando dejemos de elegir reyes y tengamos un espacio para las ideas diferentes, como dice Emily Dickinson para “atrevernos a vivir en voz alta” sin necesidad de gritar, sin que nadie nos grite.

200 años después, iniciamos nuestra campaña emancipadora

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Hace doscientos años, el futuro olimpo de héroes-varones-criollos escenificó junto a un contingente de mestizos, indígenas y afrodescendientes desarrapados, y un puñado de mujeres, la aventura de derrotar un imperio que decidía sobre al acceso a los recursos y a la tierra, sobre el pensamiento, sobre la religión y sobre lo que significaba ser hombre o ser mujer, a ese episodio se le llamó la Campaña Libertadora. El medio elegido para cambiar el orden establecido, fue la lucha armada, a la que seguiría el nacimiento de un nuevo país, en donde los indígenas recobrarían sus tierras, los negros afrodescendientes serían liberados y las mujeres gozarían de mejores condiciones de vida.

Sin embargo, el sueño de un nuevo país solo se cumplió para unos cuantos varones mestizos de piel clara. El resto siguió con los mismos problemas y además con la terrible desilusión que sufre el que es traicionado por sus compañeros de lucha. Esa desilusión continúa hasta el presente.
Por eso, hoy nosotras nos levantamos en rebeldía, sin armas, sin ejército, sin caballos y sin héroes, para iniciar una nueva ruta, que en este caso no será libertadora, sino emancipadora (Entendiendo que la emancipación significa romper las cadenas de la servidumbre, acabar con la sujeción y propiciar el reconocimiento de la autonomía). El motivo es el mismo de hace doscientos años, solo que esta vez queremos que el sueño se haga realidad para todas y para todos.

¿Independencia?

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El patriarcado y sus lógicas se han hecho ley en este territorio. No hay mucho que una mente sensata pueda celebrar el 20 de julio. Las mujeres, los afrocolombianos, los indígenas, los pobres, los disidentes, los que hablan, sienten y piensan distinto seguimos viviendo la exclusión y la discriminación que alienta el mantenimiento de estructuras de poder que despojan de lo espiritual y lo material, de la dignidad y de los derechos, de la posibilidad de pensar y deliberar, e incluso de la posibilidad de amar, de ser feliz y del buen vivir.
La “Independencia” ha sido formal pero no mental, ni espiritual, ni corporal. Los esquemas de dominación eurocéntrica que se establecieron desde la Conquista siguen vigentes. La imposibilidad de pensarse desde la diferencia es el pan de cada día en un país que mata al que piensa distinto, reproduciendo la manera bárbara como se ha forjado parte de la historia de la humanidad. Independencia implica libertad, autonomía y buen juicio. De las dos primeras no gozamos como Nación, de la última muchísimos no gozan, incluido quienes nos gobiernan y les eligen. Con Bases Militares gringas en nuestro territorio, el colonialismo se viste de nuevo traje; con el paramilitarismo controlando ciudades, barrios, el turismo, la naturaleza y la política, la guerra se mantiene; con fantoches presidentes que se rasgan vestiduras porque se castiga al Estado y a los militares por asesinos, la impunidad se consolida; con discursos reeditados de un pasado trágico como el de la Unidad Nacional que recuerda al pacto bipartidista, la memoria y la historia se desechan. Con más guerra y violencia como las que usan el narcotráfico, las guerrillas, las bandas, los ladrones, no hacemos más que condenarnos a lo peor del pasado de esta cosa que han llamado humanidad. Con las divisiones, las peleas por recursos, el replicar de las relaciones tradicionales de poder en las organizaciones, las izquierdas, los movimientos sociales, nos condenamos a convertirnos en lo que criticamos y a contribuir en la consolidación de una hegemonía de muerte y acumulación.
Por eso hoy más que nunca es necesario el Desacato Feminista para poner patas arriba el mundo desde las ideas y la práctica, desde la auto reflexión y la crítica, desde las palabras y las emociones, desde la razón y la digna rabia, desde el amor, la amistad, el disenso y el conflicto de manera sana y constructiva. Por otro mundo, al menos imaginémoslo con, en y desde el corazón y la cabeza!

En el bicentenario

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En Colombia aprendimos a sobrevivir, a resignarnos, a aceptar un destino de privaciones ycarencias… Es lo que pasa si no recibes educación de calidad, si aprendes una religión basada en la aceptación acrítica de tu destinoy si además vives en un Estado que sólo conoces gracias a su caridad o la represión… Esta es la única explicación que tengo a lo que pasó en las elecciones: después de ocho años de represión, persecución a la oposición, corrupción y terrorismo de Estado, se volvió a elegir lo mismo con un ingrediente adicional: el presidente hace parte de la tradicional oligarquía patriarcal bogotana.
Respiramos luego que la Corte desbarató el proyecto totalitario unipersonal de Uribe, pero ahora caímos en el profundo abismo de un gobierno en cabeza de una élite recompuesta, fortalecida y legitimada por millones de votos (unos legales, otros fraudulentos). En este triste bicentenario quiero revivir las palabras de la Pola en el patíbulo: “¡Pueblo indolente! ¡Cuán distinta sería hoy vuestra suerte si conocierais el precio de la libertad! Pero no es tarde. Ved que, mujer y joven, me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más. ¡No olvidéis este ejemplo!”.

Desacato feminista nos lleva a resistir esta ola de unanimismos y homogenización: nos rebelamos al poder patriarcal que se consolida… pero nuestra rebelión es tan radical que no vamos a morir por ello como la Pola: para horror del poder patriarcal! Viviremos para resistir, para hablar, para no dejar pasar!!!

Comenzamos…

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Un desacato consiste en “faltar con el respeto en el ejercicio de la función o en razón de ella”. Sería algo parecido a considerar que cuando nos hacemos mujeres una suerte (o mala suerte) de mandatos querrán ser nuestras amigas a lo largo de nuestra vida y algunas hemos querido decir: gracias, pero no! Reconocer nuestras experiencias como mujeres y aprender de las experiencias de las otras, nos ha llevado a una reflexión que transita por nuestra cotidianidad, en nuestro trabajo, en nuestras relaciones humanas… Es este un espacio para expresar nuestra incorformidad, para expresar nuestras inquietudes, para mantenernos en desacato frente a cualquier forma de sujeción patriarcal. Es un desacato feminista, como una forma de invitar a construir diferentes formas de pensarnos y pensar el mundo.