Archivos Mensuales: febrero 2015

Las feministas y el poliamor, una relación complicada (del dicho al hecho…)

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Imagen: Fercho Yela

Imagen: Fercho Yela

Escuché hablar del poliamor por primera vez a través de algunas lesbianas feministas comprometidas política y personalmente, sin embargo tiempo después me di cuenta de que son contadas con los dedos de una mano las feministas y las lesbianas feministas que lo practican y reflexionan sobre el tema. A decir verdad, son más las que lo ven como un problema dando lugar a situaciones difíciles o imposibles para quienes quieren pensar y practicar el amor y el deseo de una forma ajena a la norma monogámica heteropatriarcal.

La realidad es que son muchas las feministas que prefieren ignorar la crítica a la monogamia a pesar de ser un elemento determinante dentro de la configuración del heteropatriarcado, ya que le da forma definitiva al orden binario sexo genérico, es decir a través de ella se hace realidad eso de que el fundamento de la familia y de la sociedad es la pareja hombre-mujer, con todas las jerarquías y asignaciones económicas y sociales que conlleva para unos y otras, además de facilitar el control sobre los cuerpos y la vida de las mujeres.  Y esto sucede a pesar de los trabajos críticos de las corrientes más radicales del feminismo y del lesbofeminismo sobre la monogamia.

Pero si en el análisis teórico no cuenta, más grave resulta la práctica, ya que muchas feministas y lesbianas feministas siguen al pie de la letra la norma heteropatriarcal del control y vigilancia, casi policiales, de la pareja monógama. Así, cualquier pareja que intenta abrir la relación, muchas veces es cuestionada y boicoteada con chismes, burlas y llamadas telefónicas. De hecho cuando una pareja se plantea la posibilidad del poliamor o de una relación abierta surge (de su grupo) un denso interrogatorio sobre sus sentimientos, sus miedos o inseguridades y se olvidan de su propia responsabilidad en cuanto a construir un espacio social más receptivo y dispuesto a apoyar a quienes cuestionan las cárceles del amor y del deseo, de esta manera la “comunidad” hace pesar sobre dos personas el éxito o el fracaso de la decisión que están tomando.

Eso sucede en diferentes sectores de la vida social y lamentablemente lo repiten las feministas y a las lesbianas feministas. Y no hablo de que ahora todas sean poliamorosas, sino de recordar que el compromiso político de crear e imaginar un espacio social diferente también implican el amor y el deseo, y eso no se logra solo porque se ame o se deseen mujeres (que es un gran paso) o se consiga que la pareja varón hable con lenguaje incluyente (ese si no sé si sea un gran paso) sino que conlleva ser cómplices de esas otras que sí se atreven a poner en acto otras formas de establecer las relaciones erótico-afectivas.

Este debate seguro no les interesa a los defensores de la familia, pero si es urgente dentro de un feminismo hasta ahora bastante conformista con algunos logros de igualdad entre varones y mujeres, y un lesbofeminismo que si bien se niega a cantar canciones de boda poco se atreve a  imaginar un mundo más allá de la monogamia.

Lisa S

¿Está mal un concurso de belleza que expone a niñas en tanga?

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frase-mafalda2--644x800Mi primera reacción sobre la nota y el escándalo alrededor del concurso de niñas desfilando por una pasarela en tanga contoneando lo que en unos años serán, o no, unas caderas fue de rechazo. Pero he estado pensado en las razones del rechazo. Me aterra la línea a veces demasiado delgada entre los argumentos feministas y el moralismo conservador. ¿Está mal mostrar el cuerpo? ¿Un bikini es necesariamente sinónimo de sexo, de sexualidad, de sexualización? ¿Condenamos el concurso por las mismas razones del porno? Personalmente no cuestiono todo el porno, porque no creo que todo es sometimiento ni violencia, sino que también hay agencia y goce. Es un asunto completamente distinto.

Entonces ¿qué está mal? En otros países las niñas pequeñas van a la playa desnudas de la cintura para arriba, al igual que muchas mujeres, algo impensable aquí donde el riesgo de quitarse la parte de arriba del bikini es terminar en una estación de policía. Aquí a las niñas e incluso a las bebes les ponen vestidos de baño… un adoctrinamiento temprano acerca del deber de ocultar el cuerpo, en particular aquello que es pecaminoso a la mirada externa. Y entonces tal vez es por allí que puedo encontrar qué condenar. Por supuesto no a las niñas ni a sus cuerpos sino a todo el contexto construido a su alrededor… Un contexto que les enseña a maquillarse, a ver defectos en sus cuerpos, a desfilar, a ser lindas y agradables a la mirada externa en particular a la de los adultos varones.

Muchos se preguntan que pasa por la cabeza de mamás y papás que exponen a sus hijas a eso. Se pidió al ICBF quitarles la custodia de sus hijas. Monseñor procurador metió su mano purificadora. Yo pienso que nos son monstruos ni excepciones sino que simplemente viven un contexto sexista, cosificador de cuerpo de las mujeres, clasista, elitista y profundamente desigual en donde la única posibilidad de ascenso social si se tiene un hijo varón es que sea futbolista y si es una niña es que sea “bonita”, para que sea modelo, reina o se “case bien”. No veo un asunto moral. Veo un asunto social, de una sociedad que condena lo fácil y superficial, pero es incapaz de cuestionar las bases profundas de su desigualdad. Una sociedad donde las mujeres siguen siendo objetos para la venta y exposición como producto de un régimen capitalista, patriarcal y heterosexista que se lucra con la explotación de sus cuerpos. El asunto insisto, no es moral, sino social y económico, de las oportunidades que se les niega a las niñas cuando aprenden que su único o más importante valor es su cuerpo, su apariencia física, como las juzga la mirada externa.

El caso de estas niñas despertó la fácil, rápida y pasajera indignación de todos y todas, que sin embargo se esfumó cuando semanas después, el país celebró orgulloso los éxitos de Miss Universo, o sea de una mujer en tanga. Nadie hizo pública la relación que existe entre miss tanguita y miss universo. Las feministas deberíamos estar alerta para evitar ser parte de ciertos coros que reproducen posturas clasistas y conservadoras. Exponer en una vitrina a las mujeres como cuerpos a la venta es sexismo, incluso aunque esté rodeada del encanto propio del capitalismo gringo.

Bombom.