Archivo de la categoría: Bellota

¿Qué tipo de académicx / intelectual eres? Manual práctico: cómo producir conocimiento que reproduzca la dominación

Estándar
¿Qué tipo de académicx / intelectual eres?                                                                                                                                                      Manual práctico: cómo producir conocimiento que reproduzca la dominación

Por más que se esfuerce en ser “neutral”, señxr intelectual y académicx, déjeme recordarle que saber y poder están íntimamente ligados. Eso quiere decir que el conocimiento que se genera contribuye al poder de sectores específicos de la sociedad y con ello a ciertas estructuras de dominación. No importa si usted está o no directamente articulado a ese sector. Es decir, no tiene que tener usted pertenencia orgánica a las élites políticas, económicas, sociales y/o culturales para hacerlo. La dominación se refuerza desde la producción de conocimiento a través de una réplica acrítica de la metodología y la epistemología dominante, y de la selección de ciertos temas y el silenciamiento de otros. Preste mucha atención a los siguientes síntomas:

  • Usted estudia algo lejano a su mundo cotidiano. Ojala no tenga nada que ver con su experiencia de vida o con su país. Eso asegura su objetividad. Bueno, en algunos casos usted no usa la palabra objetividad porque eso es muy positivista y está desgastado, pero cree en cambio en la neutralidad. La cosa es que la neutralidad NO existe. La neutralidad es una de las ficciones más productivas de la relación saber-poder porque le hace creer que usted es “objetivo” y que está libre de culpa, sin darse cuenta que lo que hace es contribuir a que nada cambie, a que todo siga igual, es decir, a reproducir el status quo.
  • Cuando usted presenta su trabajo que está relacionado con humanxs, usted habla de su “objeto de investigación”, diferenciándose como el sujeto y creando una distancia que lo hace ser objetivo convirtiendo al otro en una cosa y así despojándolo de su humanidad e inteligencia. Lo propio le puede ocurrir cuando trabaja con animales, muertos y la naturaleza. La agencia de SU “objeto” es negada.
  • Usted no cuestiona la historia colonial e imperial de su disciplina (la antropología, la historia, la psicología, la geografía, la sociología, el derecho, la ciencia política, y atención, también las ciencias exactas y las artes).
  • Usted continua cacaraqueando toda la teoría eurocéntrica, la proveniente del norte hegemónico. Usted cree que eso le da altura a su trabajo, cita, así no entienda, lo que dicen grandes pensadores o pensadoras europeas y norteamericanas. Algunas veces les emula en sus ademanes y en sus gestos.
  • Usted desprecia toda la teoría local (proveniente de su ciudad, país, región, movimiento). Le parece sospechosa. Algunas veces le incomoda.
  • Usted separa teoría y práctica. Habla, habla, habla, estudia, estudia, estudia, escribe, escribe, escribe, pero no hace nada que transforme el “tema” que le interesa, y no hace ni el mínimo esfuerzo por conectar las actividades “académicas” con la acción.
  • Usted selecciona “problemas” de “investigación” que solo le interesan a usted, porque le parecen interesantes. Entonces va a una comunidad, hace todo un análisis minucioso de las prácticas y los discursos de la gente, primero los mira con desconfianza “científica”, los analiza, aplica la teoría del discurso, los sentencia, escribe en que están fallando, que hacen mal, y luego explica muchos de los “fenómenos” bajo “estudio”, con la lógica de SUS “objetos” pero con conceptos confusos y “complejos”, y por supuesto, no les da el crédito, ni se toma la molestia de compartirles sus interesantes resultados. Seguro que lxs “pobres” no entienden, y usted ya logro lo que quería: el requisito para graduarse, ascender, publicar, ser famosx y ganar credibilidad.
  • Usted se concentra en análisis cuantitativos. Esos, cree usted, explican mejor los fenómenos/problemas que usted decidió investigar (cual detective de la CIA invade el mas mínimo resquicio de la vida pública y privada de SUS “otros”).
  • Usted abstrae, y se queda en la abstracción. Va y aplica a como de lugar una teoría. Y explica esa realidad desde una lógica dicotómica, perdiendo la complejidad del fenómeno y su despliegue en el tiempo.
  • Usted no investiga o estudia, no toca temas difíciles o conflictivos que incomoden su “circulo” cercano, tales como el racismo interno del feminismo, o los privilegios de clase y la reproducción del poder dentro de ese lindo movimiento que ganó la revolución silenciosa, porque, ¿para qué?, si ya triunfamos y todas somos hermanas. Entonces usted no se lo dice directa y explícitamente a la feminista que le incomodaron sus preguntas y comentarios, pero su cuerpo no puede evitarlo, y toda usted hace un gesto, y entonces expresa corporalmente que se sintió interpelada y que con esa, no le interesa seguir conversando. Lo propio opera en otros movimientos sociales, círculos académicos y en general, en el mundo universitario.

A la sazón, usted continua en ese lindo castillo de marfil que puede llegar a convertirse el mundo de la producción ($$$$) de conocimiento, construyendo una subjetividad “neutral” que suele ser diplomática, auto engañándose porque en serio cree que no afecta a nadie, contribuyendo a que este mundo clasista, racista, sexista, homo y lesbifóbico, humanocéntrico, colonial e imperial se mantenga intacto. Solo una invitación, chequee el listado…

criticar pensar

 

 

 

Bellota

¿Construyendo desde abajo paz patriarcal?

Estándar

ImagenComo parte de los imperativos del contexto actual, Bogotá vive llena de seminarios, reuniones y congresos donde se discuten, en el marco del actual proceso de paz con las FARC-EP, los derechos de las víctimas, el post-conflicto, la justicia transicional, los retos que enfrentamos para construir la paz, los obstáculos más visibles, el rol de la memoria, entre otros temas. En este contexto se presentan viejos y nuevos peligros a los que vale la pena prestarles atención.

El primero es que se comienza a hablar un lenguaje que se vuelve tan común que espanta y se corre el riesgo de entablar monólogos colectivos acríticos que dan por sentadas verdades o que las van creando. ¡Así, por ejemplo, se van asumiendo nociones como las del post-conflicto y la justicia transicional sin mayores reparos por los medios de comunicación, los políticos y hasta los propios movimientos sociales! En otros casos se asumen críticas a éstas que caen en una misma retórica repetitiva que no logran ver sus propias falencias. El segundo riesgo es que muchas de esas conversaciones terminan siendo para los mismos, entre los mismos y para lo mismo. Si bien se ha hecho un esfuerzo por situar el debate más allá del ámbito de las organizaciones de derechos humanos y de víctimas y por posicionarlo en las universidades, es necesario que estos debates tengan lugar en los barrios, las calles y las comunidades olvidadas y violentadas por las largas décadas de guerra, allá donde la violencia sigue construyendo cotidianeidades y en donde es preciso desterrarla para construir la paz. Allá, en esos lugares donde la gente es escéptica de que algún día llegue la paz, precisamente porque conocen muy bien como es que funciona la guerra.

El tercer peligro es la réplica de la exclusión de ciertos sujetos que han sido históricamente discriminados, que han vivido la guerra de una manera particular por su constitución histórica como mujeres, afro descendientes, indígenas y campesinos. Algunos de estos espacios de debate, por no decir que la mayoría, recodifican el código masculino, de clase media y mestizo a través de los voceros de movimientos, organizaciones, centros de memoria y universidades. Es como si los movimientos de mujeres, feministas, indígenas, afro, campesino y todos los cruces e intersecciones que ha generado la dominación y los propios movimientos en sus luchas, no hubiesen aportado nada a los procesos  y discusiones de paz que han tenido lugar en Colombia.

En el caso de las mujeres es patético encontrar escenarios donde intervienen hombres y no hay ni una sola voz femenina, como si no hiciéramos parte de esos procesos organizativos, como si no aportáramos con nuestro trabajo y reflexiones diarias a la construcción de las posturas que se presentan. Recientemente estuve en uno de estos eventos donde solo intervenían voces masculinas. A mi mente venían las mujeres que se han pensado esos temas que allí se discutían y cuyas voces no fueron contempladas, pero también reflexionaba hacia el final del panel lo distinta que sería una aproximación feminista al tema discutido. Es común que te respondan cuando objetas esta ausencia que la cuestión no se resuelve con un cuerpo de mujer, ¡qué eso es secundario! Si y no. Un cuerpo de mujer no resuelve de por sí una postura feminista, sin embargo quien dice eso es alguien que se para desde el privilegio que aún significa en nuestra sociedad nacer hombre y que mantiene una venda en los ojos que no le permite ver, entre otras cosas porque no quiere reconocerlo, la discriminación histórica que las mujeres han vivido. Discriminación que se replica de manera alarmante en “tiempos de construcción de paz” y en supuestos espacios de “avanzada”, como la academia y los movimientos sociales.

Un cuarto peligro que surge en este contexto, cercano al anterior, es que las reuniones, congresos y encuentros de mujeres terminen siendo solo para las mujeres y que no se logren tejer los diálogos correspondientes con los otros movimientos y actores sociales. Esto implica un doble movimiento. Por un lado que las feministas y las activistas del movimiento de mujeres que vienen trabajando por la paz se articulen a los espacios mixtos donde esto se discute posicionando sus perspectivas con fuerza. Y segundo, que entre las izquierdas, las organizaciones de derechos humanos, los movimientos sociales y la academia, los intelectuales y los activistas den un paso adelante y hagan real ese discurso políticamente correcto que manejan de dientes para afuera de que ellos no son machistas y están por la liberación del “pueblo”, incluidas allí, por supuesto ¡las “compañeras”! La paz pasa necesariamente por desestructurar la exclusión de la que esos “Otros” hemos sido objeto dentro del proyecto de Estado-nación colombiano, lo que significa que nuestras voces con nuestros cuerpos deben tener lugar en la discusión de la guerra, la paz y el futuro.

Bellota

¿Devenir qué?

Estándar

Mi abuelo materno me dio status ontológico hace tiempo y yo no me había dado cuenta. Desde hace unos años, viene diciendo, cuando se tiene que referir a mi: que “vaca chiquita siempre será ternera.” Por lo general había relacionado esa frase con dos cosas. Una, mi estatura, bajita para la estirpe de la línea materna, lo cual la verdad, no me ha trasnochado mucho. Dos, mi edad. Esa, tengo que decirlo, me ha regocijado permanentemente pues puedo pasar fácilmente como alguien mucho menor de lo que soy.

Sin embargo, también he tenido que experimentar el hecho de ser ternera y no ser valorada como vaca. Es decir, en estado de llegar a ser, no completamente terminada, jerárquicamente percibida – desde luego ubicada más debajo de la cúspide donde las vacas sagradas se ubican -. Hace diez años que empecé mi militancia feminista, y nombrarme como joven me sirvió para entender que también debía pelear contra el adultocentrismo. La cosa es que a medida que fui creciendo, deviniendo feminista y parte del movimiento de mujeres, la condición de joven se pasaba y el argumento parecía agotarse, al menos para mi interiormente, porque yo seguía pareciendo ternera.

En estos días me puse a asociar las dos cosas: verme ternera y no serlo. Para los primeros años de mi militancia feminista aprendí que había quienes te valoraban como “vaca” luego de que desplegabas por una buena porción de tiempo tus capacidades político bovinas (tanto analíticas como de acción). En cierta medida, tenias que mostrar que eras una vaca como ellas para que pudieses tener status ontológico, es decir, para poder ser feminista. Aprendí a mugir alto. Eso, debo decirlo, me sirvió en mi militancia en organizaciones mixtas y en mi paso por la academia. Mugir alto (además de hacerlo con contundencia y coherentemente), es útil para ser reconocida por momentos como par de los toros y como una ternera-vaca por mis compañeras terneras y vacas. No obstante estos “reconocimientos”, no falta el toro, la ternera y la vaca que desea patearte/invisibilizarte cuando se sienten amenazados.

Ante esta situación, es mejor negarse a tratar de ser vaca y/o toro para ser escuchada. Por eso optar por los silencios cuando los oídos de vacas y toros no escuchan, puede ser sabio. En estos días que me he puesto a observar a terneras, vacas, toros, a vacas sagradas, y a mi misma, he comprendido el valor de ciertos silencios. Y me pregunto: ¿por qué no pueden hacer el esfuerzo vacas y toros por escuchar y por darse cuenta de los silenciamientos que producen? Se siente más cómodo ser como se es, como se quiere ser, que a este punto no es ni ser ternera, ni vaca, ni toro, ni ninguna especie de vaca sagrada.

Yo me reivindicó ternera, pero quiero devenir otra cosa en la vida cotidiana, en la política, en la academia. A lo mejor una monstruosidad, un híbrido, fuera de los estereotipos. Un animal que se reinventa a diario sin forzarse, sin dejarse forzar por los esquemas, por el poder, por las construcciones coloniales, patriarcales, capitalistas, hetero y no heteronormativas.  Un ser que no se deja tragar por la lógica del poder que  hace repetir los silenciamientos y las imposiciones que no te gustan. Una mujer que se cuestiona cuando se ha convertido en  vaca y toro hegemónico. Como ternera en estado liminal, reivindico devenir lo que se me de la gana, sin las imposiciones de los poderes que oprimen, sin las imposiciones de la izquierda, de las feministas hegemónicas y no hegemónicas, de mi familia y de esta sociedad conservadora. A lo mejor devengo …

Bellota Ternera

La guerra hastía

Estándar

 La Guerra es tan aburrida, tan abominable, tan sin sentido … ¡tan patriarcal! La violencia, como parte constitutiva del patriarcado, ha sido una de las estrategias por medio de la cual el patriarcado – la dominación sobre las mujeres – se ha constituido y mantenido por varias centurias. Desde allí, desde el uso de la violencia, el patriarcado se ha entrelazado con otras estructuras de dominación y relaciones de poder que oprimen, excluyen, discriminan y matan a las “diferencias”.

La paz, surgida de la guerra, parece verse atrapada además de en el código guerrerista que de por sí le constituye (sin guerra no hay necesidad de hablar de paz), en el código patriarcal. La negociación actual se hace entre hombres. Si bien ciertas mujeres han estado presentes en procesos de paz, solo algunas lo han hecho desde una propuesta no patriarcal y posicionando los derechos de las mujeres. Además de ser un “diálogo”/“negociación” casi en su totalidad entre hombres, varios aspectos de la forma y el contenido de esta mesa son patriarcales.

Así es, por ejemplo, que se este negociando sin cese al fuego. De esa manera se reproduce la devaluación de la vida que la lógica guerrerista implica, y se propone un modelo que busca derrotar militarmente al enemigo. Esto no es nuevo en el país. En varias ocasiones en Colombia se han instalado mesas de negociación mientras al mismo tiempo los actores armados buscan fortalecerse política y militarmente, queriendo de ese modo “arrodillar” al enemigo, salir “victorioso” y/o legalizarse. Esto último se buscó hacer con el proceso de desmovilización de los paramilitares.

Ese esquema patriarcal también se expresa en el cuerpo, las poses, las palabras, los tonos y los gestos de algunos de los negociadores. Esos modos buscan imponer una “razón”, una “verdad”, y en consecuencia posicionarse como los actores legítimos y próximos futuros vencedores. De esa manera se anula el diálogo, la posibilidad de construir una paz real que beneficie a las mayorías y que las incluya en la conversación.

Una característica más de ese esquema patriarcal es la imposibilidad de que las y los directos afectados por la guerra hablen, participen y decidan. El patriarcado, así como otras formas de dominación tienen por objetivo silenciar a los sujetos sobre los que buscan ejercer poder. En esa lógica el Estado asume la supuesta tarea que tiene de representación de la “ciudadanía” hablando a nombre de TODOS. Un todo no uniforme, un todo que realmente no es representado pues el sujeto universal al que “representa” este Estado es al hombre, rico, blanco y citadino. El hombre del Estado-nación. Una réplica deforme, pues no somos eso, del hombre moderno y occidental europeo y norteamericano.

Del otro lado no se ha dejado de ser vanguardia y de apelar a la idea de pueblo y de su participación para avanzar en la negociación. ¿Pero será real la voluntad de que el pueblo hable y se exprese? ¿O de qué pueblo estamos hablando? ¿Allí tendrán voces las víctimas, las mujeres, los pueblos indígenas y afros? ¿Tendrán posibilidad las “víctimas” de crímenes de Estado y de la guerrilla de ser escuchadas sin intermediarios y de impactar la lógica de la  mesa actual? Antes, quizás, es necesaria otra pregunta: ¿existen víctimas de la guerra en Colombia? ¿hay en la mesa negociadora victimarios? ¡Cuántos sujetos y realidades siguen siendo negadas en el país!

Si esta paz que se nos esta proponiendo (¿imponiendo?) se queda atrapada en el código y la lógica guerrerista y patriarcal, dudo mucho que podamos construir una paz que vaya más allá de la retórica. En el país existen muchas organizaciones de mujeres, indígenas, afros, jóvenes, víctimas y movimientos sociales que tienen propuestas para aportar a la construcción de paz. Si este proceso fuera entendido fuera del código patriarcal sería un escenario propicio para avanzar realmente en la eliminación de las causas estructurales del conflicto y de las lógicas que la guerra permanente han desatado. Seria también un laboratorio para seguir poniendo en marcha – pero ahora sin la amenaza de la muerte, el desplazamiento, las amenazas, las desapariciones, las masacres, las torturas -; las apuestas de sociedad alternativas que se han construido y soñado desde hace muchas, muchas décadas …

Porque la guerra hastía, mutila la alegría, tortura, excluye, desaparece la posibilidad de soñar con que otras formas sociales son posibles, elimina, y simbólica y materialmente mata, vale la pena aportar para que la paz se construya desde lógicas y códigos distintos, incluidos el de la pluralidad de voces y visiones que habitan nuestro territorio.

Bellota