25 de Noviembre, entre el pintalabios y los feminicidios…

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criticar pensarComo feminista debo admitir que uno de los temas que más se me dificulta trabajar es el de la violencia contra las mujeres, y no es porque lo considere excesivamente complejo, sino porque es tal vez el tema más banalizado, el preferido por cierto sentido común feminista, ese que rebosa de frases que puede repetir desde la candidata de un partido político de derecha, sin siquiera sonrojarse, hasta algunas actrices con buenas intenciones, devenidas en feministas registradas por las marcas Avon/OnuMujeres/Acnur, qué con pintalabios o frases cursis (Ej. Alejandra Borrero) y maquillaje corporal (estilo golpiza) piensan sensibilizar al mundo patriarcal (Ej. Angelina Jolie y Emma Watson). De hecho si una hace el ejercicio de preguntarle a cualquier político o personaje famoso por cualquier tema relacionado con las mujeres es muy probable que la respuesta siempre termine en alguna frase relacionada con la violencia contra las mujeres.

Los actos conmemorativos del 25 de Noviembre son un buen ejemplo de dicha banalización, para la muestra me remito al que se ha vuelto el tema central de esta fecha desde hace algunos años: el feminicidio. No voy a cuestionar la importancia que tiene que el estado se pronuncie y establezca sanciones de tipo penal y social para los asesinos de mujeres (en adelante feminicidas) pero tampoco voy ocultar que una categoría o concepto producida por el feminismo a la medida del estado me genera sospecha, sobre todo porque esta imbuida de esa lógica estatal que simplifica y reconceptualiza los problemas sociales en aras de tener un mejor control sobre ellos.

Sé que la idea de feminicidio no surgió del estado, sino del feminismo institucional y por eso es reivindicada por muchas colectivas y redes feministas que lo consideran un gran logro del movimiento. Sin embargo no se puede negar que es una categoría problemática para aquellas cuya apuesta feminista va más allá del género y de la categoría mujer. Y es que reducir las causas del fenómeno de la violencia a una sola razón, ser mujer, suena como una terrible simplificación y descontextualización de la violencia que ocurre sobre los cuerpos de las mujeres, que además oculta que las principales víctimas son pobres y racializadas, como lo son las mujeres trabajadoras de la maquila de Juárez o las afrodescendientes e indígenas de una de las zonas donde se siente con mucha fuerza el conflicto armado en Colombia, como lo es Buenaventura. Mujeres que no son asesinadas solo por su género, sino por vivir en zonas de interés económico de las grandes multinacionales, en resguardos indígenas; por organizarse para defender sus vidas, sus territorios, o por luchar por condiciones laborales dignas.

El uso de la categoría feminicidio por parte de los movimientos sociales me parece complicado, es hablar con la traducción que hace el estado de los problemas sociales, es hacer resistencia con la interpretación del mundo que hacen las instituciones. Eso implica que el activismo feminista queda circunscripto a la delimitación del problema que propone el estado y dentro de esos límites se va a dar la lucha, y esa trampa es la misma que hoy desgasta a otros movimientos, incapaces de ver más allá.

…lo peor de todo es que eso significa reducir el tamaño de nuestros sueños, que de tan pequeños ya caben en los códigos penales…

Lisa S

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