Archivos Mensuales: octubre 2014

El feminismo y sus divagaciones anticapitalistas…

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derechos_mujeres01cladem_0Desde hace meses crecen, sin parar, en diferentes lugares del mundo las denuncias frente a la aplicación de la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano, la razón de estas es la gravedad de sus efectos secundarios que van desde desmayos y fiebres hasta convulsiones y parálisis. En Colombia las situaciones más escandalosas se han presentado en zonas alejadas y pobres en donde aún se sigue aplicando, masivamente, en adolescentes entre los 13 y los 18 años. Esto ha llevado a una oleada de pronunciamientos feministas, sin embargo a pesar de este gesto no dejo de pensar que al feminismo le cabe mucha responsabilidad ético-política en este tema.

La agenda feminista nacional e internacional por los derechos sexuales y los derechos reproductivos ha estado signada por la exigencia al estado y a la industria farmacéutica de soluciones para cuestiones como: los métodos anticonceptivos para mujeres y varones, aborto, vacunas y tratamientos contra enfermedades de transmisión sexual, así como técnicas de reproducción asistida. Es decir se le exige al estado que proporcione a las mujeres acceso a fármacos, tecnologías y tratamientos producidos por las empresas farmacéuticas sin analizar detenidamente las consecuencias de estas reclamaciones.

Mi afirmación puede parecer injusta, pero lo sería si fuera la primera vez que se denuncia a los estados nacionales por utilizar los derechos sexuales y reproductivos como política genocida (hay mucha información sobre lo ocurrido en Perú, Brasil o en Israel) contra la población más pobre y menos blanca, y lo sería si no estuviera ampliamente documentada la complicidad de las farmacéuticas con dichas políticas, como quedó demostrado con la producción de medicamentos para combatir el VIH o, para no ir muy lejos, con el escándalo que rodea la epidemia del Ebola.

El revuelo que ha generado la vacuna del VPH ha indignado a muchas feministas por lo que consideran un atropello contra la vida y los cuerpos de las mujeres, pero ninguna se atreve a hablar de la necesidad de cambiar las estrategias políticas o de poner en cuestión la paradoja de reclamar derechos a estados neoliberales o al mercado. Y digo que es una paradoja porque al tiempo que se grita “mi cuerpo es mío” la política feminista hegemónica se ha centra persistentemente en  exigir mayor intervención del estado incluso en áreas tradicionalmente liberadas de su regulación. Al final una buena parte de las estrategias feministas se hacen cómplices de la biopolítica estatal y del mercado, adscribiendo a la ilusión de un estado protector y un uso adecuado de la biotecnología, bajo la exigencia de una intervención “diferente” y regulada.

La historia debería recordarnos que esas tecnologías, medicamentos y tratamientos son desarrollados en las mujeres pobres y racializadas del tercer mundo cuyos cuerpos son objeto de experimentación cruel, y vehículo para el exterminio de sus pueblos. Pero parecería que es el justo precio que habría que pagar para dar respuesta a las demandas feministas que reclaman la liberación de los cuerpos de las mujeres del dominio patriarcal. Con ello se hace evidente que la mujer de la que habla este feminismo es blanca occidental y burguesa.

Parece que en nombre de la lucha contra el patriarcado al feminismo hegemónico se le olvida, o tal vez no le importa, la opresión del sistema capitalista imperial sobre los cuerpos de las “mujeres” pobres y racializadas del tercer mundo ¿Será que no son sujetas del feminismo? Lo cierto es que las soluciones que el mercado y los estados nos pueden ofrecer a las feministas implican hoy la explotación de los cuerpos de otras “mujeres”. Esa, compañeras, es la única liberación que nos puede ofrecer el modelo occidental de conocimiento, su sistema de salud basado en el dominio de la naturaleza, el desarrollo tecnológico y  el avance del mercado.

Lisa S