“La camaradería entre ellas”

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Es difícil enfrentarse a la idea de que un tema que el feminismo trabajó por décadas (las mujeres y el poder político) con mucha pasión, por ser considerado muy potente y revolucionario, terminó siendo un slogan que abarca las primeras planas de la prensa, totalmente despojado de radicalidad y espíritu transgresor. Muestra de ello es el artículo: “Tres duras del Congreso desafían el machismo en la política”, encabezado por la foto de tres mujeres. Leer el texto es una pérdida de tiempo en tanto no contiene absolutamente nada distinto a los halagos y autohalagos que las tres entrevistadas se lanzan entre sí. Sin embargo lo que me motivó a escribir sobre el tema es la contradicción misma que pone de manifiesto.

El texto presenta a las congresistas como defensoras de la “equidad de género” (¿?), como la combativa resistencia al “machismo” de dicho escenario, en lo que parece una especie de paréntesis de quienes son, de sus ideas políticas e inclusos de las luchas que han dado. Se dice que son “inteligentes, preparadas, disciplinadas y muy activas en el Congreso”, tal vez porque si no lo hicieran expreso alguien podría dudarlo… Es decir, “a pesar de ser mujeres merecen estar en el congreso”.

La nota liquida el hecho de que supuestamente están en orillas ideológicas opuestas, algo que no viene al caso porque la idea es mostrar que actúan como bloque frente en el congreso. Sin embargo, me cuestiona que el frente unido contra el machismo lo integre una congresista como Paloma Valencia que ha hecho propuestas llenas de clasismo y racismo como dividir al departamento del Cauca entre mestizos e indígenas. Es la misma que ha afirmado que la región del Catatumbo es un “un laboratorio criminal que amenaza con extenderse a todo el país”, es decir ha criminalizado al campesinado que lucha y resiste desde hace décadas por su dignidad y su territorio. Alguien que finalmente dice de sí misma que es una “Uribista pura sangre a mucho honor”, es decir, que se reivindica como parte del proyecto paramilitar que históricamente se ha lucrado del despojo, la explotación y el asesinato en el país.

Las congresistas que posan a su lado, Angélica Lozano y Claudia López, sorprenden con su nuevo discurso feminista ya que no hace mucho querían tomar distancia de un tema que no consideran rentable políticamente. Asombra en todo caso que a Claudia López no le haya molestado posar con una representante de su supuesto némesis político, en tanto ella ayudó a destapar la infiltración paramilitar en la política regional y local ¿Es tanta su convicción sobre la “equidad de género” que no le parece problemático posar con Valencia? En todo caso no he visto que se hayan pronunciado contra los asesinatos de mujeres en Buenaventura (asunto que no se tuvo en cuenta dentro de la ley de Feminicidio), no escuché de ninguna de ellas una voz de solidaridad con la compañera activista lesbiana que murió hace poco (cuando se desbordaron en manifestaciones en otra situación mucho más visible en medios de comunicación).

Las mujeres en política hasta ahora no han cambiado la política porque actúan sin cuestionar sus propios privilegios. No dan muestras de solidaridad con quienes no son de su clase social, con quienes no tienen poder, ni reconocimiento, entonces es igual si el congreso está lleno de hombres o mujeres. No se si esta afirmación es feminista o no, sólo que una imagen como esa está muy lejana del feminismo que yo imaginaba o el que quería construir.

Bombón.

Link a la nota de El Tiempo (12/09/2015): “Tres duras del Congreso desafían el machismo en la política”

Ni una más, ni una menos…

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NiUnaMenos_BsAs_001El mes que pasó seguramente quedará en el recuerdo de muchas feministas latinoamericanas como una semana llena de logros históricos. Por un lado en Argentina miles de personas se movilizaron denunciando los feminicidios, los asesinatos de mujeres; mientras en Colombia, con solo unas horas de diferencia, se aprobaba una ley que convertía en delito el feminicidio. Sin embargo es preocupante lo que ocurrió en estos dos hechos.

En Argentina desde la Iglesia católica hasta Tinelli (reconocido por sus espectáculos misóginos en la tv argentina) se unieron a la movilización, este último hasta posó con un cartelito que decía “Ni una menos”, el nombre de la campaña, lo que provocó la reacción de diferentes sectores feministas que lo consideraron un hipócrita y oportunista. En Colombia pasó algo similar, ya que la iniciativa que se discutía en el congreso para tipificar el feminicidio como delito contó con el apoyo de María Fernanda Cabal (congresista uribista), otra que también se tomó la foto, pero con camiseta que decía “Ni una más” y con un grupo de sonrientes feministas.

Creo que el problema en ambas situaciones, más allá del rechazo o de la aceptación cómplice, es el discurso feminista que subyace, un discurso tan light, tan inofensivo y carente de radicalidad que cualquiera saca cartel y se lo cuelga. Tal como hace el Estado de Israel o Estados Unidos, cuando usa su discurso de respeto por los derechos de las mujeres para limpiar su nombre, mostrarse moralmente superior frente al cruel patriarcado musulmán, y de paso justificar sus acciones bélicas. El discurso feminista parece radical cuando muchas feministas y autoproclamadas feminazis amenazan con machete al machote, el problema es que se quedan hablando de machos violentos o de violencia machista, y todo se reduce a que los hombres no respetan los derechos de las mujeres, y que por ello deben ser educados o erradicados (según las más “radicales”) y con eso se solucionará el problema, con eso se acabarán las muertes, las violaciones y la trata. Pero qué pasa cuando los feminicidios y la violencia sexual no se pueden desligar de estructuras socio-económicas más complejas, como en el caso de las mujeres guaraníes atacadas y violadas por sicarios enviados por las empresas extractivistas que quieren aniquilar y echar de sus territorios a las poblaciones indígenas ¿Qué vamos a decir frente a esto?

No creo que la iglesia se hubiera unido tan tranquilamente a una marcha de denuncia por los asesinatos de mujeres perpetrados por las empresas multinacionales o que María Fernanda Cabal hubiera apoyado una Ley que condenara con dureza los feminicidios y los abusos contra las mujeres indígenas que luchan por sus territorios en el Cauca. El problema entonces no es la hipocresía o la doble moral de Tinelli, de la iglesia y de la Cabal, el problema es ese discurso feminista tan ligero, tan estereotipado (al estilo guerra de los sexos), tan descontextualizado que sirve para ocultar otros problemas y  las otras causas del problema (no son sólo los machos), la lista va desde las políticas neoliberales e imperiales de exterminio hasta el racismo.

Por cierto que revisando las fotos de la marcha no vi un solo cartel alusivo a la violencia racista o capitalista contra las mujeres empobrecidas, negras o indígenas…Pero es que de esas cosas no se hablan en una marcha contra la violencia y el feminicidio…debe ser por eso que Tinelli, el papa y la Cabal (y quien sabe cuantxs más) también quieren mover sus banderitas violetas!

Lisa S.

El 8 de marzo no es sagrado

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8demarzodesacatoEste 8 de marzo es domingo, sin duda un día perfecto para convocar una movilización! Pero esta vez ¡oh sorpresa! le salió una nueva competencia mediática al día Internacional de las Mujeres: una marcha organizada por Antanas Mockus que moviendo sus contactos ha logrado que hasta el mismo Pepe Mujica se pare con el cartelito para decir que la vida es sagrada. Una “vida” que no se si es “pro-vida” y un “sagrado” que no acabo de entender si es “sacro-santo”…

¿Será que a este personaje público se olvidó el pequeño detalle y no vio problema anunciar oficialmente su actividad en esta fecha? Refregándome ojos y oídos llegué a pensar que quizá se trataba de la marcha del 8 de marzo por la VIDA DE LAS MUJERES y que quizá yo había entendido mal… pero no fue así. Le pregunté a través de su página en Facebook y me respondió lo siguiente: En muchos espacios hemos aclarado que la fecha propuesta era el 4 de febrero. Sin embargo, tras la propuesta de varias organizaciones, principalmente de mujeres, la fecha se escogió a través de una votación en W Radio y El Tiempo. Saludos.”

No se necesitan muchos dedos feministas de frente para entender que esto es un error tan craso como proponer hacer su movilización el 24 de diciembre o el 20 de julio porque respondieron muchos curas y militares su tal encuesta. No esperaba tampoco que Antanas se movilizara y marchara con las mujeres para este día, pero cualquiera pensaría que si no va a ayudar por lo menos no entorpezca. Saber que el 8 de marzo es un día de lucha para las mujeres, hoy día ya hace parte de la cultura general, así que caben todas las sospechas sobre esta “inocente” coincidencia.

Mi conclusión que para Antanas y su equipo asesor el 8 de marzo si no es “sagrado” como lo es la vida en abstracto que defiende esta marcha. Es un día de lucha que se puede simplemente ignorar y tal vez para que no parezca tan insensato, al final ha intentado resolver pegando con babas frases en sus slogans de último minuto como: ““Mañana domingo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, vamos a marchar por la vida”.

Por otra parte tampoco creo que el problema es que “debieron habernos consultado” (columna número 300 de Florence), porque supuestamente algunas organizaciones de mujeres si estuvieron de acuerdo y están en todo su derecho. Esto no es un error del número de organizaciones “legítimas” que fueron consultadas, el problema está en su desinterés político y el de su equipo y una muestra más de su vacío de propuestas concretas para la igualdad. La marcha por la vida, es una marcha por personas en abstracto, sin cuerpos signados por las violencias y la discriminación; son vidas que muchos saldrán a defender, pero que cuando le ponemos nombre, sexo, las racializamos, les asignamos estrato social, ya nos parecen absurdas e insignificantes… así como las movilizaciones por el día internacional de las mujeres que bien se pueden omitir.

Para mi no es importante que la campaña de los 8 de marzo salga en la primera plana de los medios masivos de comunicación. Lo que realmente me importa es que todavía existan quienes piensen que vale la pena seguir peleando la libertad de las mujeres, seguir rompiendo los sesos para encontrar frases nuevas, construir cada año mensajes e imágenes que nos libren de los estereotipos (de las flores, los chocolates y las canciones de Arjona de una vez y por todas). Nuestra lucha debe ser rebelde, digna, fuerte y profunda. Se hará en lo cotidiano, se sentirá en las calles y en las casas. La vida en abstracto -sin cuerpo-, no es vida. Este 8 de marzo, como muchos otros días del año y en diversas partes del mundo, seguiremos alimentando una lucha que es imparable… seguiremos diciendo no necesitamos “sacralizar” nuestra vida para que sea valiosa, que podemos vivir sin miedo y que seguiremos de pie para seguir combatiendo esa realidad que no nos gusta.

BURBUJA

El feminismo ante la crítica…a propósito de domesticaciones y señalamientos

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BLOG_1La crítica debería ocupar, siempre, un lugar determinante al interior de los movimientos (colectivos, redes, organizaciones) que pretenden desafiar las formas y contenidos del mundo/sentido común imperante. A pesar de ello el lugar que ocupa dentro de estos espacios es angosto, pequeño y muy incómodo. Y esto es lo que ocurre en el feminismo.

Hace décadas gran parte del movimiento-pensamiento feminista llegó o suscribió unos acuerdo esenciales sobre cuál era su agenda de lucha, estos acuerdos esenciales parecen hoy intocables e indiscutibles, de manera que quien se atreve a cuestionarlos es vista con sospecha, y rápidamente es llamada misógina o patriarcal, palabra que funciona como etiqueta/maldición/estigma que condena a la señalada y a sus palabras al descrédito. Cuando las feministas racializadas señalan que el feminismo es racista, la respuesta inmediata es decirle: ¡Patriarcal! Si alguna señala que muchas feministas gozan de privilegios de clase, la respuesta es: ¡patriarcal! Si se te ocurre decir que el feminicidio es un concepto racista que esconde que las principales víctimas no lo son solo por ser mujeres, sino por sus condiciones de raza y clase, la acusación es: ¡patriarcal! Si algunas compañeras optan por apoyar causas campesinas, indígenas o afros sin concentrarse solo en las mujeres se le grita: ¡Patriarcal! De esta manera muchas feministas tratan de acallar la crítica interna, metiendo impunemente en el mismo saco al feminismo crítico, a la iglesia, al estado y a cuanto inquisidor hay por ahí.

Sin embargo al mismo tiempo que rechaza las críticas que rompen o cuestionan los dogmas de la fe feminista, se regodea en su crítica (de siempre) al mundo patriarcal, la crítica obvia, la que se ha vuelto un cliché de tanto repetir de generación en generación. Me refiero a la fácil y cómoda guerra de los sexos repetida sin cesar por cada generación feminista. Esa es la crítica que hace sentir bien al feminismo consigo mismo, esa es la crítica que la sociedad espera de las feministas; que hablen de género, de las mujeres y su mayor problema: los hombres. Para el feminismo común la existencia del capitalismo, del racismo, del genocidio, del terrorismo de estado o de la destrucción del medioambiente, son luchas subsidiarias a una lucha principal, luchas paralelas con las que como mucho hay que solidarizarse. Y eso repiten todas las feministas, desde la más liberales hasta la más radicales, su libreto es tan conocido que ya la sociedad les pide “Feministas digan lo suyo!”

Para decir lo suyo son invitadas a las mesas de diálogo en la Habana, para decir lo suyo se conforman comisiones de género en los partidos políticos, para decir lo suyo se les conmina a apoyar cualquier campaña política, y entonces en todas estas situaciones ellas usan las palabras mágicas: género, mujeres, misoginia y patriarcado…y todos y todas asienten porque han dicho lo suyo…en esos espacios pequeñitos que el patriarcado generoso les brinda…

La crítica feminista se volvió predecible a pesar de que muchas siguen creyendo que aún pisan callos, pero me temo que cada vez pisan menos en una sociedad cuyas formas patriarcales cambian, hoy cualquier progre (ella o el) recita con cierta facilidad la santa trinidad feminista: género, mujeres y patriarcado. Me preguntarán si se lo creen o lo practican… no lo sé… pero sin duda da muestras de un estancamiento en los análisis, los argumentos y la crítica feminista…tal vez sería bueno no resistirse a los demonios de la crítica interna para salvar algo del feminismo.

Lisa S

Las feministas y el poliamor, una relación complicada (del dicho al hecho…)

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Imagen: Fercho Yela

Imagen: Fercho Yela

Escuché hablar del poliamor por primera vez a través de algunas lesbianas feministas comprometidas política y personalmente, sin embargo tiempo después me di cuenta de que son contadas con los dedos de una mano las feministas y las lesbianas feministas que lo practican y reflexionan sobre el tema. A decir verdad, son más las que lo ven como un problema dando lugar a situaciones difíciles o imposibles para quienes quieren pensar y practicar el amor y el deseo de una forma ajena a la norma monogámica heteropatriarcal.

La realidad es que son muchas las feministas que prefieren ignorar la crítica a la monogamia a pesar de ser un elemento determinante dentro de la configuración del heteropatriarcado, ya que le da forma definitiva al orden binario sexo genérico, es decir a través de ella se hace realidad eso de que el fundamento de la familia y de la sociedad es la pareja hombre-mujer, con todas las jerarquías y asignaciones económicas y sociales que conlleva para unos y otras, además de facilitar el control sobre los cuerpos y la vida de las mujeres.  Y esto sucede a pesar de los trabajos críticos de las corrientes más radicales del feminismo y del lesbofeminismo sobre la monogamia.

Pero si en el análisis teórico no cuenta, más grave resulta la práctica, ya que muchas feministas y lesbianas feministas siguen al pie de la letra la norma heteropatriarcal del control y vigilancia, casi policiales, de la pareja monógama. Así, cualquier pareja que intenta abrir la relación, muchas veces es cuestionada y boicoteada con chismes, burlas y llamadas telefónicas. De hecho cuando una pareja se plantea la posibilidad del poliamor o de una relación abierta surge (de su grupo) un denso interrogatorio sobre sus sentimientos, sus miedos o inseguridades y se olvidan de su propia responsabilidad en cuanto a construir un espacio social más receptivo y dispuesto a apoyar a quienes cuestionan las cárceles del amor y del deseo, de esta manera la “comunidad” hace pesar sobre dos personas el éxito o el fracaso de la decisión que están tomando.

Eso sucede en diferentes sectores de la vida social y lamentablemente lo repiten las feministas y a las lesbianas feministas. Y no hablo de que ahora todas sean poliamorosas, sino de recordar que el compromiso político de crear e imaginar un espacio social diferente también implican el amor y el deseo, y eso no se logra solo porque se ame o se deseen mujeres (que es un gran paso) o se consiga que la pareja varón hable con lenguaje incluyente (ese si no sé si sea un gran paso) sino que conlleva ser cómplices de esas otras que sí se atreven a poner en acto otras formas de establecer las relaciones erótico-afectivas.

Este debate seguro no les interesa a los defensores de la familia, pero si es urgente dentro de un feminismo hasta ahora bastante conformista con algunos logros de igualdad entre varones y mujeres, y un lesbofeminismo que si bien se niega a cantar canciones de boda poco se atreve a  imaginar un mundo más allá de la monogamia.

Lisa S

¿Está mal un concurso de belleza que expone a niñas en tanga?

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frase-mafalda2--644x800Mi primera reacción sobre la nota y el escándalo alrededor del concurso de niñas desfilando por una pasarela en tanga contoneando lo que en unos años serán, o no, unas caderas fue de rechazo. Pero he estado pensado en las razones del rechazo. Me aterra la línea a veces demasiado delgada entre los argumentos feministas y el moralismo conservador. ¿Está mal mostrar el cuerpo? ¿Un bikini es necesariamente sinónimo de sexo, de sexualidad, de sexualización? ¿Condenamos el concurso por las mismas razones del porno? Personalmente no cuestiono todo el porno, porque no creo que todo es sometimiento ni violencia, sino que también hay agencia y goce. Es un asunto completamente distinto.

Entonces ¿qué está mal? En otros países las niñas pequeñas van a la playa desnudas de la cintura para arriba, al igual que muchas mujeres, algo impensable aquí donde el riesgo de quitarse la parte de arriba del bikini es terminar en una estación de policía. Aquí a las niñas e incluso a las bebes les ponen vestidos de baño… un adoctrinamiento temprano acerca del deber de ocultar el cuerpo, en particular aquello que es pecaminoso a la mirada externa. Y entonces tal vez es por allí que puedo encontrar qué condenar. Por supuesto no a las niñas ni a sus cuerpos sino a todo el contexto construido a su alrededor… Un contexto que les enseña a maquillarse, a ver defectos en sus cuerpos, a desfilar, a ser lindas y agradables a la mirada externa en particular a la de los adultos varones.

Muchos se preguntan que pasa por la cabeza de mamás y papás que exponen a sus hijas a eso. Se pidió al ICBF quitarles la custodia de sus hijas. Monseñor procurador metió su mano purificadora. Yo pienso que nos son monstruos ni excepciones sino que simplemente viven un contexto sexista, cosificador de cuerpo de las mujeres, clasista, elitista y profundamente desigual en donde la única posibilidad de ascenso social si se tiene un hijo varón es que sea futbolista y si es una niña es que sea “bonita”, para que sea modelo, reina o se “case bien”. No veo un asunto moral. Veo un asunto social, de una sociedad que condena lo fácil y superficial, pero es incapaz de cuestionar las bases profundas de su desigualdad. Una sociedad donde las mujeres siguen siendo objetos para la venta y exposición como producto de un régimen capitalista, patriarcal y heterosexista que se lucra con la explotación de sus cuerpos. El asunto insisto, no es moral, sino social y económico, de las oportunidades que se les niega a las niñas cuando aprenden que su único o más importante valor es su cuerpo, su apariencia física, como las juzga la mirada externa.

El caso de estas niñas despertó la fácil, rápida y pasajera indignación de todos y todas, que sin embargo se esfumó cuando semanas después, el país celebró orgulloso los éxitos de Miss Universo, o sea de una mujer en tanga. Nadie hizo pública la relación que existe entre miss tanguita y miss universo. Las feministas deberíamos estar alerta para evitar ser parte de ciertos coros que reproducen posturas clasistas y conservadoras. Exponer en una vitrina a las mujeres como cuerpos a la venta es sexismo, incluso aunque esté rodeada del encanto propio del capitalismo gringo.

Bombom.

“La primera feminista de Colombia”

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Tomada de: http://feministasafrodiasporicas.blogspot.com/2014/11/marcha-de-los-turbantes.html

La vida está plagada de grandes ambivalencias, de contradicciones y de contingencia. La vida política por otra parte está llena de injusticias, de desigualdades y sobre todo de privilegios que son posibles por la opresión de otros, de otras. La semana pasada para mí fue una de esos momentos donde el peso de la desigualdad y el privilegio se hizo evidente de una manera cruda. De un lado, en el edificio de posgrados de ciencias humanas de la Universidad Nacional se conmemoraban los 20 años de la Escuela de Estudios de Género y Feministas, por el otro un grupo de mujeres marchaba desde algunos municipios del Norte del Cauca hacia Bogotá, intentando hacerse oír en un país en donde lo que pasa fuera de Bogotá no importa.

En la Nacional escuchamos los desarrollos de los estudios de género en Colombia en varios centros académicos del país. Mientras tanto la marcha de los turbantes, como se denominó la movilización de las mujeres negras, llegaba a esta ciudad hostil y racista. En la Nacional asistimos a un homenaje a las pioneras del feminismo académico en Bogotá, y lo que yo esperaba fuera un acto político, un merecido homenaje a académicas y activistas que han trabajado para que este tipo de estudios tenga lugar en una academia que aún no los considera “serios”, terminó siendo un acto de exaltación del privilegio en donde la palabra una vez más la tuvieron las extranjeras del grupo: Donny Meertens y Florence Thomas. A su lado estaban Yolanda Puyana, Magdalena León, María Eugenia Martínez, tres grandes investigadoras y profesoras que seguramente habrían tenido un poco más de contexto político para saber que mientras estábamos allí, afuera un grupo de mujeres negras se enfrentaba a la histórica indiferencia gubernamental y social a sus demandas. Se enfrentaban a años de racismo y explotación, ahora encarnada en un gobierno que pretende entregar a las grandes corporaciones mineras lo que tradicionalmente ha sido su sustento, contaminando sus aguas y envenenando sus tierras.

Tal vez no recuerde de manera literal las palabras de Florence Thomas, pero cuando recibió el reconocimiento, hizo notar en tono de burla que esa tarde iban a tener la palabra las dos europeas del grupo, lo cual era particular porque al parecer por estos días estaba mal visto ser europea y blanca. Que ahora siempre le decían que debía hacer una especie de renuncia, porque era algo de lo cual avergonzarse (que debía deseuropeizarse) pero que para ella en realidad lo que había que hacer era “descatolizarse” (quién sabe qué significa eso). Nadie dijo nada. Yo no dije nada. Tal vez por rabia el insulto se dejó pasar como tantas veces se ha dejado sin controvertir sus afirmaciones acerca de que ella fue la que “trajo” el feminismo a Colombia o que habla por todas las mujeres.

Ella que se ríe desde el privilegio no se dio cuenta de lo inapropiado de expresar públicamente su desprecio por la crítica realizada desde los feminismos negros, comunitarios, autónomos, precisamente en la semana en que las fuerzas de la policía, del escuadrón antidisturbios, amenazaron con agredir al grupo de mujeres caucanas que se vieron obligadas a tomarse la sede del ministerio del Interior porque nadie las escucha, porque ni sus vida ni las de sus familias y comunidades le importa a nadie porque son personas negras, pobres y de provincia. Ella se ríe de las críticas y escribe en SOHO, una revista que se jacta de no pagarle a las modelos que desfilan en sus páginas como mercancía disponible. Ella que pretende hablar por todas por, “ser la primera feminista en Colombia”, habla desde su privilegio de europea en un país servil, es incapaz de cuestionar sus prácticas políticas y por supuesto, sus privilegios. Ella que disfruta de tener una pensión puede seguir tranquila en su confortable apartamento bogotano, y por otra parte, las mujeres caucanas seguirán en el Ministerio, peleando y resistiendo hasta ser escuchadas.

Bombón.