Archivos Mensuales: agosto 2012

Prueba tu agilidad mental!

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Para ayudarte con una pista, aquí puedes conocer un breve perfil de (Monseñor) Procurador General de Colombia, que tiene a su cargo “velar por el correcto ejercicio de las funciones encomendadas en la Constitución y la Ley a servidores públicos” en Colombia.

La pasión como política

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ImageMe pregunto si es una vivencia generalizada, pero he tenido la experiencia de estar defendiendo en una discusión un punto de vista, presentando un argumento o tal vez controvirtiendo una opinión, y escuchar: “¿pero por qué no te calmas?” “no hay necesidad de gritar”, “cálmate” y otras variantes orientadas a desarmarme, haciéndome pensar que perdí el control de la situación, el hilo argumental o que desbordé el límite entre lo racional y lo irracional. No puedo (ni quiero) hablar de las buenas o malas intenciones de quienes pronuncian estas frases pero si del efecto neutralizador que tienen.

En primer lugar, porque la persona que emite estas frases se ubica como dueña/o del aplomo, del tono y de las formas en las que debe ser llevada una discusión. En cierta medida se erige como la parte neutral o racional, por lo que su argumento en últimas es el que tiene la “verdad” ya que es capaz de defenderlo sin que “se le mueva un pelo”, mientras enfrente tiene a un/a histérico/a vociferante. En segundo lugar, a través de sus frases está diciendo que ha dejado de escuchar lo que tienes para decir porque se ha distraído por tu tono o tus formas, en esa medida, nada de lo que digas será tomado en cuenta porque no es racional. Tercero, su insinuación le quita validez a todo tu argumento porque según eso, el hecho de levantar la voz para defender algo significa que tus argumentos no tienen suficiente peso y acudes al grito como medida desesperada. En síntesis, te ponen en un lugar de subordinación porque se ubican del lado superior de la cordura y la sensatez. 

Personalmente creo que no podría defender causas que no me hagan hervir la sangre. Si hay una opresión que no me duela, que no considere indignante, una injusticia que no me llene de rabia, no tengo razón para luchar en su contra. Debe ser por eso que me dicen como insulto que soy una radical (¡no se si se dan cuenta que decirle eso a una feminista es un elogio!). La política es una disputa, una lucha entre puntos de vista, un conflicto que de manera ideal se tramita mediante la argumentación, mediante el lenguaje. Cuando se trata de luchar contra una injusticia, a través de la denuncia, de la puesta en palabras de la indignación, no se puede pedir un diálogo frío y neutral. Creo en la palabra como alternativa a la violencia, y por ello creo que gritar, defender con vehemencia un punto de vista, gesticular con energía y manotear no son siempre signos de violencia, irracionalidad o pérdida de los estribos. Muchas veces nos han dicho que nos prefieren calladas porque así estamos como ausentes…

Pero hace mucho ya que las feministas no sólo no nos quedamos calladas sino que estamos muy presentes y además gritamos, nos resistimos a las opresiones que vivimos y eso nos ha permitido valiosos cambios individuales y colectivos. La palabra política para nosotras es un privilegio recién adquirido y por eso nos apasionamos, gritamos, chillamos, soltamos nuestra ira porque no es con susurros y normas de etiqueta que vamos a combatir la opresión que nos niega la libertad, la autonomía y en ocasiones hasta la vida.    

Bombón

Sobre la prostitución

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Llevo algunas semanas pensando el tema de este post. Le he dado vueltas, he intentado escribir varias veces, desistí un par de ocasiones, hasta que por casualidad encontré un breve fragmento de un texto de Beatriz Gimeno que me dio el empujón que necesitaba para decidirme a tomar el riesgo de escribir. Digo arriesgarme porque la prostitución es un tema tan espinoso que muchas veces preferimos evitar ante lo difícil que resulta ofrecer una respuesta feminista a un fenómeno tan complejo. La única cosa que he tenido clara desde el principio es que busco apartarme de manera consciente y decidida de cualquier consideración moral acerca de la prostitución. Mi opinión no busca calificar comportamientos ni establecer jerarquías acerca del contacto sexual bueno o aceptable y el malo o reprochable. Mi interés es plantear algunas ideas acerca de la pregunta por la prostitución como expresión de la opresión capitalista, heteropatriarcal y racista.

Desde luego entiendo que hay muchos ángulos que decididamente voy a simplificar en un escrito tan corto. Sé que hay putas ricas, que trabajan en grandes casas cuya vida, integridad y salario están más que garantizados. Pero también hay grandes mafias internacionales que trafican con niñas, niños y mujeres a quienes engañan, luego explotan y violentan. También hay mujeres jóvenes que quieren ingresos extras para satisfacer el consumo de bienes suntuosos. Están lxs trans, quienes ejercen la prostitución porque en ocasiones no encuentran otro medio de vida. Están las pobres que ven el trabajo como una obligación y llevan una doble vida. Y así…. Muchas vidas, realidades distintas e incontables razones para ejercer la prostitución. De allí que poner alguno de estos ejemplos como la experiencia universal de la puta es reduccionista y poco útil.

Considero que la prostitución no es una manifestación del heteropatriarcado simplemente porque el bien de intercambio sean prácticas sexuales. Tampoco porque la herramienta de trabajo sea el cuerpo. Lo que realmente lo hace parte de la opresión es que no es un fenómeno aislado del resto de manifestaciones de un sistema misógino y androcéntrico. En un régimen capitalista, heteropatriarcal y racista las posibilidades de ser libres y autónomas es casi inexistente. Si vivo en una sociedad en la que en la publicidad, la historia, los medios de comunicación y las relaciones interpersonales, lo mujer es visto como objeto que se puede comprar, usar y violentar; si a falta de un análisis más profundo, creo que no son las putas las que se hacen ricas con su trabajo, sino el chulo, la red, lxs dueñxs del lugar donde trabajan,  ¿Puedo afirmar que la puta ocupa un lugar de privilegio sobre el cliente? ¿Qué hace diferente a la puta del “ama de casa”? ¿Cuál de ella es más libre? ¿La que sirve de receptáculo del semen o la que cree que su deber es limpiar la mierda de la ropa interior de su marido?

Creo sobre todo que a feministas como yo, nos hace falta escuchar a las putas. Oírlas. Saber qué piensan y cómo analizan su situación, ocuparnos de que su voz se oiga, se reconozca y no seguir hablando por ellas, ni interpretando su realidad desde el prejuicio y la pretensión de salvadoras. Yo no sé si las putas ejercen poder en la relación con el cliente, y no creo que alguien lo sepa sólo por el hecho de ser feminista y haberlo leído en algún lado. No sé si son víctimas. Pero considero que como todxs vivimos en un mundo cruzado por la opresión y me extrañaría que la prostitución fuera una isla libre del poder patriarcal.

Estas reflexiones tuvieron su origen en las fotos que vi de la “Marcha de las putas” que de partida, me pareció un acto de rebeldía al reivindicar que podemos ser putas y que nadie puede agredirnos por ello. Pero me pregunto, cuándo vamos a hacer una marcha de las sirvientas. Quiero una marcha en la que salgamos todas a decir ¡todas somos sirvientas! Con camisetas que digan “yo soy sirvienta”… ¿Eso sonaría bien? Me temo que no es tan sexy… todas saliendo con delantal, con el cepillo de limpiar los inodoros o la esponja de quitar la grasa de las ollas. Una marcha en la que se haga visible que los servicios domésticos cotidianos son otro tipo de explotación porque es un trabajo mal pago, que realizan en su mayoría migrantes, negras, campesinas o pobres, o un trabajo gratuito de quienes tienen que hacerlo para su propia familia. Cuándo vamos a salir a la calle a gritar que eso casi nunca es un acto de amor, sino de sometimiento y que servir sin pedir nada a cambio no nos hace buenas o mejores, sino serviles y oprimidas.

Me gustaría encontrar análisis feministas sobre la prostitución que ni eroticen la actividad ni dicten sentencias morales porque estoy segura de que si le quitamos el sexo y el amor a las explotaciones y las violencias, nos quedamos con la fría realidad de una sociedad que odia a las mujeres, las usa, les explota y las asesina.

Bombón

Las mujeres suspicaces, criticas y rebeldes … estorban

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Una mezcla de suspicacia, critica y rebeldía en una sola mujer además de explosiva puede ser inapropiada. Desde la adolescencia una frase me ha intrigado, y es esa que surge en medio de la seducción amorosa y que te cataloga como una mujer inteligente, una especie de “ser especial” que se convierte en objeto de Conquista (con C mayúscula, similar a la Conquista de Abya Yala por los europeos).
Siempre me he interrogado por qué los hombres dicen eso, pues muchas veces ese adjetivo es usado como “piropo” (cuando lo dicen en referencia a las mujeres se convierte en un piropo!!!), y surge aunque hayas tenido pocas conversaciones con ese hombre o aun solo recién le conoces. Entonces “eres una mujer inteligente” termina siendo una frase-formula que hace parte de algunos libretos de cortejo, y que tiene como contraparte la otra formula, mucho más común de referencia a las mujeres: es que ellas son brutas!
La inteligencia ha sido dominantemente asociada a los hombres, y las veces que es relacionada con las mujeres no deja de tener connotaciones problemáticas. Habría entonces que discutir qué es inteligencia reconociendo que todas y todos la poseemos y que ésta es una capacidad que se desarrolla de acuerdo a ciertas condiciones a las que hombres y mujeres tenemos acceso en contextos determinados (Burbuja y Bombón, 2012). Siempre recuerdo la frase de un profesor que decía que las mujeres éramos brutas para las matemáticas, y el hecho de que una de nosotras fuera igual o mejor que algunos chicos era para él parte de una excepción que confirmaba la regla!
Pero volviendo a la inteligencia y las seducciones, si, de seguro que a los hombres les gustan las mujeres “inteligentes” pero a una porción de ellos con el objetivo de “cazar”, poner bajo control y domesticar a esas mujeres listas. Por eso a algunos de ellos no les gustan mucho las mujeres suspicaces, criticas y rebeldes. Ya saben las feministas de la segunda ola que para los hombres de izquierda ellas fueron un reto pues su militancia las hacía más atractivas ya que les permitía a ellos mostrar que podían seducirlas! Eso sumaba a su capital político simbólico: líder, de izquierda, intelectual y además Conquistador de feministas, una especie difícil de “caz(s)ar” ….!!!!
A muchos hombres les gustan las mujeres que se ven inteligentes pero sólo hasta cuando ellas la practican. Cuando la ponen en uso en una conversación algunos se espantan, molestan, irritan y/o se les sale el macho. Sobre todo si la conversación les reta su inteligencia! En esos momentos surgen estrategias de dominación como la cancelación del diálogo, y no hay estrategia más patriarcal que cancelar la posibilidad de conversar si la menina te debate!!!!!!
El patriarcado silencia a las mujeres de distintas maneras. Una más es el ninguneo, esa pasiva forma de violencia que se caracteriza por no prestar atención a alguien, o hacer que no se le presta atención. Esa estrategia, ah tristeza!, también la utilizan feministas y mujeres que se suponen están construyendo desde otras orillas no patriarcales, – inclusive o sobre todo – en espacios de debate político y académico.
Vale, sí, no todos los hombres son iguales. Otros “dialogan” contigo de una manera que dicen que te escuchan pero no lo hacen, y otros te anulan en la conversación tratando de demostrar que ellos son los que saben. En esos casos opinan sobre todo, incluso sobre lo que no tienen ni idea. Hay otros que son más “decentes,” pero que no pueden disimular lo molesto que les resulta que las mujeres opinemos. Hay hombres que no toleran mujeres suspicaces, rebeldes, subvertoras del orden, con capacidad critica, y mucho menos si ellas son feministas pues estas les mueven el piso patriarcal que les sigue dando a ellos un lugar privilegiado en el mundo.
Todos estos hombres les temen a las mujeres y en ese temor se vuelven hombres aburridos, cobardes, violentos, competitivos e ignorantes. En dos palabras: amargadamente patriarcales.

Bellota