¿Si una mujer avanza, avanzamos todas?

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©BULENT KILIC/AFP/Getty Images

Cada día circulan más memes con mensajes de autoayuda, algunos de ellos publicados por mis contactos en Facebook o en Twitter y me siento inquieta. Me quedan en la cabeza sobre todo los que anuncian la sororidad feminista, el amor universal entre mujeres o el apoyo como parte de la resistencia antipatriarcal. Uno de los últimos que leí tenía la frase “Si una mujer avanza… ¡avanzamos todas!”, y algo más sobre la sororidad. Me quedé pensando en qué tan cierto es eso y lo primero que vino a mi cabeza fue el texto “Testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia”, que en uno de sus apartados dice:

“Señora, hace una semana que yo la conozco a usted. Cada mañana usted llega con un traje diferente; y sin embargo, yo no. Cada día llega usted pintada y peinada como quien tiene tiempo de pasar en una peluquería bien elegante y puede gastar buena plata en eso; y, sin embargo, yo no. Yo veo que usted tiene cada tarde un chofer en un carro esperándola a la puerta de este local para recogerla a su casa; y, sin embargo, yo no. Y para presentarse aquí como se presenta, estoy segura de que usted vive en una vivienda bien elegante, en un barrio también elegante, ¿no? Y, sin embargo, nosotras las mujeres de los mineros, tenemos solamente una pequeña vivienda prestada y cuando se muere nuestro esposo o se enferma o lo retiran de la empresa, tenemos noventa días para abandonar la vivienda y estamos en la calle. Ahora, señora, dígame: ¿tiene usted algo semejante a mi situación? ¿Tengo yo algo semejante a su situación de usted? Entonces, ¿de qué igualdad vamos a hablar entre nosotras? ¿Si usted y yo no nos parecemos, si usted y yo somos tan diferentes? Nosotras no podemos, en este momento, ser iguales, aun como mujeres, ¿no le parece?”

Leí luego noticias escritas por entusiastas periodistas que anuncian que en 2016 tres de las potencias mundiales estarán gobernadas por mujeres, lo que demostraría el avance y los logros del feminismo en el mundo. Hilary Clinton (EE.UU), Angela Merkel (Alemania) y Theresa May (Reino Unido), sin dejar de mencionar a Christine Lagarde (Directora del Fondo Monetario Internacional – FMI). Y me pregunto entonces, ¿Si una mujer avanza… avanzamos todas? ¿Quiénes son todas? ¿Las pobres de sus países, trabajadoras racializadas y explotadas? ¿Las mujeres que hacen parte de las miles de personas desplazadas hacia Europa huyendo de las guerras que EEUU, Alemania y el Reino Unido han promovido y alimentado en Afganistán, Irak, Siria, Yemen, Ghana, Nigeria y Senegal? sólo por nombrar algunos países.

La nueva primera ministra británica, Theresa May, ha asegurado que una elevada inmigración daña a la sociedad británica, y además, ha expresado que la inmigración masiva no tiene “beneficios económicos” por lo tanto es partidaria del cierre de fronteras a refugiadas/os. Clinton, eventual ganadora (y mal menor, en todo caso) ganó 3,15 millones de dólares en el 2013 ofreciendo discursos para empresas como Morgan Stanley, Goldman Sachs, Deutsche Bank y UBS, además, los medios hablan de su estrecho vínculo con los grandes bancos de Wall Street. Por otra parte, Ángela Merkel, conservadora también y Canciller de su país, luego de una inicial apertura cedió ante las presiones más conservadoras de su propio partido y de otros, para aprobar un acuerdo que endurece las condiciones para obtener el derecho al asilo. Berlín acelera cada vez más las expulsiones de inmigrantes sin estatus de refugiado y dificulta la reagrupación familiar de los refugiados.

Me pregunto de nuevo: ¿Si una mujer avanza… avanzamos todas? Y entonces me respondo con las voces de tantas mujeres racializadas, campesinas, migrantes, pobres y trabajadoras: para que el feminismo favorezca, como predica, a “todas las mujeres” debería ser antirracista y anticapitalista porque de otro modo sólo sirve a una pequeña élite de mujeres cuyos privilegios se sustentan en la explotación, en la marginación y en la exclusión de las mayorías sociales. El feminismo liberal, ese que triunfa en las oficinas del Estado y en los organismos internacionales, está cómodo en el capitalismo, pero ahí no cabemos todas, y no queremos caber.

Para el feminismo es urgente abandonar las políticas acríticas e integracionistas porque de otro modo hará parte de tantas propuestas ahogadas por la cooptación y el discurso de que no hay alternativas ni otros caminos posibles.

Bombón.

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