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El ataque de procumojo a Bogótica

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En un intento desesperado por tomarse el poder,  procumojo arremete contra el alcalde de Bogótica. Las chicas súper poderosas en su actuar colectivo se hacen sentir... y es así como una vez más se defiende la dignidad y la autonomía gracias al despertar de la consciencia colectiva y el ejercicio de la ciudadanía!

En un intento desesperado por tomarse el poder, procumojo arremete contra el alcalde de Bogótica. Las chicas súper poderosas en su actuar colectivo se hacen sentir animando una vez más la defensa de la dignidad y la autonomía!

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¿Qué se necesita para la revolución?

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Una pregunta que ronda frecuentemente por la cabeza de quienes pensamos que vivimos en un sistema injusto, explotador y depredador es ¿cuál es la clave del cambio? ¿Qué fuerzas habrá que movilizar para generar una transformación real y no sólo reemplazar al opresor, la opresión o la violencia, sino construir las condiciones para que todos los seres de la naturaleza podamos vivir éticamente en igualdad, con dignidad y bienestar? Quienes además nos comprometemos con este tipo de causas en general creemos que la fuerza está en el colectivo, en la acción que se construye desde el día a día, desde la cotidianidad, que permite construir solidaridad para enfrentar los rasgos más violentos o crudos de la injusticia y la opresión. No creemos en la salida mesiánica, no esperamos la personalidad salvadora que tenga claro el camino y a quienes debemos seguir como ovejas a un pastor. En ese sentido le apostamos a la voz y a la acción política de las personas, de los colectivos que sufren, que  están oprimidos o que enfrentan la violencia cotidiana, porque históricamente han sido las voces silenciadas, las necesidades ignoradas, las demandas desatendidas.

Hasta ahora, nos han prometido justicia social, libertad, igualdad, bienestar o paz, sin que se haya logrado garantizarlos de manera general, sin coartar alguna faceta humana o decepcionar por dejar fuera a algún grupo social. Sobre los proyectos que se han comprometido con la justicia social, decepcionaron la terrible violencia con que pretendieron imponer sus ideas y la falta de garantía de libertades básicas para algunos grupos sociales. Del capitalismo se conoce su terrible capacidad de destruir la naturaleza, de sembrar injusticia y desigualdad, de reproducirse a partir de la violencia y la enajenación humana que nos vuelve y vuelve mercancía cualquier cosa.  Entonces, ¿cómo hacemos la revolución? ¿Qué necesitamos para hacer una revolución que permita construir un modelo social y político basado en la justicia social, la vida digna para las personas y el equilibrio ecológico?

El sistema político y económico en el que vivimos es un eficaz generador de miedo: nos hace temer de nuestra propia libertad, de la falta de opresión y de cualquier cambio, por mínimo que sea. Ha sido tan eficaz que incluso organizaciones políticas altamente comprometidas temen una acción de fuerza o resistencia. Hoy la máxima expresión social parece ser las huelgas generales, que cada vez son más raras, que tienen horario fijo y finalizan en cuanto termina la jornada laboral porque el día siguiente hay que volver al trabajo. Las marchas que acompañan las huelgas o se dan por si solas, reúnen tan poca gente (en relación con el total social) que por muchas que se hagan sólo desgastan a quienes participan de ellas sin que a veces, logren poner en cuestión ni siquiera “el orden público”. La falta de imaginación para proponer nuevas estrategias de movilización política que permitan poner en jaque el sistema nos está dejando sin esperanza  acerca de que se puede vivir de otro modo.

Apelar a medios pacíficos, pero contundentes y de impacto, de fuerza y resistencia, que sean capaces de vencer el miedo al cambio, el miedo al opresor, el miedo a la libertad y que permita que empecemos a asumir la responsabilidad individual y colectiva de construir otras formas de organización política, en las que no se delegue la toma de decisiones, sino que se ejerza el poder de determinar la vida personal y la colectiva, es la tarea pendiente. Se necesita mucho trabajo para que lxs oprimidxs nos politicemos, tomemos conciencia de las situaciones de opresión y decidamos actuar para cambiarlas. Tal vez un primer paso es darle valor y reconocimiento a las históricas resistencias indígenas y de los pueblos negros para aprender lecciones valiosas que pueden guiarnos en este difícil proceso. Algunas feministas hemos hecho camino también. Pero necesitamos más. Más radicalidad, más imaginación, más colectividad, más fuerza y sobre todo, más confianza en que hay algo más allá de la democracia capitalista.

Bombón