Archivos Mensuales: noviembre 2015

25 de Noviembre, entre el pintalabios y los feminicidios…

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criticar pensarComo feminista debo admitir que uno de los temas que más se me dificulta trabajar es el de la violencia contra las mujeres, y no es porque lo considere excesivamente complejo, sino porque es tal vez el tema más banalizado, el preferido por cierto sentido común feminista, ese que rebosa de frases que puede repetir desde la candidata de un partido político de derecha, sin siquiera sonrojarse, hasta algunas actrices con buenas intenciones, devenidas en feministas registradas por las marcas Avon/OnuMujeres/Acnur, qué con pintalabios o frases cursis (Ej. Alejandra Borrero) y maquillaje corporal (estilo golpiza) piensan sensibilizar al mundo patriarcal (Ej. Angelina Jolie y Emma Watson). De hecho si una hace el ejercicio de preguntarle a cualquier político o personaje famoso por cualquier tema relacionado con las mujeres es muy probable que la respuesta siempre termine en alguna frase relacionada con la violencia contra las mujeres.

Los actos conmemorativos del 25 de Noviembre son un buen ejemplo de dicha banalización, para la muestra me remito al que se ha vuelto el tema central de esta fecha desde hace algunos años: el feminicidio. No voy a cuestionar la importancia que tiene que el estado se pronuncie y establezca sanciones de tipo penal y social para los asesinos de mujeres (en adelante feminicidas) pero tampoco voy ocultar que una categoría o concepto producida por el feminismo a la medida del estado me genera sospecha, sobre todo porque esta imbuida de esa lógica estatal que simplifica y reconceptualiza los problemas sociales en aras de tener un mejor control sobre ellos.

Sé que la idea de feminicidio no surgió del estado, sino del feminismo institucional y por eso es reivindicada por muchas colectivas y redes feministas que lo consideran un gran logro del movimiento. Sin embargo no se puede negar que es una categoría problemática para aquellas cuya apuesta feminista va más allá del género y de la categoría mujer. Y es que reducir las causas del fenómeno de la violencia a una sola razón, ser mujer, suena como una terrible simplificación y descontextualización de la violencia que ocurre sobre los cuerpos de las mujeres, que además oculta que las principales víctimas son pobres y racializadas, como lo son las mujeres trabajadoras de la maquila de Juárez o las afrodescendientes e indígenas de una de las zonas donde se siente con mucha fuerza el conflicto armado en Colombia, como lo es Buenaventura. Mujeres que no son asesinadas solo por su género, sino por vivir en zonas de interés económico de las grandes multinacionales, en resguardos indígenas; por organizarse para defender sus vidas, sus territorios, o por luchar por condiciones laborales dignas.

El uso de la categoría feminicidio por parte de los movimientos sociales me parece complicado, es hablar con la traducción que hace el estado de los problemas sociales, es hacer resistencia con la interpretación del mundo que hacen las instituciones. Eso implica que el activismo feminista queda circunscripto a la delimitación del problema que propone el estado y dentro de esos límites se va a dar la lucha, y esa trampa es la misma que hoy desgasta a otros movimientos, incapaces de ver más allá.

…lo peor de todo es que eso significa reducir el tamaño de nuestros sueños, que de tan pequeños ya caben en los códigos penales…

Lisa S

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No más publicidad para Soho

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imagenQuiero plantear algunas ideas acerca de por qué como activista política de izquierda y feminista me opongo a darle publicidad gratuita a medios, partidos o cualquier expresión organizativa de la derecha racista, sexista y clasista. En concreto quiero referirme a un escrito del señor José Antonio Gutiérrez que denuncia indignado el anuncio de un reportaje de la revista Soho en el que aparece una foto del tipo usual en esa revista, en el que reúne a una “ex guerrillera” y a una agente del Estado que supuestamente persiguió a la guerrilla. Primero decirle al señor que si quería profundidad o rigor en el tratamiento del tema debería haber consultado algunas de las innumerables obras de feministas pacifistas, académicas o investigadoras del tema, o al menos, algunos de los trabajos realizados por miles de ONG`s largamente financiadas por la cooperación para escribir sobre el aporte de las mujeres a la paz.

Dice el editorialista que la supuesta guerrillera de la fotografía “ha pasado más tiempo en el gimnasio haciendo zumba que en las “montañas de Colombia””… Me gustaría saber de dónde sacó el carnet de supervisor de los cuerpos apropiados para las guerrilleras. ¿Cómo se los imagina? ¿Cómo deben ser para parecer guerrilleras reales? me hizo recordar a una feminista en una reunión, hace tiempo ya, quejándose porque los hombres le decían que era muy bonita para ser feminista… Ella sonreía complacida… bonita y feminista, qué especie más escasa…

El escritor devela sus profundos prejuicios con la afirmación de que “La revista Soho muestra cuál es el rol que tienen las guerrilleras en la construcción de paz: empelotarse”. Mucho se ha escrito acerca de cómo estas mujeres son visibles como brujas, desviadas, trastornadas y para demostrar esto solamente hace falta recordar la manera en que presentaron a Karina (líder del Frente 47 de las FARC hasta el 2008) como la encarnación misma del mal, cuyos delitos llenaron durante semanas las páginas y la imaginación de numerosos y mediocres periodistas. Las guerrilleras no son cuerpo, son armas o instrumentos del mal, su agencia se tacha de maldad. Ni siquiera sus cuerpos muertos en el fragor del combate se muestran porque terminan en bolsas negras al lado de sus compañeros, arrojadas en cualquier fosa común. Señor Gutiérrez, las guerrilleras también son cuerpo, y tal vez lo de Soho lo enerva porque muestra cuerpo y piel… demasiado para una sociedad hipócrita y moralista que no quiere ver ningún gesto de humanización.

Sé que la industria de la cirugía plástica es un grave síntoma de cómo el capitalismo transforma los cuerpos en mercancía, que enriquece a una élite médica y corporativa, pero de verdad… ¿A quienes se les rechaza por practicarse cirugías plásticas, a las actrices o periodistas de los grandes medios o a las estudiantes de las universidades privadas? ¡No! a las jóvenes pobres de sectores populares que ahorran para ponerse tetas o culo… se saltan la división de clases de la estética. No todas ellas son o pueden llegar a ser “muñecas del narcotráfico, chicas pre-pago al servicio de diplomáticos gringos”, no puedo describir cuanto clasismo hay en esa frase… ¿Es el ejercicio de la prostitución sexismo por antonomasia? Ese es un debate abierto. Considero que la extendida idea de la estética narco en el cuerpo de las mujeres es profundamente clasista.

El columnista concluye que la foto pone a las mujeres (perdón el señor dice La Mujer) como “pasiva, como una fruta madura, lista para ser consumida por quien tenga la capacidad de pagar el precio”… Por supuesto o, ¿No sabe acaso de tipo de revista es esa? Afirma a continuación que “esto no sólo ocurre en Colombia: también en Turquía y Siria los medios promueven la imagen hipersexualizada de mujeres jóvenes kurdas con armas”. Publicar una foto de mujeres desnudas, prototipo del porno suave lésbico elaborado de acuerdo al gusto del público masculino, urbano/bogotano y elitista y/o arribista, que compra esa revista, no busca precisamente ofrecer elementos para analizar el desarrollo histórico del conflicto armado y sus actores, sino que simplemente obedece a la lógica de un producto para la venta. Prototipo también de aquello que molesta y moviliza a las feministas clase media, urbanas y blancas que creen que sus males aquejan a todas y que sus reclamos son los de todas.

Me aburre profundamente seguir analizando punto por punto el escrito pero quisiera terminar con dos ideas. Primera, mostrar cuerpos desnudos de mujeres no es sexismo en si mismo. Muchas corrientes y esfuerzos se resisten a hacer del feminismo un movimiento moralizante y culpabilizante del erotismo y el deseo, y buscan por ejemplo producir porno feminista…. El cuerpo, los cuerpos no deberían estar ocultos como señal de avance de la posición de las mujeres en una sociedad. Si alguien tiene problemas para ver cuerpos desnudos, la solución es no consumir ningún material de ese tipo. Segunda, si la fotografía aparece como material de divulgación de los acuerdos de paz de la Habana entonces si podría hablarse de “un show erótico trivial” como señala Gutiérrez, pero si la foto aparece en Soho mejor nos ponemos a hablar de la necesidad de combatir al capitalismo y al patriarcado que nos roba cada día y no solo cosas, sino la vida misma. Sonrió frente a la idea de un boicot, plantón o acción en CONTRA de Soho, y me niego a participar porque solo caeríamos en la estrategia de sus dueños, porque sólo es publicidad gratis, atención y visibilidad que les permite vender su revista. No gracias.

Bombón.

Artículo “La mujer, el conflicto y el mercado de la carne

“La camaradería entre ellas”

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Es difícil enfrentarse a la idea de que un tema que el feminismo trabajó por décadas (las mujeres y el poder político) con mucha pasión, por ser considerado muy potente y revolucionario, terminó siendo un slogan que abarca las primeras planas de la prensa, totalmente despojado de radicalidad y espíritu transgresor. Muestra de ello es el artículo: “Tres duras del Congreso desafían el machismo en la política”, encabezado por la foto de tres mujeres. Leer el texto es una pérdida de tiempo en tanto no contiene absolutamente nada distinto a los halagos y autohalagos que las tres entrevistadas se lanzan entre sí. Sin embargo lo que me motivó a escribir sobre el tema es la contradicción misma que pone de manifiesto.

El texto presenta a las congresistas como defensoras de la “equidad de género” (¿?), como la combativa resistencia al “machismo” de dicho escenario, en lo que parece una especie de paréntesis de quienes son, de sus ideas políticas e inclusos de las luchas que han dado. Se dice que son “inteligentes, preparadas, disciplinadas y muy activas en el Congreso”, tal vez porque si no lo hicieran expreso alguien podría dudarlo… Es decir, “a pesar de ser mujeres merecen estar en el congreso”.

La nota liquida el hecho de que supuestamente están en orillas ideológicas opuestas, algo que no viene al caso porque la idea es mostrar que actúan como bloque frente en el congreso. Sin embargo, me cuestiona que el frente unido contra el machismo lo integre una congresista como Paloma Valencia que ha hecho propuestas llenas de clasismo y racismo como dividir al departamento del Cauca entre mestizos e indígenas. Es la misma que ha afirmado que la región del Catatumbo es un “un laboratorio criminal que amenaza con extenderse a todo el país”, es decir ha criminalizado al campesinado que lucha y resiste desde hace décadas por su dignidad y su territorio. Alguien que finalmente dice de sí misma que es una “Uribista pura sangre a mucho honor”, es decir, que se reivindica como parte del proyecto paramilitar que históricamente se ha lucrado del despojo, la explotación y el asesinato en el país.

Las congresistas que posan a su lado, Angélica Lozano y Claudia López, sorprenden con su nuevo discurso feminista ya que no hace mucho querían tomar distancia de un tema que no consideran rentable políticamente. Asombra en todo caso que a Claudia López no le haya molestado posar con una representante de su supuesto némesis político, en tanto ella ayudó a destapar la infiltración paramilitar en la política regional y local ¿Es tanta su convicción sobre la “equidad de género” que no le parece problemático posar con Valencia? En todo caso no he visto que se hayan pronunciado contra los asesinatos de mujeres en Buenaventura (asunto que no se tuvo en cuenta dentro de la ley de Feminicidio), no escuché de ninguna de ellas una voz de solidaridad con la compañera activista lesbiana que murió hace poco (cuando se desbordaron en manifestaciones en otra situación mucho más visible en medios de comunicación).

Las mujeres en política hasta ahora no han cambiado la política porque actúan sin cuestionar sus propios privilegios. No dan muestras de solidaridad con quienes no son de su clase social, con quienes no tienen poder, ni reconocimiento, entonces es igual si el congreso está lleno de hombres o mujeres. No se si esta afirmación es feminista o no, sólo que una imagen como esa está muy lejana del feminismo que yo imaginaba o el que quería construir.

Bombón.

Link a la nota de El Tiempo (12/09/2015): “Tres duras del Congreso desafían el machismo en la política”