Archivos Mensuales: mayo 2012

Más política contra el capitalismo

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“Si la naturaleza fuera banco, ya la habrían salvado”
Eduardo Galeano

Me pregunto cada día cuánto más va a aguantar esta forma de organización económica llamada capitalismo. Me sorprendo cuando escucho en conversaciones informales, en conferencias o en aulas de clase que el capitalismo ha demostrado ser el único sistema viable de organización económica de la sociedad. El argumento, por lo general, es que el socialismo tuvo su oportunidad y fue derrotado, ya que fue un sistema autoritario, represivo, ineficaz e ineficiente y sobre todo, que no cumplió las promesas de justicia social e igualdad que hizo. Desde esa lectura binaria la “humanidad” estaba condenada a “escoger” entre dos opciones mutuamente excluyentes y como una de ellas ganó la otra debe desaparecer como referente político.

He hecho el ejercicio de analizar qué modelo fue el que ganó y por qué ganó. Pero inmediatamente tengo que rehacerlo porque la pregunta no es qué modelo ganó sino más bien quiénes ganaron y qué ganaron. Pues bien, ganó una minúscula élite que se hace rica día a día a costa del trabajo de mucha gente y la explotación de los recursos naturales. Que gana cada centavo a partir de una lógica en la que todo vale y en la que acumular riqueza es más valioso que la dignidad humana o el equilibrio ecológico. El flamante sistema económico que tantos y tantas defienden porque “garantiza” la “libertad”, en realidad se sustenta en la explotación de seres humanos y en la devastación ambiental.

Tal vez sea ingenuo pensar hasta cuándo aguantará el capitalismo porque como sistema se reproduce de manera eficiente e incluso en los momentos en los que muestra su cara más perversa. Cuando la desigualdad, la injusticia y la explotación son más evidentes, logra reinventarse y afianzarse en el poder. El capitalismo y sus agentes por todo el mundo logran ganar y acumular gracias a que la gente cada vez es más explotada, más pobre, muere en guerras, de hambre o de enfermedades que se podrían curar.

No quiero perder la esperanza en que podemos construir un sistema en el que la dignidad humana valga más que la estabilidad de los índices económicos. En el que garantizar una vida digna y libre para la gente importe más que salvar el sistema financiero internacional. En el que la educación, la salud, la vivienda, la alimentación, el cuidado del medio ambiente sean mínimos éticos que deben ser garantizados y no negocios que enriquecen a quienes los administran.

El despojo de una vivienda familiar por parte de un banco o el asesinato de quien lucha por la redistribución de la tierra, debería ser como gasolina que enciende el fuego social, porque no están despojando o asesinando sólo a unas cuantas personas, están expoliando de manera masiva para llenar los bolsillos de los usureros que como parásitos se alimentan del trabajo de la gente más pobre. Y no solamente a través del sistema financiero sino en complicidad con los estados que incrementan los impuestos de manera regresiva para “salvar” a los bancos cuando estos han sido saqueados por sus voraces dirigentes.

Ya conocemos la reiterada demanda de los agentes del capital que piden reducción del estado, libre empresa, privatización de los servicios públicos y limitación de la regulación estatal, pero luego, cuando la ambición ha vaciado las empresas o los bancos, entonces si sirve el estado y son nuestros impuestos los que se invierten en saldar sus cuantiosas deudas. Así que contra el capitalismo hay que defender la política.

Defiendo la política como el escenario del debate público, de la negociación, en el que la gente tenga voz pública, donde tenga lugar la lucha y la rebeldía. Donde de manera colectiva, encontremos vías éticas para producir bienestar, igualdad y libertad, porque ya es suficiente de creer que funciona mejor la economía, el interés privado y el afán de lucro: esos no pueden seguir siendo los referentes que estructuren una forma de organización social.

En la política como la concibo, se involucran personas a quienes podemos ver, por tanto susceptibles de asumir compromisos éticos. En el capitalismo hay estadísticas, porcentajes, firmas, nadie asume responsabilidad, nadie da la cara. Más política y menos economía debe ser la orientación que guie el camino hacia un futuro distinto, que tal vez no conocerá nuestra generación pero que podemos construir para quienes vienen. Hoy nadie puede declararse neutral, no afectada/o o no interesada/o en la política porque las millones de personas explotadas, discriminadas, marginadas son una responsabilidad colectiva, social y humana.

Bombón

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Rostros de negras que devienen blancos…

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Hace unas semanas mientras leía en internet la programación del Festival Iberoamericano de Teatro, me encontré con una nota sobre el musical “María Barilla, la música hecha mujer” ganador del premio Fanny Mikey, que abrió dicho evento. Esta noticia enseguida llamó mi atención, ya que de ella es muy poco lo que se sabe, a pesar de su importancia; una mujer pobre nacida en las tierras cercanas a los ríos Sinú y San Jorge, lavandera, revolucionaria (luchó con los campesinos y campesinas de la región por el acceso a la tierra; compañera de luchas de Juana Julia Guzmán) y  además exquisita a la hora de bailar, tanto que dicen que cambió para siempre el porro y los fandangos (es célebre la historia del porro que lleva su nombre y que es himno del departamento de Córdoba).

Pensé en lo interesante que era la recuperación de este tipo de personajes hasta ahora marginales en la historia colombiana (solo Orlando Fals Borda la menciona en su texto la Historia Doble de la Costa, y algunos pocos historiadores cordobeses), sin embargo cuando comencé a ver las fotos de la protagonista, mi interés se fue convirtiendo en malestar porque me encontré con el rostro de una actriz de piel blanca que cumple con todos los patrones de belleza y delgadez de la estética blanca occidental; nada que ver con la Mayo (como le decían a María Barilla) que yo había descubierto hace algunos años en las páginas del libro de Fals: una mujer de piel oscura y rasgos que revelaban ese rico mestizaje indígena y negro de las sabanas de Bolívar.

El malestar me lo producía el racismo  que hay en el  blanqueamiento de todo aquello que resulte valioso, talentoso y excepcional. Todo sea por perpetuar el imaginario racial de este país que indica que los varones negros son ladrones y perezosos y las mujeres negras, sirvientas o putas (sino me creen vean las portadas de Hola y Soho). Este racismo es el que fundamenta la pretendida universalidad de las mujeres blancas, capaces de encarnar y representar a todas las mujeres, más allá de las diferencias y las desigualdades. Mientras que le deja a las negras la representación de una diferencia que no es mas que un degradado estereotipo.

Por otro lado el que hagan este ejercicio de blanqueamiento con una mujer como Barilla me hace confirmar esa particular mezcla de racismo y sexismo que es capaz de construir historia de la manera más arbitraria. Antes he visto en televisión historias sobre varones negros como Alejo Duran y a pesar del manejo frívolo y cursi de la trama, no se atrevieron a convertirlo en un blanco, y lo mismo ocurrió con la telenovela sobre la vida de Joe Arroyo (aunque vale la pena señalar que los actores y actrices protagonistas caen en la categoría de “negros bonitos”, como se le llama en este país a los negros mestizos con rasgos de blancos). Me pregunté entonces por qué si se atrevieron con una mujer negra.

Es posible que la respuesta este relacionada por un lado con la invisibilización total de las mujeres negras. Esto parece una afirmación rotunda, pero démosle una hojeada a los  libros de historia de Colombia; de historia de las mujeres o de la historia de la diáspora africana en Colombia, y se darán cuenta que no hay nombres, no hay historias, no hay imagenes de mujeres negras. Y por el otro lado, con la arbitraria y estereotipada representación que se hace de ellas en los medios de comunicación masivos.

Las mujeres negras y pobres no tienen historia y no la tendrán, mientras sus hazañas y luchas sean atribuidas a las blancas, esas si, actoras reconocidas de la historia, esas si poseedoras de los “rostros dignos” de la historia nacional.

LISA

 

El día de la madre… desnaturalizada

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A propósito del día de la madre, he pensado que es una de las pocas fechas en el año que encierran un significado aparentemente común. En medio de tantos elogios y tantas flores, el mensaje de fondo es que todo el mundo ama a su madre por encima de cualquier persona, incluido su padre, por supuesto. Parece que nadie duda de este amor tan incomprensible y tan profundo, y por eso le dedicamos un día entero (¡24 horas!) para celebrar todo lo que nuestras madres han hecho por nosotros y nosotras. Expresamos enardecidamente todo lo que les queremos y valoramos.
Pero quiero proponerles que le demos un giro a esta celebración y desde hoy promovamos el ¡Día de las “madres desnaturalizadas”! Esas que los noticieros disfrutan criticar porque salieron a la calle a trabajar. Esas que dejaron solos a sus hijos e hijas porque no tenían con quien compartir las labores de cuidado. Estas desvergonzadas que se alimentan tan bien como sus criaturas; las mismas que disfrutan de sus cuerpos y buscan espacios para el sexo; estas villanas que se atrevieron a ser senadoras, concejalas, mujeres públicas; las mismas que llegaron pasadas las cinco de la tarde a sus casas….
Creo que con más “madres desnaturalizadas” como ellas, podemos empezar a reorganizarnos como sociedad, para que cualquier mujer que haya decidido su experiencia de ser madre, tenga las mismas oportunidades para ser y continuar siendo lo que se le antoje.
Quiero invitar a mi madre a que siga buscando y experimentando con su vida, para que pasados sus sesenta termine por fin su curso de conducción, para que nuestra relación siga unida por ese amor del que no dudo, ese mismo que nos permite a ella y a mí a amar nuestra propia libertad.
¡Feliz día para todas las madres desnaturalizadas que por fortuna existen!

Burbuja

Elogio a la masturbación

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Buscando sinónimos para ampliar el vocabulario de este post encontré que el predeterminado en mi computador para la palabra masturbación es placer solitario… me pareció gracioso y muy útil para mi tema. Porque ya saben, cada loca con su tema y el mio por estos meses ha sido la masturbación: mi, cada vez más frecuente, placer solitario! Es mejor que montar en bicicleta porque no sólo nunca se te olvida sino que mejoras cada vez que lo intentas.

Desafortunadamente no tuve acceso a ningún manual de instrucciones así que aprendí muy despacio. Cuando tenía 13 o 14 años lo intentaba pero no lograba nada, ni siquiera sentía un mínimo placer así que lo abandoné. Más adelante, la curiosidad por buscar placer sexual sin necesidad de depender de otro cuerpo me impulsó en la tarea cotidiana y juiciosa de intentarlo y un día al borde de la desesperanza y casi por accidente me provoqué un orgasmo…

No es que crea que toda actividad sexual deba llevar al orgasmo pero recuerdo esa ocasión como uno de los momentos más placenteros que he tenido. Recuerdo muy bien esa primera vez porque me proporcionó una sensación de autonomía, de autodeterminación y de libertad que tal vez no haya sentido en ninguna otra actividad. Desde ese entonces soy una entusiasta practicante que se esmera porque mi “placer solitario” no se aparezca en mi cabeza como un sustituto del sexo en pareja, sino que de manera consiente busco llenarlo de un sentido: mi capacidad de darme placer a mí misma.

Creo que tanta constancia y esfuerzo han rendido sus frutos porque cada vez lo gozo más. Me complacen esas ocasiones en que una ola de deseo recorre mi cuerpo y siento una necesidad inmensa de disfrutarme.

Bombón.

Que levante la mano la que no aprendió a besar con las primas o las amigas

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La lucha feminista obtuvo para la humanidad la separación entre la sexualidad y la procreación. En su lucha por lograr la libertad de las mujeres para decidir sobre su cuerpo, nos abrió la posibilidad de encontrar goce y placer a través de la sexualidad, que no podemos olvidar, ha sido una difícil conquista. Sólo basta recordar la condena religiosa, moral y política al placer sexual que rigió durante mucho tiempo la vida de los seres humanos. En particular, hasta hace poco el que una mujer disfrutara de su sexualidad sin que implicara preñez equivalía a ser una prostituta, que al lado de “madre desnaturalizada” y lesbiana eran los peores insultos posibles para una mujer.

Semejante cambio ha estado lleno de sombras y matices. La posibilidad de este goce no es igual para todas las mujeres ya que depende de las condiciones de opresión que enfrentan, sin embargo, algunas aprendimos que el placer es una opción, una decisión y que se puede buscar más allá de los límites de lo establecido. Incluso más allá del mandato heterosexual. Teóricas feministas nos han enseñado que la sexualidad es un campo de lucha y transformación social y que la búsqueda de autoplacer, la masturbación y el sexo entre mujeres son también potenciales vehículos de acción radical y revolucionaria para romper el control, el uso y el abuso de nuestros cuerpos por parte de los varones heterosexuales.

El sexo heterosexual es un mandato, uno más entre el conjunto que constituye el gran sistema patriarcal. Muchas generaciones de mujeres aprendieron que el sexo era para procrear, que no tenían derecho al goce; nunca conocieron un orgasmo y pensaban que tener sexo era acostarse en una cama, abrir las piernas y ser penetradas hasta que el varón depositara en ellas su semen. Ninguna de esas premisas se mantiene intacta hoy en día. Si todas estas cosas fueron cuestionadas y poco a poco están siendo transformadas ¿por qué no puede serlo la heterosexualidad obligatoria?

Muchas opinarán que logran placer y libertad únicamente en relaciones heterosexuales y que no encuentran atractiva a otra mujer, sin embargo, ¿la han considerado como una alternativa? ¿Realmente la heterosexualidad es una opción que tomaron? ¿Es su decisión? Siempre afirmamos que el feminismo lo cuestiona todo, sin embargo lo olvidamos a la hora de procurarnos placer y disfrutar de nuestro cuerpo: ¿por qué no probar antes de descartar compartir el placer sexual con otra/s mujeres? ¿Por qué no recordar que para algunas, la primera experiencia erótica fue en los labios de la prima o la amiga de la infancia? Esta es una invitación a recordar y ojala retomar, la libertad que otorga la falta de prejuicios, esa que nos hizo creer que la persona más adecuada para enseñarnos a besar era esa cómplice, la amiga, la prima.

Bombón