Archivos Mensuales: agosto 2014

¿Quién le teme a las feministas?

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Hace un par de meses mientras buscaba bibliografía para mi tesis me encontré con un artículo de Valerie Amos y Patribha Parmar títulado “Challenging Imperial Feminism”, un trabajo de los años ochenta con una fuerte crítica al feminismo blanco  occidental.  Revisándolo, en una de sus páginas me encontré con la descripción de una escena que me puso a pensar en la pregunta ¿Quién le debe temer a las feministas? Lo que relatan estas autoras de color británicas es una situación en la que un grupo de mujeres blancas de clase media, activistas pacifistas, en medio de una acción contra la guerra hace una demostración de fuerza y “empoderamiento” gritando y persiguiendo a un soldado afronorteamericano. El soldado estaba solo en la calle y las mujeres que lo seguían le decían Yankee go home, la pregunta que dejan en el ambiente las autoras es por qué el elegido fue un varón negro.

En una escena más actual y local un grupo de activistas feministas queer, blancas, de clase media durante el desarrollo de unas jornadas lésbicas confronta en grupo y de manera violenta a un vendedor de cerveza (con quien no se pusieron de acuerdo en términos comerciales) a quien le pretenden dar una lección de la potencia feminista. Pero no es un caso aislado, en un espacio más formal un grupo de feministas institucionales confronta en grupo y con mucho ímpetu, en un panel sobre feminicidios, al panelista/varón con menos peso jerárquico en la mesa, pero no lo hicieron con su jefe también presente, que expresaba ideas semejantes.

Estas tres escenas tienen algo en común, feministas que se ensañan contra el eslabón más débil del patriarcado, varones pobres o racializadas, que parecieran ser, dado los ataques iracundos, los mejores representantes del poder o de la supremacía patriarcal. En serio ¿Se puede considerar a estos varones verdaderos patriarcas? ¿No será que como dice María Lugones, la idea del patriarca está atravesada por el poder simbólico y material de raza y  clase?

Cuando estos grupos de mujeres feministas se enfrentan a los “patriarcas” negros o de clases populares más que hacer valer su “empoderamiento” feminista ¿lo que están enrostrando no serán más bien sus privilegios económicos, sociales y raciales?  ¿Fue un ejercicio de emancipación o de opresión el que hicieron las activistas pacifistas británicas o las lesbianas queer con el varón negro y el varón pobre? Aquí quiero aclarar que no se trata de no actuar frente a sus agresiones porque soy de las que cree en la autodefensa y en la respuesta inmediata. Lo que me preocupa es que al feminismo solo le teman los varones pobres y racializadas, aquellos con menor poder en la escala de privilegios, esos fácilmente estigmatizables.

Como nos recuerdan las teóricas feminista negras y de color, el feminismo (o sea el feminismo blanco occidental hegemónico) a lo largo del tiempo y a través de sus posturas y estrategias ha sostenido y reforzado la idea de los varones blancos de clase media como progresistas, educados y menos violentos, al mismo tiempo que refuerza el estereotipo del varón agresivo, peligroso y machista de los grupos racializados y empobrecidos.

Un feminismo que usa los privilegios de clase y raza para apabullar a varones pobres y racializados a nombre de una supuesta deuda universal de “todos” los varones para con “todas” las mujeres no solo es ignorante y falto de comprensión de cómo opera el entrecruzamiento de sistemas de opresión, sino que no creo que pueda transformar el mundo, simplemente refuerza el racismo, el clasismo y por supuesto la opresión de la mayor parte de las mujeres…

Lisa S.

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¿Qué tipo de académicx / intelectual eres? Manual práctico: cómo producir conocimiento que reproduzca la dominación

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¿Qué tipo de académicx / intelectual eres?                                                                                                                                                      Manual práctico: cómo producir conocimiento que reproduzca la dominación

Por más que se esfuerce en ser “neutral”, señxr intelectual y académicx, déjeme recordarle que saber y poder están íntimamente ligados. Eso quiere decir que el conocimiento que se genera contribuye al poder de sectores específicos de la sociedad y con ello a ciertas estructuras de dominación. No importa si usted está o no directamente articulado a ese sector. Es decir, no tiene que tener usted pertenencia orgánica a las élites políticas, económicas, sociales y/o culturales para hacerlo. La dominación se refuerza desde la producción de conocimiento a través de una réplica acrítica de la metodología y la epistemología dominante, y de la selección de ciertos temas y el silenciamiento de otros. Preste mucha atención a los siguientes síntomas:

  • Usted estudia algo lejano a su mundo cotidiano. Ojala no tenga nada que ver con su experiencia de vida o con su país. Eso asegura su objetividad. Bueno, en algunos casos usted no usa la palabra objetividad porque eso es muy positivista y está desgastado, pero cree en cambio en la neutralidad. La cosa es que la neutralidad NO existe. La neutralidad es una de las ficciones más productivas de la relación saber-poder porque le hace creer que usted es “objetivo” y que está libre de culpa, sin darse cuenta que lo que hace es contribuir a que nada cambie, a que todo siga igual, es decir, a reproducir el status quo.
  • Cuando usted presenta su trabajo que está relacionado con humanxs, usted habla de su “objeto de investigación”, diferenciándose como el sujeto y creando una distancia que lo hace ser objetivo convirtiendo al otro en una cosa y así despojándolo de su humanidad e inteligencia. Lo propio le puede ocurrir cuando trabaja con animales, muertos y la naturaleza. La agencia de SU “objeto” es negada.
  • Usted no cuestiona la historia colonial e imperial de su disciplina (la antropología, la historia, la psicología, la geografía, la sociología, el derecho, la ciencia política, y atención, también las ciencias exactas y las artes).
  • Usted continua cacaraqueando toda la teoría eurocéntrica, la proveniente del norte hegemónico. Usted cree que eso le da altura a su trabajo, cita, así no entienda, lo que dicen grandes pensadores o pensadoras europeas y norteamericanas. Algunas veces les emula en sus ademanes y en sus gestos.
  • Usted desprecia toda la teoría local (proveniente de su ciudad, país, región, movimiento). Le parece sospechosa. Algunas veces le incomoda.
  • Usted separa teoría y práctica. Habla, habla, habla, estudia, estudia, estudia, escribe, escribe, escribe, pero no hace nada que transforme el “tema” que le interesa, y no hace ni el mínimo esfuerzo por conectar las actividades “académicas” con la acción.
  • Usted selecciona “problemas” de “investigación” que solo le interesan a usted, porque le parecen interesantes. Entonces va a una comunidad, hace todo un análisis minucioso de las prácticas y los discursos de la gente, primero los mira con desconfianza “científica”, los analiza, aplica la teoría del discurso, los sentencia, escribe en que están fallando, que hacen mal, y luego explica muchos de los “fenómenos” bajo “estudio”, con la lógica de SUS “objetos” pero con conceptos confusos y “complejos”, y por supuesto, no les da el crédito, ni se toma la molestia de compartirles sus interesantes resultados. Seguro que lxs “pobres” no entienden, y usted ya logro lo que quería: el requisito para graduarse, ascender, publicar, ser famosx y ganar credibilidad.
  • Usted se concentra en análisis cuantitativos. Esos, cree usted, explican mejor los fenómenos/problemas que usted decidió investigar (cual detective de la CIA invade el mas mínimo resquicio de la vida pública y privada de SUS “otros”).
  • Usted abstrae, y se queda en la abstracción. Va y aplica a como de lugar una teoría. Y explica esa realidad desde una lógica dicotómica, perdiendo la complejidad del fenómeno y su despliegue en el tiempo.
  • Usted no investiga o estudia, no toca temas difíciles o conflictivos que incomoden su “circulo” cercano, tales como el racismo interno del feminismo, o los privilegios de clase y la reproducción del poder dentro de ese lindo movimiento que ganó la revolución silenciosa, porque, ¿para qué?, si ya triunfamos y todas somos hermanas. Entonces usted no se lo dice directa y explícitamente a la feminista que le incomodaron sus preguntas y comentarios, pero su cuerpo no puede evitarlo, y toda usted hace un gesto, y entonces expresa corporalmente que se sintió interpelada y que con esa, no le interesa seguir conversando. Lo propio opera en otros movimientos sociales, círculos académicos y en general, en el mundo universitario.

A la sazón, usted continua en ese lindo castillo de marfil que puede llegar a convertirse el mundo de la producción ($$$$) de conocimiento, construyendo una subjetividad “neutral” que suele ser diplomática, auto engañándose porque en serio cree que no afecta a nadie, contribuyendo a que este mundo clasista, racista, sexista, homo y lesbifóbico, humanocéntrico, colonial e imperial se mantenga intacto. Solo una invitación, chequee el listado…

criticar pensar

 

 

 

Bellota

La gordura y la esquizofrenia capitalista

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Si no le gusta ser gorda es su problema.  Si le molesta la grasa de su panza, de sus caderas o sus piernas, haga ejercicio, haga dieta, haga algo. Si decide por alguna razón acoger y acatar el canon estético de la delgadez me parece bien, hágalo y haga algo por responder a eso. Pero ¿cuál es la razón que le lleva a querer imponer sus creencias a las demás? ¿Por qué debo escuchar recomendaciones sobre las miles de fórmulas mágicas para adelgazar? Si usted quiere envenenarse con pastillas, dejar de comer chocolate o empanadas me parece perfecto pero no crea que espero sus consejos, o que sus recomendaciones o sus apreciaciones acerca de mi cuerpo me interesan. Ese es mi problema y será mi asunto si quiero o no cambiar mi apariencia pero ¿de dónde saca que quiero escuchar cómo le funcionan de bien esas pastillas que atacan directamente la grasa localizada?

Esta sociedad misógina constituye modelos estéticos en hegemónicos y a todas las mujeres en entes que persiguen alcanzar los estándares establecidos: todas rubias, todas de cabello lacio, todas delgadas. Pero no quiero hablar del marcado rasgo eurocéntrico del estándar actual que pretende mujeres de estaturas y delgadeces bastante ajenas a las realidades de nuestros cuerpos. Yo no he estado conforme nunca con mi apariencia y siempre he tenido conflictos con el tema, pero no puedo dejar de pensar en que en parte esa sensación de inconformidad proviene un régimen que no perdona a quienes se alejan de la norma hegemónica a quienes no se pliegan al orden de delgadez. Yo he escuchado opiniones que no he pedido de mis familiares, de amigas o conocidas, pero incluso las he recibido de desconocidas o extrañas que no tienen ningún problema en asumir de partida que tengo un problema con “mi peso”, que eso me debe generar angustia y se apresuran a darme alternativas. De ese asunto anecdótico e individual sin embargo, se desprende una reflexión más estructural acerca del impacto colectivo que tiene la industria edificada sobre la base del control sobre el cuerpo de las mujeres.

La alimentación es una de las condiciones básicas de la dignidad humana y de la autonomía de los pueblos pero cada vez más es un negocio que refleja la desigualdad, en la que los privilegiados exhiben la gordura como pandemia, mientras que grandes sectores sociales padecen hambre y no tienen acceso ni al mínimo vital. Es una especie de esquizofrenia colectiva se condena lo que se promueve: se condena la gordura, pero se promueve el consumismo y se especula con el precio de los alimentos. En un actualizado régimen de poder se busca controlar, uniformar y transformar a los cuerpos en mercancía para vender o comprar. El cuerpo se cercena, se inyecta, se le da forma, recortando así los márgenes de libertad y autonomía individual y colectiva. Una apuesta feminista libertaria se opone al régimen de opresión capitalista que especula con los alimentos, los medicamentos y la cirugía plástica pero también contra la acumulación de la riqueza, la privatización de las semillas y el consumismo.

Bombón.