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Racismo en Casa Ensamble

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No podemos callar ante esta publicidad de Casa Ensamble que insiste en mantener estereotipos racistas en nombre del feminismo. De nuevo infantilizando a las mujeres negras, reproduciendo una supremacía blanca-mestiza y todo esto ¿para acabar las violencias contra las mujeres?

El feminismo será antirracista o no será.

Aquí dejamos el video original para que saquen sus propias conclusiones.

¿Quién le teme a las feministas?

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Hace un par de meses mientras buscaba bibliografía para mi tesis me encontré con un artículo de Valerie Amos y Patribha Parmar títulado “Challenging Imperial Feminism”, un trabajo de los años ochenta con una fuerte crítica al feminismo blanco  occidental.  Revisándolo, en una de sus páginas me encontré con la descripción de una escena que me puso a pensar en la pregunta ¿Quién le debe temer a las feministas? Lo que relatan estas autoras de color británicas es una situación en la que un grupo de mujeres blancas de clase media, activistas pacifistas, en medio de una acción contra la guerra hace una demostración de fuerza y “empoderamiento” gritando y persiguiendo a un soldado afronorteamericano. El soldado estaba solo en la calle y las mujeres que lo seguían le decían Yankee go home, la pregunta que dejan en el ambiente las autoras es por qué el elegido fue un varón negro.

En una escena más actual y local un grupo de activistas feministas queer, blancas, de clase media durante el desarrollo de unas jornadas lésbicas confronta en grupo y de manera violenta a un vendedor de cerveza (con quien no se pusieron de acuerdo en términos comerciales) a quien le pretenden dar una lección de la potencia feminista. Pero no es un caso aislado, en un espacio más formal un grupo de feministas institucionales confronta en grupo y con mucho ímpetu, en un panel sobre feminicidios, al panelista/varón con menos peso jerárquico en la mesa, pero no lo hicieron con su jefe también presente, que expresaba ideas semejantes.

Estas tres escenas tienen algo en común, feministas que se ensañan contra el eslabón más débil del patriarcado, varones pobres o racializadas, que parecieran ser, dado los ataques iracundos, los mejores representantes del poder o de la supremacía patriarcal. En serio ¿Se puede considerar a estos varones verdaderos patriarcas? ¿No será que como dice María Lugones, la idea del patriarca está atravesada por el poder simbólico y material de raza y  clase?

Cuando estos grupos de mujeres feministas se enfrentan a los “patriarcas” negros o de clases populares más que hacer valer su “empoderamiento” feminista ¿lo que están enrostrando no serán más bien sus privilegios económicos, sociales y raciales?  ¿Fue un ejercicio de emancipación o de opresión el que hicieron las activistas pacifistas británicas o las lesbianas queer con el varón negro y el varón pobre? Aquí quiero aclarar que no se trata de no actuar frente a sus agresiones porque soy de las que cree en la autodefensa y en la respuesta inmediata. Lo que me preocupa es que al feminismo solo le teman los varones pobres y racializadas, aquellos con menor poder en la escala de privilegios, esos fácilmente estigmatizables.

Como nos recuerdan las teóricas feminista negras y de color, el feminismo (o sea el feminismo blanco occidental hegemónico) a lo largo del tiempo y a través de sus posturas y estrategias ha sostenido y reforzado la idea de los varones blancos de clase media como progresistas, educados y menos violentos, al mismo tiempo que refuerza el estereotipo del varón agresivo, peligroso y machista de los grupos racializados y empobrecidos.

Un feminismo que usa los privilegios de clase y raza para apabullar a varones pobres y racializados a nombre de una supuesta deuda universal de “todos” los varones para con “todas” las mujeres no solo es ignorante y falto de comprensión de cómo opera el entrecruzamiento de sistemas de opresión, sino que no creo que pueda transformar el mundo, simplemente refuerza el racismo, el clasismo y por supuesto la opresión de la mayor parte de las mujeres…

Lisa S.

Cinco consejos prácticos para racistas inconfesas.

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ImageHace unas semanas tuve una discusión desafortunada a través del Facebook con una chica que se hace llamar a sí misma Feminista. La razón fue un post que colgó en su muro, el cual decía “definitivo: no me banco a los inmigrantes que vienen a disfrutar las mieles argentas y se la pasan puteando al país… si estas peor que en tu país, volvéte; si no querés volver, quedáte pero laburá para el cambio y dejá la retórica destructiva de lado… me secan la mente…”. Debo reconocer que mi respuesta no fue amable, le dije cosas como neofascista, chauvinista, y hasta le pregunté si aún guardaba una capucha blanca, medio chamuscada, debajo de la almohada o si no creía que a su postura política le faltaban dos K. Su respuesta fue decirme intolerante (lo admito fuí intolerante con su racismo) y sacarme de su FB (una lástima porque perdí el diálogo y las respuestas de ella, que eran un compendio del más ramplón sentido común racista y xenófobo).

Sin embargo, con el paso de los días me he sentido culpable por exponerla a ella, una feminista, que pensó que yo me iba a tranquilizar cuando me explicó que no hablaba de las inmigrantes, sino de los inmigrantes.  Una feminista que no vota por fascistas como Le Pen, Rajoy o Mitt Romney, una feminista nacida en las entrañas del pueblo y educada en el “neutro” pensamiento político de izquierda. Por todas estas cosas y más, es que he decidido ayudarla; en nombre de nuestra esencia de mujeres y de nuestra camaradería de izquierda, para que siga ocultando su racismo, del cual podrá hacer gala en su casa, con familiares y amigos, ya sea en fiestas o asados.

Espero que con la ayuda de estos sencillos tips pueda presumir con la gente más progre, sin enredarse y hasta pueda pasar por políticamente correcta.

Los 5 consejos:

Consejo 1. No use palabras como Inmigrantes o esa gente; es mejor hablar de diversidades/ diferencias. Así que en lugar de decir que su barrio se llenó de inmigrantes, bolivianos o peruanos, puede sugerir que con el paso del tiempo se ha vuelto muy diverso.

Consejo 2. Evite decirle a la gente que se regrese a su país. Más bien invítela a una amable reflexión sobre los pros y contras de vivir en un país diferente al de su nacimiento. Haciendo especial énfasis en los contras.

Consejo 3. Nunca, pero nunca use expresiones como: no me banco, no soporto o me desesperan. En su lugar utilice: es difícil comprender, es complicado entender, las diferencias culturales dificultan…

Consejo 4. Hablar de inmigrantes perezosos es un cliché, evítelo siempre.  Es mejor señalar que hay mucho por hacer en el país de acogida y que si una persona se quiere “integrar  o quedar” debería aportar sus saberes y conocimientos  así sea a bajo costo (hay algo más patriótico que ser explotado por la burguesía nacional?)

Consejo 5. No hable de las riquezas de su país, no es práctico, lo único que logra es atraer más inmigrantes y eso no es lo que usted quiere.

Con todas estas indicaciones ya no pasará usted por una loca racista con capucha blanca, esvástica en brazo y lanzallamas en mano, sino que podrá seguir afirmando que es feminista, y practicar un racismo sutil, ese que se justifica en las costumbres o en el cariño a los negritos, bolitas (forma despectiva de llamar a los bolivianos/as) o cabecitas negras…

Lisa S