Archivos Mensuales: noviembre 2012

A propósito del 25 de Noviembre

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Cuidado mujeres! la heterosexualidad mata

Este 25 de Noviembre se conmemorará una vez más el Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres. Las cifras que presentarán los gobiernos y las ONGs, seguirán siendo escalofriantes, y las directoras de las Oficinas de Igualdad prometerán más políticas públicas, más leyes, más decretos. En fin, más instrumentos que harán más “digna” la vida de las mujeres dentro de este intocable sistema heteropatriarcal.

Pensando en esto, hace unos meses, mientras hablaba con Yuderkys Espinosa, me decía que le preocupaba la poca profundidad teórica y los miedos políticos con los que se maneja el problema de la violencia contra las mujeres. Me decía, podemos saber a que hora suceden los hechos, en que circunstancias, en que lugares. Pero no hemos sido capaces de vincular el problema de la violencia contra las mujeres con la  heterosexualidad, aunque la relación es obvia, ya que siempre se denuncia que los principales agresores son varones con los cuales las mujeres mantienen o mantuvieron relaciones afectivas o sexuales.

Sin embargo esto no parece tan obvio para quienes hacen  promesas de leyes y decretos, en la medida que pretenden explicar el origen de las violencias contra las mujeres, señalando  como único responsable al patriarcado que convierte los cuerpos de éstas en propiedad de los varones, o que les da menos valor a lo femenino y a la vida de las mujeres; hasta ahí llegaría la explicación. El problema de este abordaje es que deja por fuera el régimen heterosexual, el cual no es algo separado del patriarcado, sino que por el contrario, es la pieza clave que nos permite entender la existencia de varones y mujeres que establecen relaciones de amor y deseo que se basan en la sujeción, control y posesión de los unos sobre las otras.

Este análisis permitiría advertir a las mujeres sobre los peligros de la heterosexualidad en tanto produce formas específicas de violencia. Así, las oficinas de equidad de género, los organismos internacionales que atienden al problema y las ONGs deberían estar haciendo campañas con frases como: Mujeres cuidado!… la heterosexualidad mata. Y, por qué no, promoviendo el deseo y el amor entre mujeres o entre varones.

Siempre se habla de lo peligroso que es ser lesbiana, gay o trans en una sociedad heteropatriarcal y homofoba, pero si vamos a las cifras ser una mujer heterosexual puede ser más peligroso aun: en Colombia 8 de cada 10 mujeres que viven con parejas varones, han sido agredidas por estos últimos.

Son muchas las denominaciones que ha recibido la violencia entre varones y mujeres: Violencia de Género, Violencia Basada en el Género, Violencia Intrafamiliar, Violencia Domestica, Violencia contra las Mujeres, Violencia de Pareja. Como también han sido mucho los debates que se han dado sobre lo adecuado de llamarlo de una u otra forma, sin embargo llama la atención que a nadie se le haya ocurrido llamarla Violencia Heterosexual. Por que será?

¿Qué pasa con este feminismo que no controvierte el orden heterosexual? ¿De verdad creen que van a transformar una sociedad patriarcal sin cuestionar la heterosexualidad? ¿o de lo que se trata es de ser cómplices de un proceso de adecuación que busca hacer que las mujeres toleren aun mas el heteropatriarcado; no se supone que la idea original era erradicarlo?

¿Es posible que me haya equivocado y que nunca haya comprendido que en realidad por lo que trabajamos, es por una heterosexualidad más segura para las mujeres?

Lisa S

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¿Devenir qué?

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Mi abuelo materno me dio status ontológico hace tiempo y yo no me había dado cuenta. Desde hace unos años, viene diciendo, cuando se tiene que referir a mi: que “vaca chiquita siempre será ternera.” Por lo general había relacionado esa frase con dos cosas. Una, mi estatura, bajita para la estirpe de la línea materna, lo cual la verdad, no me ha trasnochado mucho. Dos, mi edad. Esa, tengo que decirlo, me ha regocijado permanentemente pues puedo pasar fácilmente como alguien mucho menor de lo que soy.

Sin embargo, también he tenido que experimentar el hecho de ser ternera y no ser valorada como vaca. Es decir, en estado de llegar a ser, no completamente terminada, jerárquicamente percibida – desde luego ubicada más debajo de la cúspide donde las vacas sagradas se ubican -. Hace diez años que empecé mi militancia feminista, y nombrarme como joven me sirvió para entender que también debía pelear contra el adultocentrismo. La cosa es que a medida que fui creciendo, deviniendo feminista y parte del movimiento de mujeres, la condición de joven se pasaba y el argumento parecía agotarse, al menos para mi interiormente, porque yo seguía pareciendo ternera.

En estos días me puse a asociar las dos cosas: verme ternera y no serlo. Para los primeros años de mi militancia feminista aprendí que había quienes te valoraban como “vaca” luego de que desplegabas por una buena porción de tiempo tus capacidades político bovinas (tanto analíticas como de acción). En cierta medida, tenias que mostrar que eras una vaca como ellas para que pudieses tener status ontológico, es decir, para poder ser feminista. Aprendí a mugir alto. Eso, debo decirlo, me sirvió en mi militancia en organizaciones mixtas y en mi paso por la academia. Mugir alto (además de hacerlo con contundencia y coherentemente), es útil para ser reconocida por momentos como par de los toros y como una ternera-vaca por mis compañeras terneras y vacas. No obstante estos “reconocimientos”, no falta el toro, la ternera y la vaca que desea patearte/invisibilizarte cuando se sienten amenazados.

Ante esta situación, es mejor negarse a tratar de ser vaca y/o toro para ser escuchada. Por eso optar por los silencios cuando los oídos de vacas y toros no escuchan, puede ser sabio. En estos días que me he puesto a observar a terneras, vacas, toros, a vacas sagradas, y a mi misma, he comprendido el valor de ciertos silencios. Y me pregunto: ¿por qué no pueden hacer el esfuerzo vacas y toros por escuchar y por darse cuenta de los silenciamientos que producen? Se siente más cómodo ser como se es, como se quiere ser, que a este punto no es ni ser ternera, ni vaca, ni toro, ni ninguna especie de vaca sagrada.

Yo me reivindicó ternera, pero quiero devenir otra cosa en la vida cotidiana, en la política, en la academia. A lo mejor una monstruosidad, un híbrido, fuera de los estereotipos. Un animal que se reinventa a diario sin forzarse, sin dejarse forzar por los esquemas, por el poder, por las construcciones coloniales, patriarcales, capitalistas, hetero y no heteronormativas.  Un ser que no se deja tragar por la lógica del poder que  hace repetir los silenciamientos y las imposiciones que no te gustan. Una mujer que se cuestiona cuando se ha convertido en  vaca y toro hegemónico. Como ternera en estado liminal, reivindico devenir lo que se me de la gana, sin las imposiciones de los poderes que oprimen, sin las imposiciones de la izquierda, de las feministas hegemónicas y no hegemónicas, de mi familia y de esta sociedad conservadora. A lo mejor devengo …

Bellota Ternera

La guerra hastía

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 La Guerra es tan aburrida, tan abominable, tan sin sentido … ¡tan patriarcal! La violencia, como parte constitutiva del patriarcado, ha sido una de las estrategias por medio de la cual el patriarcado – la dominación sobre las mujeres – se ha constituido y mantenido por varias centurias. Desde allí, desde el uso de la violencia, el patriarcado se ha entrelazado con otras estructuras de dominación y relaciones de poder que oprimen, excluyen, discriminan y matan a las “diferencias”.

La paz, surgida de la guerra, parece verse atrapada además de en el código guerrerista que de por sí le constituye (sin guerra no hay necesidad de hablar de paz), en el código patriarcal. La negociación actual se hace entre hombres. Si bien ciertas mujeres han estado presentes en procesos de paz, solo algunas lo han hecho desde una propuesta no patriarcal y posicionando los derechos de las mujeres. Además de ser un “diálogo”/“negociación” casi en su totalidad entre hombres, varios aspectos de la forma y el contenido de esta mesa son patriarcales.

Así es, por ejemplo, que se este negociando sin cese al fuego. De esa manera se reproduce la devaluación de la vida que la lógica guerrerista implica, y se propone un modelo que busca derrotar militarmente al enemigo. Esto no es nuevo en el país. En varias ocasiones en Colombia se han instalado mesas de negociación mientras al mismo tiempo los actores armados buscan fortalecerse política y militarmente, queriendo de ese modo “arrodillar” al enemigo, salir “victorioso” y/o legalizarse. Esto último se buscó hacer con el proceso de desmovilización de los paramilitares.

Ese esquema patriarcal también se expresa en el cuerpo, las poses, las palabras, los tonos y los gestos de algunos de los negociadores. Esos modos buscan imponer una “razón”, una “verdad”, y en consecuencia posicionarse como los actores legítimos y próximos futuros vencedores. De esa manera se anula el diálogo, la posibilidad de construir una paz real que beneficie a las mayorías y que las incluya en la conversación.

Una característica más de ese esquema patriarcal es la imposibilidad de que las y los directos afectados por la guerra hablen, participen y decidan. El patriarcado, así como otras formas de dominación tienen por objetivo silenciar a los sujetos sobre los que buscan ejercer poder. En esa lógica el Estado asume la supuesta tarea que tiene de representación de la “ciudadanía” hablando a nombre de TODOS. Un todo no uniforme, un todo que realmente no es representado pues el sujeto universal al que “representa” este Estado es al hombre, rico, blanco y citadino. El hombre del Estado-nación. Una réplica deforme, pues no somos eso, del hombre moderno y occidental europeo y norteamericano.

Del otro lado no se ha dejado de ser vanguardia y de apelar a la idea de pueblo y de su participación para avanzar en la negociación. ¿Pero será real la voluntad de que el pueblo hable y se exprese? ¿O de qué pueblo estamos hablando? ¿Allí tendrán voces las víctimas, las mujeres, los pueblos indígenas y afros? ¿Tendrán posibilidad las “víctimas” de crímenes de Estado y de la guerrilla de ser escuchadas sin intermediarios y de impactar la lógica de la  mesa actual? Antes, quizás, es necesaria otra pregunta: ¿existen víctimas de la guerra en Colombia? ¿hay en la mesa negociadora victimarios? ¡Cuántos sujetos y realidades siguen siendo negadas en el país!

Si esta paz que se nos esta proponiendo (¿imponiendo?) se queda atrapada en el código y la lógica guerrerista y patriarcal, dudo mucho que podamos construir una paz que vaya más allá de la retórica. En el país existen muchas organizaciones de mujeres, indígenas, afros, jóvenes, víctimas y movimientos sociales que tienen propuestas para aportar a la construcción de paz. Si este proceso fuera entendido fuera del código patriarcal sería un escenario propicio para avanzar realmente en la eliminación de las causas estructurales del conflicto y de las lógicas que la guerra permanente han desatado. Seria también un laboratorio para seguir poniendo en marcha – pero ahora sin la amenaza de la muerte, el desplazamiento, las amenazas, las desapariciones, las masacres, las torturas -; las apuestas de sociedad alternativas que se han construido y soñado desde hace muchas, muchas décadas …

Porque la guerra hastía, mutila la alegría, tortura, excluye, desaparece la posibilidad de soñar con que otras formas sociales son posibles, elimina, y simbólica y materialmente mata, vale la pena aportar para que la paz se construya desde lógicas y códigos distintos, incluidos el de la pluralidad de voces y visiones que habitan nuestro territorio.

Bellota