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1º de mayo

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FEMEN: FÉMinas Eurocéntricas que no entienden Nada

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FÉMinas Eurocéntricas que no entienden Nada

El cuerpo es un campo de batalla, y la nueva onda FEMEN una muestra de ello. El primer recuerdo que tengo de ellas, fue mientras veía el noticiero del medio día. Presentaban uno de esos extensos, repetitivos y aburridores reportajes sobre la elección del nuevo Papa y en contraste con tanta capa roja, abrigo y guante de terciopelo, apareció una noticia que hablaba de una protesta feminista que irrumpía el escenario “espiritual” y mojigato del momento. No sé si ya eran famosas, pero ahí conocí a las FEMEN. Me llamó la atención más que la propia desnudez de sus pechos marcados con frases, la reacción de la gente y los comentarios de los periodistas. Siguieron apareciendo otras cuantas veces, y por ello me decidí a buscar más información en internet descubriendo a este movimiento planetario que figuraba como si estuviera revolucionando el mundo.

La imagen se volvió recurrente. Aparecían las mismas chicas europeas y la escena me empezó a parecer predecible: siempre sujetadas de ambos brazos por dos hombres muy serios de la policía (que intentan evitar mirar sus senos), siempre expuestos los mejores ángulos de sus rostros perfectamente maquillados, labios carmesí y flores que dan un toque “femenino” al asunto. Como en cualquier planeada escenografía de comercial para revista de glamour, siempre la conexión perfecta entre fotógrafo (supongo hombre), policía y activista fashion. Todo esto me hizo pensar: ¿cuál ha sido la estética de la protesta feminista que he vivido? Porque no se parece en nada a esto que veía, y no porque fuera menos divertida, colorida o desnudista…

Pasó pues, lo del ancianito patriarca todo poderoso (el Papa), y estas chicas seguían protestando de la misma manera por diferentes causas. Les hicieron entrevistas, se volvieron toda una celebridad…  Los medios insistieron en darles cobertura, pero cada vez más dentro de la sección farándula.

Si bien, el desnudo no es mi práctica reivindicativa, entiendo el poder transgresor que ha tenido en el arte, en espacios como los encuentros feministas, manifestaciones como la marcha de las putas, y recuerdo especialmente una portada que tuvo la página de Mujeres al Borde… el cuerpo sin duda es combativo.

Pero con todo y mis sospechas, mi crítica hacia las FEMEN, tiene que ver con sus recientes declaraciones sobre el significado de sus acciones y su interpretación del feminismo. En una entrevista a un portal español, aclaran que no son feministas, sino femeninas porque se trata de mejorar la imagen.

…”esta sociedad machista ha convertido el feminismo en un estereotipo: mujeres poco menos que barbudas, deseosas de acabar con los hombres y que hacen el amor entre ellas. Y había que cambiar esa percepción. Una mujer atractiva, en minifalda, con tacones altos y bien maquillada no tiene por qué ser tonta. Se puede ser sexy, femenina y, al mismo tiempo, inteligente, activa, y sabedora de lo que pasa alrededor”.

Reclaman el derecho a protestar sin dejar de ser bellas, atractivas y por supuesto, heterosexuales. Curiosa protesta cuando se han manifestado por los derechos homosexuales y ahora hasta quieren liberar a las mujeres musulmanas (aquí una muestra de su reacción). Pero entonces ¿Les preocupa que se las tilde de lesbianas? ¿De nuevo la fórmula lesbiana=fea? ¿De verdad hay algo transhistórico y universal que se llama “belleza” de la que se ufanan? y ¿No se han preguntado por sus propios tacones antes de pretender cambiar los atuendos de otras?…

Me pregunto si en su próxima aventura de salvación se les ocurrirá protestar por la “liberación” de las mujeres indígenas de Latinoamérica. ¿Qué les dirán a las mujeres indígenas que en mi país (Colombia) tienen sus pechos desnudos con marcas hechas de tintas vegetales? ¿Que se cubran?

Creo adivinar en estas mujeres FEMEN, la eterna misión salvacionista eurocéntrica, que esconde la intención de decirnos cómo vivir, cómo protestar y hasta cómo ser feminista y por supuesto afectado por los lugares comunes y los estereotipos raciales y de género.

El cuerpo es político. Un cuerpo de mujer sea negra, indígena, mestiza, habla solo. Un cuerpo desnudo es un grito. Y de esta manera, particularmente las feministas hemos gritado durante años. Cada cuerpo está marcado, no solo por una tinta, sino por sus cicatrices, sus formas, su color, su edad, por la exclusión, por el patriarcado… Estamos hechos y hechas de un conjunto de palabras mudas con las que conversamos y nos conversan. Discriminamos y nos discriminan. Nuestros cuerpos desnudos también se mercadean, se negocian y se usufructúan. Apostamos por ser cada vez más ser dueñas de nuestros cuerpos y disfrutar nuestras diferencias…

Así con mi cuerpo redondito, pequeño y mestizo, hoy mi grito es decolonial ¡por favor FEMEN no me liberen!

Burbuja 

Cuando me canso de ser humana…

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cuandomecansodeserhumana

Desde que tengo memoria me encantan los perros, es mi animal favorito y hace poco mientras consentía al mío, pensaba qué sería de mí si fuera como él. Aunque esta manía humana y misógina de volver lo femenino algo despectivo, seguro genera úlceras a unos cuantos, si digo que por momentos quisiera volverme perra, una perra feminista.

Considérenlo. Siendo perra me puedo librar de ataduras sexuales por ejemplo, ¿No es maravilloso que pueda meter mi hocico donde quiera, disfrutar de un sin fin de olores y sensaciones sin rubor alguno, en plena calle, a plena luz del día? Salir corriendo libremente, atravesar prados a media noche, y asustar a uno que otro sujeto de esos que me encantaría espantar cuando en la calle acosan mujeres.

No tener que esforzarme por dar argumentaciones sobre la igualdad, simplemente ladro y si no queda claro, muerdo. En algunas reuniones feministas y en el trabajo quedarme dormida sin problema, mientras me consienten y me miran con ternura. No tener que utilizar ningún tipo de aditamento sanitario y artificial para resolver mis asuntos gástricos, ginecológicos y obstétricos.

Jugar con cuánto perro se me atraviese, sin importar su raza, tipo de pelo o la marca de su alimento. Sería una perra feminista feliz, con un olfato agudo para evitar encuentros no deseados y para encontrar los que me satisfagan.

Podría disfrutar librándome de algunas restricciones de mi humanidad de cuando en vez. Zafarme un poquito de la razón, librarme de los prejuicios y de las prevenciones con respecto a la sexualidad, al cuerpo, a las relaciones con otros y otras.

Sé que una perra no podría tener un blog y charlar con sus amigas perras de otras latitudes, así que sin negar estas ventajas y todas las demás que tiene el hecho de ser humana, quisiera invitarles a dar una mirada a los animales que tengan a su alrededor. A sus gatas o gatos, a sus perras o perros, a sus gallinas… les ayudará a recordar que existen otras formas de relacionarse para las que no se necesita de un gran cerebro.

Reconózcase una o uno más entre los millones que viven en esta tierra. Aprenda los estilos que más le llame la atención y tómelo como ejemplo de vida. Le dará gusto imaginarse a sí misma, como en mi caso, siendo una perra feminista campante y radiante corriendo feliz por la pradera…

Burbuja 

“-Usted hasta qué curso hizo?”

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Esta vez quiero referirme a las mujeres que suelen estar presentes en cuanta reunión, taller, encuentro, foro, lanzamiento de libro, cóctel, plantón, marcha, congreso o conferencia de mujeres y/o feministas se organiza. Se les puede identificar porque suelen cargar encima todo el “merchandising” que se produce en estos escenarios: mochila, camiseta, sombrilla, manilla, cuaderno de apuntes y bolígrafo membreteado. Conozco a un par de ellas muy divertidas, a quienes siempre saludo y con quienes siempre resulta interesante charlar un rato mientras tomamos el refrigerio, capturamos uno que otro canapé o hacemos la fila para recoger el libro que se está presentando.

Una de ellas compartía la siguiente anécdota que me llamó especialmente la atención:

Su relato inició por describirse a sí misma y a su amiga con quien iba, como un par de “participólogas”, mujeres que asistían a cuánto evento pudieran sacar provecho. Las dos se miraban y se reían recordando que entre ellas se dicen en broma “diosas” por su carácter omnipresente que las hace estar en todas partes… Comentaba entonces, que recién comenzaba un nuevo curso de capacitación y el primer día la recibió la facilitadora con la siguiente pregunta:

– Señora ¿Usted hasta qué curso hizo? ­

– Soy licenciada en idiomas – contestó.

No era la primera vez que se enfrentaba a un prejuicio de este tipo. Qué irónico pensé. Mujeres como ellas, que se encuentran además “sobrecapacitadas”, “sobretallerizadas”, “sobreactualizadas”, y aún las facilitadoras requieren ubicar a su interlocutora por el nivel de estudios que presenta su hoja de vida. La respuesta fue desconcertante para la facilitadora, que esperaba seguramente vaciar todo su conocimiento sobre esta “pizarra en blanco”, esta mujer que por su aspecto y actitud parecía no haber pisado una “sobrevalorada” institución universitaria.

Me quedé pensando, si yo fuera la tallerista ¿Para qué saber hasta qué estudios hizo? ¿Para saber como ubicarme frente a usted? ¿Para saberla ignorante, por lo menos más que yo?

He visto como estas facilitadoras o “talleristas” necesitan generar distinción, las he visto tratar hasta con cierta ternura a sus “beneficiarias”. Cuesta reconocerlas como pares en estos espacios para el “empoderamiento”. Parece que nos hemos estancado en un formato de aprendizaje entre mujeres donde se deben asumir ciertos roles: unas que siempre serán las que “saben” y otras que siempre serán las que “aprenden”. ¿Qué pasó con los grupos de conversación entre mujeres, con la construcción colectiva, con los diálogos de saberes? ¿Qué pasó con esos espacios que caracterizaron la construcción del pensamiento feminista, en el que todas aprendemos de todas cosas diferentes?

En adelante sacaré más provecho cada vez que nos encontremos, charlaré más durante los recesos, mientras me como el canapé, a la salida… para tener presente que si nos reunimos en el mismo espacio, es porque tenemos un interés común que nos convoca por igual a ellas, a mi y claro, también a usted señora tallerista…

Burbuja

Prueba tu agilidad mental!

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Para ayudarte con una pista, aquí puedes conocer un breve perfil de (Monseñor) Procurador General de Colombia, que tiene a su cargo “velar por el correcto ejercicio de las funciones encomendadas en la Constitución y la Ley a servidores públicos” en Colombia.

Parece que es cuestión de merecer

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Ya se cumplen dos meses de la muerte de Rosa Elvira Cely, una de tantas mujeres que han perdido la vida a causa de la violencia machista, y que conmocionó al país, logrando la atención de los medios masivos de comunicación. Podría pensarse que este seguimiento mediático apresuró la búsqueda del responsable y también la respuesta de las instituciones judiciales. Dejando en evidencia el pobre e ineficaz funcionamiento del Estado, cuando se trata de una víctima pobre y anónima como Rosa.

Quizá por hacer parte de algunas redes feministas, con frecuencia conozco las denuncias de casos aterradores de violaciones, amenazas y asesinatos de niñas, mujeres y ancianas en todo el país.

Justamente, la Mesa de Mujer y Conflicto presentó hace muy poco su XI informe, un documento que debiera “merecer” toda la atención por lo que significa; once años documentando los efectos de la guerra en la vida de las mujeres colombianas. Esta presentación estuvo acompañada por una de las víctimas directas de la guerra, quien cuestionaba por qué el caso de Rosa Elvira había tenido tanto reconocimiento, cuando en todo el territorio colombiano la sevicia con que se maltratan los cuerpos de las mujeres parece no tener límites. Concluía sin dudar, que fue un hecho que “merecía” la atención por haber ocurrido en Bogotá, la capital.

¿Cómo se decide que un caso merezca la pena ser divulgado? ¿Qué criterios son suficientes para llamar a la solidaridad y a  pronunciamientos que reclaman justicia? Tal vez más allá de sentir compasión por el infame dolor que imaginamos padeció Rosa Elvira durante tantas horas, otros asuntos se pusieron en juego. Se puso en tela de juicio el funcionamiento de las instituciones del gobierno de turno, el sistema de justicia, el sistema de salud, en fin se habló de eso que  “verdaderamente importa”: “las instituciones”.

Es tal vez por esto, que no nos debería sorprender que en un pueblo remoto de este mismo país, una mujer de 19 años haya sido asesinada por su exesposo y éste siga libre y tenga ahora la custodia su hijo. Esa no es noticia, es cotidianidad.

Me pregunto ¿qué nos movilizó el domingo 3 de junio? ¿Un repudio a este sistema social al que poco le importa la vida de las mujeres? ¿Una preocupación para que estos actos no vuelvan a suceder? ¿Una oportunidad efímera para algunos políticos de figuración pública? Sea lo que sea, valoro el hecho de que por lo menos durante un día, esta movilización fue masiva y esta vez no exclusivamente impulsada por grupos feministas. Exigimos al unísono vivir una vida sin miedo y libre de violencias contra las mujeres ¡Ni una más!

Burbuja