Archivos Mensuales: julio 2012

Parece que es cuestión de merecer

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Ya se cumplen dos meses de la muerte de Rosa Elvira Cely, una de tantas mujeres que han perdido la vida a causa de la violencia machista, y que conmocionó al país, logrando la atención de los medios masivos de comunicación. Podría pensarse que este seguimiento mediático apresuró la búsqueda del responsable y también la respuesta de las instituciones judiciales. Dejando en evidencia el pobre e ineficaz funcionamiento del Estado, cuando se trata de una víctima pobre y anónima como Rosa.

Quizá por hacer parte de algunas redes feministas, con frecuencia conozco las denuncias de casos aterradores de violaciones, amenazas y asesinatos de niñas, mujeres y ancianas en todo el país.

Justamente, la Mesa de Mujer y Conflicto presentó hace muy poco su XI informe, un documento que debiera “merecer” toda la atención por lo que significa; once años documentando los efectos de la guerra en la vida de las mujeres colombianas. Esta presentación estuvo acompañada por una de las víctimas directas de la guerra, quien cuestionaba por qué el caso de Rosa Elvira había tenido tanto reconocimiento, cuando en todo el territorio colombiano la sevicia con que se maltratan los cuerpos de las mujeres parece no tener límites. Concluía sin dudar, que fue un hecho que “merecía” la atención por haber ocurrido en Bogotá, la capital.

¿Cómo se decide que un caso merezca la pena ser divulgado? ¿Qué criterios son suficientes para llamar a la solidaridad y a  pronunciamientos que reclaman justicia? Tal vez más allá de sentir compasión por el infame dolor que imaginamos padeció Rosa Elvira durante tantas horas, otros asuntos se pusieron en juego. Se puso en tela de juicio el funcionamiento de las instituciones del gobierno de turno, el sistema de justicia, el sistema de salud, en fin se habló de eso que  “verdaderamente importa”: “las instituciones”.

Es tal vez por esto, que no nos debería sorprender que en un pueblo remoto de este mismo país, una mujer de 19 años haya sido asesinada por su exesposo y éste siga libre y tenga ahora la custodia su hijo. Esa no es noticia, es cotidianidad.

Me pregunto ¿qué nos movilizó el domingo 3 de junio? ¿Un repudio a este sistema social al que poco le importa la vida de las mujeres? ¿Una preocupación para que estos actos no vuelvan a suceder? ¿Una oportunidad efímera para algunos políticos de figuración pública? Sea lo que sea, valoro el hecho de que por lo menos durante un día, esta movilización fue masiva y esta vez no exclusivamente impulsada por grupos feministas. Exigimos al unísono vivir una vida sin miedo y libre de violencias contra las mujeres ¡Ni una más!

Burbuja

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La modernidad no solo produce golpes de Estado … también mata!

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A veces creo que sueño demasiado y me pregunto si vale la pena. A veces me pellizco cuando pienso que debemos derrumbar la mayoría o todos los cimientos que muchos consideran inmodificables. Pienso por ejemplo en la democracia, entonces recuerdo que Colombia ha sido “la democracia más estable” de la región. Los libros de historia dicen que no tuvimos las dictaduras del Cono Sur y que aquí con las elecciones nos las arreglamos para vivir “civilizadamente”. Recuerdo entonces todo lo que hemos permitido que ocurra en esta tierra a nombre de la democracia: asesinatos, descuartizamientos, desaparecidos, acribillados, falsos positivos – asesinatos cometidos por las fuerza publica para mostrar logros en la guerra “antiterrorista” -, parapolítica y enmiendas a la Constitución para aumentar el ejercicio de poder de nuestro ex presidente Uribe (un hombre democráticamente desequilibrado). Y más, para mucho más sirve la democracia dejando en evidencia que ha sido útil para unos pocos privilegiados en detrimento de lo que muchas y muchos soñamos.

Un rápido vistazo a la Latinoamérica de los últimos días nos lo deja ver: un presidente “electo” en México que gana con votos comprados, a la vieja usanza clientelista de la región, y que profundizará el Terrorismo de Estado; un vice presidente convertido en mandatario por las reglas de la democracia diciendo sin desfachatez que no hubo golpe militar en Paraguay sino que lo que pasó fue resultado de procedimientos democráticos que llevaron a la “destitución” de Lugo; y un Congreso en Colombia que aprueba una reforma a la justicia que pretendía continuar con la legalización de la impunidad y que tuvo que echarse para atrás.

Los cimientos de la sociedad moderna siguen su proceso de declive mostrando para qué realmente han servido: para mantener en el poder a quienes lo han ejercido en su sólo beneficio desde hace mucho tiempo, permitiendo el aumento de las arcas de los ricos que se irritan con la palabra redistribución, para la permanencia del imperialismo de las potencias mundiales que ven en nuestros países minas de oro a explotar… no importa a costa de qué. Solo miremos al lado, a Perú, para observar como la vida de quienes piensan un modelo económico y de vida alternativo son asesinados por oponerse a los mega proyectos mineros, o volvamos la mirada a Colombia, al Cauca, para presenciar como esos megaproyectos nos despojan, nos matan y aniquilan la naturaleza.

Si, es cierto, los cimientos de la modernidad han sido usados por todos y todas, quien podría decir que no. Nos ha permitido soñar con un mundo sin clases sociales, con la posibilidad del socialismo, con la transformación social y la emancipación, con el respeto de los derechos humanos. La cosa es que aún las izquierdas, los movimientos sociales y el feminismo replican las trampas que los discursos modernos suponen tales como la imposición de una idea universal de humanidad y las visiones que sobre la naturaleza reproduce la “razón” moderna.

No todo es malo con la modernidad, la modernidad también es producto de quienes hemos querido ser invisibilizados por ella, pero los usos que se le han dado no la dejan muy bien parada. Eso hace necesario soñar con un proyecto feminista decolonial, un nuevo horizonte de vida que sea negro, indígena, hibrido, mestizo, popular, no hegemónico, un proyecto ético/político que vaya más allá de los cimientos que nos han ayudado a pensar la emancipación, que sea capaz de ser rebelde con las alternativas políticas hasta ahora presentes y que desde esa rebeldía crítica geste otra cosa que radicalice los principios que nos hacen seguir soñado a las y los utópicos con otro mundo distinto!!!

Bellota

Mi cuerpo y yo

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ImageCumplo 35 años. Me encanta cumplir años! Me gusta celebrar, emborracharme, comer ponqué y seguir emborrachándome. Este es mi primer cumpleaños lejos de mi familia y mis amigas/os y me descubro con mayor  fortaleza frente a la soledad con amigas/os nuevas/os para celebrar! Siento que ha sido un recorrido muy corto en el cual he vivido casi como he querido! He soñado y he logrado, también he tenido decepciones y fracasos pero más que nada, he vivido con intensidad y placer. Siento que aprendo a medida que avanzo en esta vida y he logrado resolver muchos de mis conflictos internos… bueno… tal vez no resolver pero si reconocerme como un ser dual, ambivalente y contradictorio, a entender que no soy una sino que tengo varias dentro de mi… una ser que lucha, que cambia, que se equivoca, que sueña y que busca.

Hay sin embargo algo que me pesa. Que no he podido resolver. Algo que traigo desde hace mucho y es la sensación de rechazo por mi cuerpo. La mayor parte de mi vida me he sentido (he sido, soy) muy baja y gorda. Es una inevitable sensación de desprecio por lo que veo en el espejo. Es el conflicto de rechazar y luchar contra la opresión en todas sus expresiones y sin embargo, declararme vencida ante la presión por estar/ser delgada. Es la sensación de envidiar los cuerpos “delgados” “altos”… es la rabia que he llegado a sentir por saber que mi hermana y mis hermanos tienen la estatura que yo quería. Es la inseguridad que se apodera de mi cuando voy por la calle o en el transporte público y termino comparándome y por supuesto perdiendo porque “todo el mundo” es más alto o más delgado que yo.  Es mi negativa a comer las cosas que me gustan o que quiero probar porque sé que más adelante me voy a arrepentir y estaré torturándome por hacerlo.

Quien me conoce sabe que no soy anoréxica, ni bulímica, tal vez un poco loca con el gimnasio, pero hasta ahora no me he hecho daño físico a causa de mi obsesión… es una sensación más ambigua, de malestar, de preocupación cotidiana, no es algo central en mi vida sino un trasfondo, una constante, una yo que mis otras yoes controlan pero que a veces, anda suelta y es peligrosa! que me repite una y otra vez que estoy gorda y soy bajita y que me arroja de la paranoia de “todo el mundo lo ve y le importa: soy gorda y bajita”, al autocastigo; a la no aceptación de quien soy y como soy.

Quiero dejar de presionarme a mi misma por esta razón. Quiero aceptar lo que soy y como me veo. Quiero dejar de preocuparme por lo que veo en el espejo… en realidad quiero olvidar el puto espejo ! Quiero que me importe lo importante y dejar atrás la mierda que ha hecho que yo pueda excitarme y tener sexo con cualquier cuerpo y que sin embargo no soporte el mío. A mis 35 años quiero hacer las paces con mi cuerpo, sacar la norma estética heteropatriarcal de mi cabeza y disfrutar de la comida, de la pereza, de los zapatos planos. Quiero dejar pasar sin que me importe los comentarios de otras personas… por lo menos los negativos! Quiero hacer mi propia revolución corporal: aceptándolo y dándole un contenido político al librarlo de la búsqueda de patrones estéticos estereotípicos que nos condenan a las mujeres. No quiero volver a sentir vergüenza por la incoherencia de decir que soy feminista y sin embargo no respetar mi cuerpo, que en últimas, es lo que soy, muestra de dónde vengo y por lo que lucho!

¡Feliz cumpleaños para mi cuerpo y mis agradecimientos por aguantar tanto! Lo bueno y lo malo!

Bombón

Las poetas de la revolución feminista/el legado de Gioconda Belli

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Si hay algo revolucionario es el arte en todas sus expresiones, y si hay algo patético es la propaganda o la producción cultural por encargo. Ese fenómeno me ha perseguido a lo largo de mi activismo feminista, ya se trate de canciones y odas para la política pública de turno, poemas para la feminista de moda, poemas para las fiestas de la feminista de moda, poemas para el 25 de noviembre, el 8 de marzo, el 28 de mayo, para el aborto…… ahora que lo peor – y no es que yo sea tacaña – es que además de escucharlas, tengo que comprarles sus libros….

Incluso dejando eso de lado, tengo que pasar por la pesadilla de que la autora se acerque con su libro (que tendré que comprar) y me pregunte…- ¿Y qué te pareció?. Créanme que la salivación de mi boca aumenta, mientras el tic en mi ojo derecho me obliga a ponerme la mano en la frente para que me salga una sonrisa tensa y de mis labios broten las palabras….- Muy bueno, no sabía que escribías…. Me odio en esos momentos por no ser capaz de decirles a todas que son las Arjonas del feminismo! Que su poesía carece de imaginación, que si fuera por ellas otro mundo no sería posible, que hacen aburrido al feminismo, que escribir por encargo y corrección política me recuerda el arte y la estética de los regímenes totalitarios y que como Umberto Eco dice: el buen gusto reside en no inducir, en no decir, solo en despertar sensaciones. Para hacer arte feminista, no hay que hablar de aborto, ni de IVE (que raro que no hicieron un acróstico), ni de anticonceptivos, ni de lo bello que es el amor entre dos mujeres que se desean profundamente (aquí debo decir que a las lesbianas les va igual o peor, ya que entre las “novelas” y la “poesía erótica lésbica”, algunas artivistas van a crear otro estereotipo sobre el mal gusto, y chicas…ya la llevo difícil con los chistes sobre las novias que se mudan juntas a la mañana siguiente y las sudaderas como principal prenda de vestir).

Lo peor es que cuando lo he dicho, mientras converso con otras feministas, ponen cara de NO! ¡cómo se te ocurre decir eso si el poema (o la canción) tiene mensaje, además apenas están comenzando, hay que apoyar a las compañeras, hay que ser sororas! Exclamación que se remata con la frase de cajón … – cuando vamos a aprender a dejar de darnos garrote entre nosotras, cuando vamos a dejar la envidia. Mi respuesta es nunca, el feminismo no es un club del mutuo elogio, no es autocomplacencia. El feminismo es básicamente crítico. Además, me rehúso a ser el público cautivo de quienes a última hora les dio por escribir o cantar (estoy cansada de los conciertos donde hacen llorar instrumentos musicales en nombre de las feministas o de las lesbianas, y de los pobres performances de lectura de poesía a media luz).

El grito de Mayo del 68, la imaginación al poder, es también una apuesta estética feminista, que se hace real dislocando imágenes pre establecidas, representaciones arraigadas y estereotipos incuestionables, lo que irremediablemente nos remite a un proceso creador, acto inaugural de un nuevo mundo, de otro mundo

LISA

¡Ni una rosa más!

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Desacato Feminista acompañó la marcha de repudio frente a la violencia contra las mujeres “¡Ni una rosa más!”, el 3 de junio en el Parque Nacional de la ciudad de Bogotá, Colombia. Presentamos el siguiente clip como muestra de lo visto, lo marchado, lo gritado… aunque por momentos el silencio también fue protagonista.

Esta vez, el espacio fue tomado además de organizaciones de mujeres y feministas, por mujeres y hombres del común que también asumieron esta bandera como propia. Dejamos que cada imagen cuente su historia y cada uno/a presente su propia lectura.